Raúl Corrales

Artes Visuales, Cuba

Raúl Corrales Fornos (Raúl Corral Varela, 1925-2006). Fotógrafo cubano considerado uno de los grandes fotorreporteros latinoamericanos contemporáneos. Premio Nacional de Artes Plásticas.

Nació en el seno de una familia obrera rural en la actual provincia de Ciego de Ávila el 29 de enero de 1925. Su padre era de origen español y un vehemente republicano. Siendo Corrales muy pequeño, su familia se trasladó para la ciudad cabecera de la región y, finalmente, cuando él tenía aproximadamente ocho años, decidieron instalarse en La Habana.

Desde niño asumió diversas ocupaciones para ganarse la vida, como la de vendedor de periódicos y limpiabotas. En 1936 consiguió un puesto fijo como botones del restaurante El Carmelo, en El Vedado capitalino. Cada vez que podía, hojeaba las publicaciones extranjeras que allí circulaban, cuyas imágenes le atraían. En un número de la revista Life se maravilló con las fotos de un reportaje sobre el crac de 1929 en Estados Unidos: fue cuando descubrió su vocación y decidió hacerse fotógrafo. Con el ahorro de sus propinas, pudo comprarse una cámara Kodak Baby Brownie y varios rollos, aunque el dinero solo fue suficiente para revelar los rollos; por lo que al principio tuvo que conformarse con mirar con una lupa en los negativos las vistas tomadas de la ciudad.

Siempre vivió en un ambiente muy politizado: en 1938 su hermano mayor se encontraba en España combatiendo a favor de la República y su hermano Bautista era militante de la Liga Juvenil Comunista, la entonces organización de masas de la juventud. Por lo tanto, desde muy temprano su cosmovisión estuvo determinada por un profundo sentido ideológico. Hacia 1942 destinaba parte del día a la labor política, mientras por la noche estudiaba en la escuela Concepción Arenal, sufragada por el Centro Gallego de La Habana. Durante varias horas de la madrugada vendía frutas en un puesto permanente.

En 1944 ocupó una plaza de mozo de limpieza en la Cuba Sono Film, agencia de servicios de propaganda del Partido Socialista Popular (PSP), que empleaba la fotografía y el cine como instrumentos de denuncia social e instrucción ideopolítica de las masas. Su inclinación por la fotografía le abrió las puertas para empezar a trabajar allí de fotógrafo. A partir de 1946 se desempeñó como reportero gráfico del periódico Hoy, donde permaneció hasta su clausura en 1953. Entre 1948 y 1950 cubrió los actos sindicales para La Prensa Obrera de Cuba. Colaboró con otras publicaciones como América Deportiva, Vanidades y Última Hora. Luego trabajó free lance llevando a cabo diversos fotorreportajes para Bohemia –de los cuales era redactor Oscar Pino Santos– y desde 1954 hasta 1959 colaboró con la revista Carteles. En 1957 firmó un contrato con la empresa publicitaria Siboney como director de fotografía.

La inmensa mayoría de los trabajos que Corrales realizó durante los años 40 y 50 fueron denuncias de las condiciones de vida de los trabajadores, los campesinos, la situación de los bateyes en los ingenios, los carboneros en los pantanos, etc. Fue el fotógrafo de numerosos hechos dramáticos y significativos de la Historia cubana: los asaltos de la policía a los sindicatos y el entierro del líder obrero Jesús Menéndez, entre otros sucesos. Denunció la ilegal explotación maderera de la zona oriental del país, lo que muchas veces constituyó un riesgo contra su vida.

De esta época son destacables también sus imágenes del mar y de numerosos pescadores de Cojímar, poblado al este de la capital donde se afincó desde 1953, cautivado por el poderoso color azul e identificado con la vida de aquellos pobladores. Su experiencia en el lugar lo acercó también al escritor Ernest Hemingway, cuya estancia en Cuba testimonió en unas 12 vistas.

Realizó estudios inconclusos en la especialidad de técnico gráfico en la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling (1957-1959). A partir del triunfo revolucionario, y hasta 1961, acompañó a Fidel Castro en diferentes actos oficiales. En este mismo año fue uno de los miembros fundadores de la Sección de Fotografía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Prestó servicios en otras publicaciones como el periódico Revolución, las revistas Cuba e INRA –más tarde Cuba Internacional– órgano del Instituto Nacional de Reforma Agraria, cuya División Fotográfica dirigió. Al año siguiente abandonó el vínculo con la prensa al ser nombrado Jefe de Departamento de Fotografía de la Academia de Ciencias de Cuba, labor que ejecutó hasta 1973. Desde 1964 y hasta su jubilación en 1991 tuvo a su cargo la Sección de Microfilmación y Fotografía de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado; específicamente se ocupó de los documentos de la guerra, labor encomendada por Celia Sánchez. En 1994 retomó el ejercicio periodístico, prueba de su consagración a los medios comunicativos.

