Tomás Gutiérrez Alea, Titón

Cine, Cuba

Tomás Gutiérrez Alea (Titón, 1928-1996). Cineasta cubano cuya obra, anclada en la realidad de su país natal, es considerada una de las más relevantes del cine cubano.

Nació en La Habana el 11 de diciembre. Desde temprano se interesó por el cine y sobre los veinte años participó en dos proyectos documentales (inconclusos), auspiciados por el Partido Socialista Popular. En el año 1950 filmó en 8 mm con actores profesionales un corto de ficción titulado Una confusión cotidiana, sobre la base del relato homónimo de Franz Kafka. Por este tiempo también colaboraba en la revista estudiantil Saeta y presidía el Comité por la Paz de la Escuela de Derecho. Al año siguiente se graduó de abogado por la Universidad de La Habana pero nunca ejerció esta profesión, pues su interés por el séptimo arte, a pesar de ser un campo azaroso en la Cuba de aquellos momentos, superaba las promesas de cualquier oficio generoso. Acabado de ganar el título universitario marchó a Roma para estudiar Dirección cinematográfica en el Centro Sperimentale di Cinematografía. Allí se puso en contacto con el neorrealismo italiano y conoció a cineastas latinoamericanos como Fernando Birri, con quien compartiría más adelante el nacimiento del llamado Nuevo Cine Latinoamericano.  

Regresó a Cuba en el año 1953 y poco tiempo después fue fundador de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, espacio para la promoción de las manifestaciones más progresistas de la cultura cubana. Con el afán de hacer cine en un país sin industria, se incorporó al proyecto Cine-Revista, un negocio de publicidad cinematográfica que aunaba pequeños documentales, reportajes, anuncios de publicidad y cortos humorísticos. Luego se reunió con Julio García Espinosa y otros miembros de Nuestro Tiempo para formar un equipo de filmación, con el cual realizó El Mégano, un mediometraje sobre la vida de los carboneros de la Ciénaga de Zapata que es secuestrado por los agentes represivos del gobierno de Fulgencio Batista.                                                                                       

Con la fundación del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) en 1959, comenzaba Alea la realización de largometrajes. Fue conocido internacionalmente por su primera película, Historias de la Revolución, estrenada en 1960, donde recrea a través de tres historias el ambiente dramático de la Revolución Cubana. Le siguió el filme Las doce sillas, inspirada en la novela de los escritores rusos Ilya Ilf  y Eugene Petrov, con el que Alea demostraba un manejo admirable del humor satírico y su interés por la comprensión de la realidad cambiante en la Cuba revolucionaria, expresada en otros momentos a lo largo de su creación. Los protagonistas son un pícaro y un burgués desposeído que persiguen una valiosa colección de brillantes escondida en el forro de una silla inglesa. Sus avatares permiten reconocer los nuevos emplazamientos revolucionarios, la legitimación de las clases populares,  frente a los viejos emplazamientos burgueses. Cumbite, realizada a partir de la novela Gobernadores del Rocío de Jacques Roumain, con guión de Onelio Jorge Cardoso y asesoría del poeta haitiano René Depestre, fue estrenada dos años después.

En el año 1966 Alea retomaba la sátira con la película La muerte de un burócrata, donde son incluidos homenajes al cine silente, Charles Chaplin, Laurel y Hardy, que combinados con humor negro, mordacidad y elementos del absurdo darán cuenta de las torpezas cotidianas en un país abocado a superar la burocratización en las estructuras del sistema estatal.

Su próxima película será Memorias del subdesarrollo, con ella alcanza una decena de distinciones internacionales. El filme es una especie de collage donde se mezcla la ficción con fragmentos documentales, fotografías fijas y materiales de archivo. Toma como base la novela homónima de Edmundo Desnoes, ilustra las memorias y las reflexiones de un intelectual burgués al triunfo de la Revolución.  La distancia crítica del protagonista sobre la situación de cambio social, la clase desplazada que termina por emigrar a Estados Unidos, el subdesarrollo y la cubanidad, hacen de la película una especie de tratado sobre la identidad de la isla, de sus moradores y de su punto de giro político y social: la revolución socialista de 1959 liderada por Fidel Castro. Con este filme se propuso  iluminar algunas contradicciones de la sociedad cubana del momento y, a la vez, verificar la coyuntura histórica, así como experimentar con el lenguaje fílmico mediante la inclusión de diversos estilos heredados de la Vanguardia, el neorrealismo italiano, el Free Cinema y la nouvelle vague.

