Seminario de San Basilio el Magno

Educación, Cuba

Seminario de San Basilio el Magno.  Fundado en 1722 por el obispo Jerónimo Valdés, en Santiago de Cuba, con el objetivo de educar y servir dignamente en los empleos eclesiásticos. Se reconoce que, en realidad, esta Institución fue iniciativa del obispo Juan de las Cabezas Altamirano, en 1605. El obispo Valdés se caracterizó por darle un fuerte impulso a la creación de instituciones educacionales y benéficas e intervino en el proceso de fundación de la Universidad de La Habana.

Los estudiantes del Seminario eran de dos clases: los que disfrutaban de “becas de gracia”, que eran doce, y los que pagaban sus estudios o “pensionistas”, todos los cuales vestían hábitos de color violeta. En este centro, como en los que controlaban órdenes religiosas en sus conventos, no podían estudiar negros, mulatos, hijos ilegítimos, descendientes de judíos o moros, recién convertidos al catolicismo o penitenciados, es decir, castigados por la Inquisición.

En el Seminario había una disciplina rígida y excesivamente formal. Se prohibía el “tuteo” y la extrema familiaridad en el trato. Las autoridades investigaban el origen y conducta de cada aspirante para determinar su religiosidad y el cumplimiento de los principios de la moral cristiana: se rechazaba a los que practicaban el juego prohibido y la vida desenfrenada, contraria al pudor.

Hacia 1739, los estudios comprendían Latín y Canto llano; pero, en la segunda mitad del siglo XVIII, incluían Gramática, Teología eclesiástica, Canto llano (música), Cánones y Latinidad. Más adelante, se establecieron tres cursos de Filosofía. Los métodos de enseñanza eran los propios de la escolástica: principio de la autoridad absoluta del maestro (magister dixit: el maestro lo ha dicho), abuso del razonamiento deductivo y la memorización, exposición en latín y la interpretación que Santo Tomás de Aquino ofrecía de los textos aristotélicos.

Cuando el obispo Santiago José de Hechavarría, nacido en Santiago de Cuba y ex alumno de San Basilio, visitó el Seminario hacia la década del 70, lo halló en muy malas condiciones, debido a la escasez de profesores, la pobreza de la enseñanza y la mala disciplina en general; una casa tan desmantelada que no podría habitarla un padre de familia: los aposentos de los jóvenes parecían calabozos, faltos de muebles y poca higiene. Como resultado de la inspección, el diocesano cubano  mandó a construir la capilla que se había propuesto edificar Valdés; redactó los Estatutos, en 1774, en los que reorganizó y regularizó las cátedras, y dispuso que fueran 18 becas de dotación.

A pesar de los esfuerzos, tanto de Valdés como de Morell de Santa Cruz y Hechavarría, por sistematizar la enseñanza y lograr su funcionamiento estable, el Seminario continuó padeciendo períodos de crisis. Tuvo que cerrar sus puertas de de 1789 a 1791 y, de nuevo, en 1795, “por falta de fondos” para su sostenimiento.

En cuanto a asignaturas, el Seminario santiaguero fue prácticamente una copia del Seminario de San Carlos de La Habana; pero, en cuanto a calidad de la enseñanza, con el tiempo, las diferencias se fueron acentuando: mientras San Carlos fue pasando a más radicales posiciones antiescolásticas, desde fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, con la aplicación de más modernos métodos de estudio, San Basilio permaneció, largo tiempo, adscrito a las viejas fórmulas de la escolástica, razón por la cual muchos padres optaban por enviar a sus hijos a estudiar en el Seminario de La Habana.

Pero, a pesar de sus deficiencias, en las aulas de San Basilio se formaron, a partir del siglo XVIII, aunque fuera sólo parcial o inicialmente, prominentes cubanos, los que, por lo general, continuaron después sus estudios en La Habana. Entre los que profesaron como sacerdotes se hallan el obispo Hechavarría y Juan Bernardo O’Gabán (1732-1838) y, entre los egresados seglares, se puede citar a José Antonio Saco (1797-1879), Juan Bautista Sagarra (1806-1871) y José Fornaris (1827-1890).

Entre 1789 y 1791, como consecuencia de la división de la Diócesis de Cuba en dos obispados, el de Santiago de Cuba  y el de La Habana, disminuyeron los ingresos del Seminario y fue cerrado por falta de fondos, aunque, posteriormente, funcionó con algunas innovaciones introducidas en su enseñanza.

 

Bibliografía

Sosa Rodríguez, Enrique y Alejandrina Penabad Félix: Historia de la Educación en Cuba, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2001, t. 2.

Buenavilla Recio, Rolando et al: Historia de la Pedagogía en Cuba, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1995.