Teatro Estudio

Teatro, Cuba

Teatro Estudio. Emblemático grupo de teatro cubano que realizó su primera función el 10 de octubre de 1958. Es considerado la experiencia teatral más fecunda del siglo XX.  

En la década de los cincuenta, el desarrollo profesional alcanzado por los teatristas -artistas y técnicos- y la existencia de un círculo de espectadores con preparación para comprender el arte teatral, permitían establecer un régimen regular de actividad por la vía de funciones diarias, único modo de garantizar el continuo perfeccionamiento de los creadores. Se abrió una etapa de pequeñas empresas que intentaban combinar los intereses estéticos con los del mercado en  pequeñas salas teatrales. En octubre de 1957 Vicente Revuelta inició con algunos actores -entre ellos su hermana Raquel y Sergio Corrieri- un seminario teórico-práctico sobre el sistema de Stanislavsky, donde también se analizaban textos de índole política. El joven director optó por llevar a cabo un montaje con ese mismo equipo, para continuar la pesquisa artística en que se hallaban inmersos; así se fue conformando la idea de fundar un grupo. Proliferaban  entonces las agrupaciones identificadas con la denominación de Teatro Estudio, mediante la cual se explicitaba la vocación de investigación y búsqueda, y este fue el nombre adoptado por el proyecto. El colectivo recién constituido dio a conocer sus propósitos en un manifiesto, cuyas líneas resultan elocuentes.

Teatro Estudio fue un centro formador de directores, actores y dramaturgos, no solo por la actividad docente institucionalizada en su primera etapa -con una academia anexa y la implementación de cursos y laboratorios-, sino por la práctica escénica cotidiana, la labor compartida y el intercambio de saberes entre los integrantes. Fue también escuela donde se formaron y entrenaron diseñadores escénicos y sucesivas hornadas de técnicos.

Su trayectoria lo muestra como el espacio nacional donde se realizaron las experiencias más trascendentes dentro de los sistemas, tendencias y concepciones que iluminaron las tablas del siglo xx: Stanislavsky, Meyerhold, Brecht, Artaud, Grotowsky.

Desde su escenario varias generaciones de espectadores disfrutaron de la producción dramática de Brecht y Lorca, autores de frecuente presencia; de  clásicos españoles del Siglo de Oro, clásicos contemporáneos estadounidenses, austríacos, ingleses, irlandeses, latinoamericanos, a los que se añadieron los rusos Chejov, Gorki y Gogol, los clásicos cubanos del siglo xix y algunos de los principales escritores teatrales del país en el XX.

Salvo en los casos de dramaturgos integrados a su nómina como directores escénicos, la dramaturgia de sus puestas en escena, procedente de variados espacios geográficos y culturales, no se caracterizó precisamente por ser de  reciente gestación, ni mostró por igual valores artísticos destacados o relación particular con su contexto. En la selección de su repertorio es difícil hallar total coherencia, y su valor fundamental se reveló, más que en la presentación de valiosos productos escriturales –que no faltaron-, en la elaboración espectacular, marcada por el talento y el oficio de directores, actores, diseñadores, músicos y técnicos.

Su historia atesora momentos memorables de la escena cubana. Entre ellos, la primera experiencia de teatro brechtiano en Cuba, con el estreno de El alma buena de Se Chuan en 1959, continuada años después con Madre Coraje y sus hijos y Galileo Galilei; la espléndida interpretación del repertorio  dramático de Federico García Lorca: Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba; otras inolvidables puestas en escena como Fuenteovejuna, El perro del hortelano y Don Gil de las calzas verdes, y el acontecimiento singular que significó en la Isla y en los escenarios internacionales la puesta de La noche de los asesinos, del cubano José Triana, dirigida por Vicente Revuelta.

En 1968 se produjo en Teatro Estudio un cisma de profundas resonancias. Varios de sus integrantes decidieron probar nuevos caminos. Ante el significativo éxodo, nuevos actores se incorporaron a la institución, la cual recibió, sin discriminación, a todos los artistas llegados a sus puertas. Entre 1968 y 1975, período en que la esfera artística estuvo a merced de diversos constructos de la ideología política, Teatro Estudio colocó, por encima de sus propias miras estéticas, la supervivencia misma del arte teatral, la defensa de los principios más legítimos de la creación artística y de la dignidad de sus artífices.

Decenas de artistas e intelectuales hallaron allí lugar para mantener relación con el público mediante conciertos y recitales de música y poesía, conferencias y  exposiciones. La entidad desarrolló también una gestión amplia e intensa en talleres de formación de talento infantil en varias especialidades, que incidieron en la aparición posterior de una programación dedicada a los niños.

La edad de oro de Teatro Estudio culminaba entonces. Se abrió una nueva etapa, caracterizada por mayor amplitud en el espectro de su repertorio y coexistencia de disímiles estilos. En su organización y modo de producción, la institución se encaminó como compañía de representación, compuesta por actores capacitados para satisfacer los requerimientos de obras diversas en las diferentes claves propuestas por sus variados directores; una brillante compañía de repertorio donde aún el rigor y la disciplina logradas desde su creación y la profesionalidad de los actores y técnicos en ellas formados marcaban la pauta.

En 1991 se produjo otro cisma, ahora definitivo, ante el modelo organizativo que comenzó a regir las artes escénicas, propicio a la aparición de nuevas agrupaciones. En 2005, con el deceso de Raquel Revuelta, su directora general por casi cuarenta años, la institución culminó una trayectoria que la muestra como el crisol de la más avanzada práctica teatral republicana. En su etapa más legítima, cuando funcionaba como espacio de entrenamiento, desarrollo e investigación, y aun durante los años posteriores, en los que el prestigio ganado sirvió para atraer a ella a gran parte de los nombres más valiosos de la escena cubana, realizó una actividad múltiple e intensa que ninguna otra agrupación ha podido emular; entretanto, era referencia para creadores, estudiantes de la especialidad y público.

Lo más genuino de su quehacer continúa presente en varias de las agrupaciones de la geografía teatral cubana y su impronta se descubre en multiplicidad de intérpretes, directores, dramaturgos, diseñadores, técnicos, críticos y espectadores. 

 

Bibliografía

Suárez Durán, Esther: El juego de mi vida. Vicente Revuelta en escena. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2001.

________________. "Otro largo viaje hacia la noche". Boletín Indagación 6, Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas, La Habana, 2002.

Varios: Teatro Estudio 45 años Colección monográfica, Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas, Ciudad de La Habana, 2003.