En la década del setenta la madurez de Alea como cineasta se hizo patente en las películas que vieron la luz bajo su dirección. Una pelea cubana contra los demonios, inspirada en el libro homónimo de Fernando Ortiz, es una película histórica que remite al siglo XVII. En el filme se hurga en la memoria ideológica de los cubanos, donde superstición, demonología, ataques piratas e insipiente conciencia criolla se entraman vigorosamente. A esta le sigue otra película histórica, La última cena, donde toma como tema un suceso al que hace referencia Manuel Moreno Fraginals en su libro El Ingenio. El Conde de Casa Bayona invita a varios esclavos a su mesa para reeditar el pasaje bíblico y, a la mañana siguiente, ante una tentativa de rebelión, los manda a decapitar como escarmiento. El filme ofrece una reflexión sobre la esclavitud y las relaciones de poder, donde se imbrican de manera polifónica las voces de los personajes. Acentúa particularmente la ironía producida entre la simulación de una práctica cristiana y humilde de la esclavitud y los intereses mercantiles sustentados en el mismo ejercicio de dominación. Su fotografía e iluminación barroca destacan como elementos compositivos de un alto grado de refinamiento estético.

Con la película Los sobrevivientes, creada a partir del cuento Estatuas sepultadas de Antonio Benítez Rojo, Alea retomó los primeros años de la Revolución. Una sátira corrosiva sobre la alta burguesía cubana de finales de los cincuenta, a través de una familia que decide enclaustrarse en su mansión mientras afuera se suceden vertiginosamente los cambios sociopolíticos. El filme resulta una tragicomedia que trata la destitución de la clase burguesa en el poder y el drama de su disolución, a la vez que ridiculiza sus aspectos ceremoniales característicos. 

Alea abre la década del ochenta con Hasta cierto punto (1983), una película sobre el machismo y los prejuicios frente a la independencia de la mujer. Le sigue Cartas del parque (1988), una historia de amor juvenil con acentos folletinescos, motivada en un fragmento de la novela El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez.

Con el director Juan Carlos Tabío realizó sus dos últimas películas: Fresa y chocolate (1994) y Guantanamera (1995), con la que cierra el ciclo satírico iniciado con La muerte de un burócrata. Fresa y chocolate saca a la luz la homofobia de ciertos sectores de la sociedad cubana de los años setenta, a través de la amistad de un joven militante comunista que aspira a ser escritor y un intelectual homosexual, cuyo conocimiento de la cultura cubana le permite apadrinar al primero en el camino de su aprendizaje. Con este filme, inspirado en el cuento "El lobo, el bosque y el hombre nuevo" de Senel Paz, Alea se proyectó en el mercado europeo. La película fue nominada a los premios Oscar y ganadora del Goya a la Mejor Película Extranjera de habla hispana

"Titón", como también es conocido este cineasta excepcional, supo combinar el compromiso militante con el ejercicio crítico sobre la realidad social y política de su tiempo. La búsqueda estética, la hondura ideológica y la participación activa en los debates intelectuales dentro y fuera de Cuba, operaron como líneas directrices en su vida y su creación.

Falleció en La Habana el 16 de abril de 1996.

 

Filmografía

El Mégano (1955). Película documental

Muerte al invasor (1961). Película documental codirigida con Santiago Álvarez

Las doce sillas (1962). Largometraje de Ficción

Muerte de un burócrata (1966). Largometraje de Ficción

Memorias del Subdesarrollo (1968). Largometraje de Ficción

Una pelea cubana contra los demonios (1971). Largometraje de Ficción

La última cena (1976). Largometraje de Ficción

Los sobrevivientes (1979). Largometraje de Ficción

Fresa y Chocolate (1993). Largometraje de Ficción codirigida con Juan Carlos Tabío.

 

Bibliografía 

Fornet, Ambrosio (selección, prólogo y notas): Tomás Gutiérrez Alea: una retrospectiva crítica. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998.

García Borrero, Juan Antonio: «Guía crítica del cine cubano de ficción». Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2001.

Oroz, Silvia: Tomás Gutiérrez Alea: los filmes que no filmé. Ediciones Unión,  La Habana, 1989.

Tomás Gutiérrez alea: Volver sobre mis pasos Selección epistolar de Mirtha Ibarra. Ediciones autor, Madrid, 2007