Soledad Fernández Cruz

Educación, Literatura, Honduras

Soledad Fernández Cruz  (1898-1952). Educadora, escritora y promotora cultural hondureña.

Soledad Fernández Cruz  nació el 9 de marzo de 1898 en la ciudad de San Pedro Sula (Departamento de Cortes), la cual, aunque fundada en 1536, era aún entonces un pobre villorrio en el Valle de Sula, a sesenta kilómetros del litoral. En 1850 la ciudad contaba aproximadamente con seiscientos habitantes, pero hacia 1900 las migraciones del interior del país, incentivadas por el auge de la economía bananera, incrementaron su población hasta la cifra de siete mil. A pesar de este desarrollo, se continuaba viviendo al estilo rural. Solo en la segunda década del siglo XX San Pedro Sula tuvo una escuela pública.

Soledad Fernández Cruz fue hija de José de Jesús Fernández y Juliana Cruz. Desde la infancia mostró habilidades para las letras y la música, que cultivaría a lo largo de su vida en armonía con el magisterio. Enviada por sus padres a Tegucigalpa, realizó estudios en la Escuela Normal de Señoritas, hasta que obtuvo el título de maestra de educación primaria.

Una vez graduada regresó a su ciudad natal y fundó, en 1914, una escuela elemental en la que demostró su capacidad y talento. En 1915 asumió el cargo de subdirectora de la primera escuela de educación pública de la ciudad de San Pedro Sula, de la cual llegaría a ser directora. Pionera en la aplicación de las más innovadoras teorías y prácticas educativas en la región del Caribe hondureño, sus preceptos pedagógicos anticiparon enfoques contemporáneos, particularmente en lo relativo a la formación integral de los estudiantes mediante el método de la escuela activa y la creación de textos en que desarrolló el método de enseñanza de la lengua llamado “onomatopéyico”. El reto que asumió para romper las estructuras educativas tradicionales imperantes fue gigantesco, si se toma en cuenta que diseñó sus innovaciones entre 1933 y 1949, mientras Honduras sufría la dictadura del general Tiburcio Carias Andino.

En 1924 viajó a Estados Unidos, donde se desempeñó como profesora de Whitworth College del Estado de Mississippi. Allí estableció los primeros nexos con intelectuales norteamericanas y sudamericanas de vanguardia en cuanto a ideas pedagógicas y políticas, y a  los derechos de la mujer, sobre todo en lo concerniente al sufragio.

Su desempeño profesional le propició conocer de cerca el pensamiento de relevantes intelectuales latinoamericanos como José Vasconcelos -con quien trabó relación en New York- y de grandes pedagogos como Gabriela Mistral, también poeta, muy influentes en su formación humanista.

Soledad Cruz promovió y desarrolló organizaciones sociales como la Asociación de Padres de Familia, la Sociedad Activa, la Sociedad Lírico-literaria, el Club de Agricultura, el Club de Jardinería y el Club de Arte Culinario. En 1929 fundó en San Pedro Sula una biblioteca popular feminista, que fue punto de encuentro para poetas, dramaturgos y líderes políticos como Arturo Martínez Galindo, Froylan Turcios y otros que hicieron de ella un espacio de patriotismo, defensa de la soberanía y participación popular, no sólo en Honduras, sino en Centroamérica.

El movimiento feminista hondureño tuvo en Soledad Fernández Cruz una forjadora del espíritu combativo femenino que tomó forma en movimientos reivindicativos en San Pedro Sula y en toda la costa norte hondureña durante la década de 1940. De hecho, desde la década anterior fue identificada por la Comisión Interamericana de Mujeres de la Conferencia Internacional Americana como una de las destacadas féminas que impulsarían los ideales de esa organización, ello previo a su fundación como parte de la Organización de Estados Americanos, establecida en 1948. Su cuento El País Encantado, donde impera el feminismo (1934) relata, a manera de fábula, un país donde las mujeres detentan el poder.

Soledad Cruz fue autora del primer texto de lectura escrito por una maestra hondureña: El Lector Nacional, publicado en Nueva York en 1926. Su amplio conocimiento de la ciencia de la educación en el ámbito del desarrollo curricular le inspiró, en ese mismo año, una Guía Metodológica para el uso de El Lector Nacional, que permitió a los maestros hondureños adquirir las competencias necesarias para cumplir su función. Estas obras significaban una renovación en la práctica didáctica, y tuvieron tan buena acogida entre los docentes de la región que se reeditaron al siguiente año.

Escribió además una Defensa de mi método y varias otras obras que no fueron publicadas: Mi escuela ideal, Cuentos de mi granja, Manual agrícola industrial, Urbanización por medio de las colonias, Colonias de vacaciones y Mis filosóficos, que quedó inconclusa.

