Zapateo cubano

Danza, Cuba

Zapateo cubano. Baile cubano de origen español.

Surgido en las zonas rurales, se cree que, ya desde 1550, los primeros colonizadores empezaron a desarrollar una afición por bailes que tenían como principal atractivo el arrastrado de los pies o zapateado, de posible procedencia andaluza, que se encuentra en algunas danzas de influencia celta en Europa. Otros historiadores e investigadores le atribuyen una raíz canaria.

En Iberoamérica, muchos otros bailes folklóricos presentan iguales influencias, tales son los casos del jarabe mexicano, el joropo venezolano y las cuecas chilenas.

Según Alejo Carpentier, en su libro La música en Cuba, los primeros indicios de la aparición del zapateo datan de principios del siglo XVIII, aunque no es hasta la segunda mitad del siglo XIX que alcanza su auge, para mantenerse vigente hasta las primeras dos décadas del siglo XX, cuando se convierte en un baile histórico del acervo cultural cubano, aunque aún se baila en regiones campesinas de Cuba.

El zapateo es un baile de pareja suelta, que se apoya en la música en compás de seis por ocho, el canto y el palmeo de los participantes. La mujer se mantiene erguida y sostiene su delantal o falda con ambas manos; el hombre se inclina ligeramente hacia delante con los brazos cruzados por detrás a la altura de las caderas, de modo que simula perseguir el cuerpo de la compañera con su cabeza, como hace el gallo con la gallina durante el cortejo nupcial. Ella lo provoca y él culmina el baile colocándole su sombrero en la cabeza o su pañuelo sobre los hombros.

La característica más notable del baile del zapateo es el juego de los pies, con la alternancia de la punta y el tacón para llevar el ritmo, paso básico que le da nombre al baile. El hombre gira alrededor de la mujer, quien trata de no darle las espaldas, por lo que ella va girando sobre su propio eje, acentuando el galanteo masculino y la coquetería femenina. Los dibujos coreográficos son libres y espontáneos, y se presentan otros pasos conocidos como escobillado y floreo, el último de los cuales puede realizarse, por igual, con rapidez o lentamente.

Según Caridad Santos Gracia y Nieves de Armas Rigal, aún se conservan tres modalidades regionales en la forma de interpretar este baile: la de Majagua, provincia de Ciego de Ávila; la de Najasa, provincia de Camagüey, y la de la Ciudad de Holguín, pero todas tienen similitudes en los pasos y las posiciones.

 

 

Bibliografía

Carpentier, Alejo: La música en Cuba. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1989.

Condesa de Merlín: Viaje a La Habana. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1974.

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