La labor docente de Soledad Fernández se enmarca en la aplicación del enfoque de la Escuela Activa, surgido a finales del siglo XIX y muy reconocido en el XX, el cual exigía del profesor una nueva actitud respecto a los saberes previos del estudiante y a su capacidad intrínseca para crear su propio conocimiento. El enfoque activo superaba los métodos de enseñanza memorísticos, que impedían la interactividad.

Para desarrollar competencias desde una postura pedagógica novedosa, Soledad Fernández estableció una Finca-Escuela, donde se combinaban las lecciones teóricas con prácticas de campo en las cuales los estudiantes podían desarrollar habilidades adicionales. Solita Fernández enseñaba botánica, jardinería, tropicalización de plantas, manejo de apiarios y otras actividades.  Para el año 1936 ya se desempeñaba como directora  de la Escuela Ideal “Activa Vocacional”, centro que más tarde se convertiría en una finca escuela de notable incidencia en la actividad educativa de la región.

En ella aplicó las experiencias de grandes maestros hondureños como Luis Landa y  Pompilio Ortega, discípulo de aquel, quien había fundado una finca escuela en la comunidad de Coyocutena La libertad Comayagua, inspirada en los principios pedagógicos que había puesto en práctica el ruso León Tolstoi en su Iásnaia Poliana. Esta estructura ofrecía al maestro la oportunidad para dedicarse completamente al ejercicio de la docencia, en todos los aspectos de la vida de los jóvenes, pues la escuela activa pone al profesor al nivel de sus estudiantes en calidad de coordinador, estimulador y facilitador en la búsqueda de saberes y el desarrollo de habilidades. Por ello, Solita Fernández procuraba ensanchar en dicha escuela el número de posibilidades de aprendizaje, convocando a los estudiantes a aprender pintura, música, poesía, y una diversidad de conocimientos prácticos que daban a la educación un carácter integral.

Su brillante labor como profesora y escritora le valieron para obtener una beca para recibir un curso sobre educación de adultos en la República de Argentina, invitada por el gobierno del presidente Juan Domingo Perón. Durante su estancia en Argentina sufrió una gravísima enfermedad que la hizo perder la razón. Fue hospitalizada por varias semanas, hasta que fue trasladada a San Pedro Sula cuando hubo recuperado en parte el juicio. La enfermedad le ocasionó graves preocupaciones, pues tenía el antecedente de dos hermanos suyos que guardaban reclusión por padecer de  enfermedades mentales.

En noviembre de 1952 Fernández Cruz fue asesinada por uno de sus hermanos. Así perdió Honduras a una de sus más destacadas mujeres, a quien no se otorgó, sin embargo, más que un par de diplomas y la designación de una Escuela urbana con su nombre. Su muerte nunca fue investigada, a pesar de denuncias hechas por Armando Mendez Fuentes en varios periódicos del país.

 

Bibliografía activa  

“El País Encantado (Donde Impera el Feminismo)”, Revista Siglo XX, San Pedro Sula, 1934.  

Morazanide, Espíritu de América, Editorial “La Independencia”, San Pedro Sula, 1942.  

El lector nacional, método rápido para la enseñanza de la lectura y escritura simultáneas, Talleres tipo- litográficos Aristón, Tegucigalpa, 1927.  

Guía Metodológica para el uso del Lector Nacional, Tipografía “Perez Estrada”,  San Pedro Sula, 1926.   

Bibliografía pasiva  

González, J.: Visitación Padilla: Escritos, La Musa de Molina Editores, Tegucigalpa, 2008.  

Mendez Fuentes, A.: “Ha Muerto Soledad Fernandez Cruz”, El Crisol, Tela, 8 de noviembre de 1952.  

Milla, K.: “Movimiento de Mujeres en Honduras en las Décadas de 1950 y 1960: Cambios Jurídicos y Tradiciones Culturales”, Mesoamérica, Año 22, (42): 223-254, Plumsock Mesoamerican Studies, South Woodstock, Vermont, EE.UU. diciembre de 2001.  

Oyuela, L.:   Mujer, Familia y Sociedad: Una Aproximación Histórica, Editorial Guaymuras, Tegucigalpa, 1993.  

Villars,  R.: Para la Casa más que para el Mundo: Sufragismo y Feminismo en la Historia de Honduras. Editorial Guaymuras,  Tegucigalpa, 2001.  

Zelaya Garay, O.: La educación para la libertad y la democracia: moral, civismo y urbanidad en el régimen dictatorial (1933-1949). Instituto Hondureño de Antropología e Historia, Tegucigalpa, 2008.