Recorrió algunos de los sitios más intrincados de la geografía de Cuba y plasmó la penosa situación de los mismos en la serie Lo que encontró la Revolución. El poder transformador del nuevo proceso histórico fue fijado en el celuloide de Corrales a través de un cúmulo de fotografías que referenciaban, por un lado, el extraordinario empuje de los máximos dirigentes y sus proclamaciones y denuncias en históricos actos; y por otro, la atmósfera de lucha, la gesta cotidiana, el entusiasmo y la entrega de obreros, milicianos, campesinos y pueblo en general a la causa revolucionaria.

Ejemplos emblemáticos de este quehacer son las respectivas fotos de la Primera Declaración de La Habana el 2 de septiembre de 1960 y Caballería, de ese mismo año. La primera de ellas muestra la contundente intervención de Fidel Castro cuando reafirmaba la soberanía cubana frente a Estados Unidos. Esta imagen fue grabada para ilustrar durante varios años el billete de diez pesos cubanos, con la consiguiente simbolización de la defensa de unos de los principios torales de la Revolución. La segunda fotografía presenta a un agolpado conjunto de jinetes, que empuñan la bandera nacional en un primer plano favorecido por la sombra que contrasta con el efecto blanqueador de una luz nubosa en el fondo. El carácter épico de la escena, proyectado poéticamente gracias al sui generis claroscuro, encarna el espíritu de combate, de lucha, de los más humildes por sus derechos.

Una de las imágenes más recordadas de Corrales es la tomada el 16 de abril de 1961, cuando se proclamó el carácter socialista de la Revolución durante las exequias de las víctimas del bombardeo ejecutado por aviones estadounidenses. Se observa al pueblo portando los fusiles en actitud de apoyo a las declaraciones del entonces Primer Ministro. El inminente ataque por Playa Girón produciría otra de sus fotos clásicas: Fidel Castro sobre un tanque de guerra dirigiendo una de las operaciones militares. Otras fotos más salieron de la llamada victoria de Playa Girón, todas dan cuenta de la primera derrota del imperialismo norteamericano en el hemisferio occidental (Serie Girón: 12 en total, plata/gelatina, 30 x 40 cm).

Pese a que reflejó el drama de su pueblo, su obra no brinda una visión trágica sino más bien esperanzadora de la realidad. La figura humana es realzada con sencillez y moderación, de tal modo que adquiere visos clásicos. Los personajes traslucen una hidalguía que los hace hermosos por encima de la miseria en que se hallan sumidos, pues predomina en ellos una fuerza subyacente, un anhelo profundo de transformar sus circunstancias vitales. De ahí que sus fotografías superan la simple ilustración informativa al repercutir más allá de lo efímero e inmediato. El artista echaba mano a todo tipo de contrastes y de metáforas visuales para aprehender los aspectos más reveladores del entorno, con armonía, sobriedad y a veces con humor e ironía. Puede afirmarse que Corrales fue un experto en el manejo de los ángulos y los encuadres semánticamente cargados. Prefería utilizar la luz con un sentido volumétrico, lo cual ha llevado a la crítica a asegurar que sus fotos poseen un claro acento escultórico en su composición.

La obra de Corrales ha devenido una auténtica alegoría, un epítome visual del subdesarrollo de los pueblos latinoamericanos en particular y del Tercer Mundo en general. El espíritu de toda una época se asienta en la plasticidad que supo darle a todo cuanto captaba con el lente, con una intuición artística extraordinaria. Sus imágenes son ineludibles para comprender la cultura visual cubana de las últimas décadas, puesto que logró otorgar a sus personajes y ambientes un carácter supraindividual acorde con la magnitud histórica de la Revolución. Todas sus creaciones participan activamente del modelo indentitario de su pueblo e inducen a reflexionar continuamente en torno al devenir del ontos nacional cubano.

Tomó parte en numerosas exposiciones y ha sido antologado ampliamente en publicaciones de Cuba y el mundo. Su foto El sueño está catalogada como una de las cien mejores imágenes de la historia de la fotografía. En 1996 le fue concedido el Premio Nacional de Artes Plásticas y en 2005 el título de Doctor Honoris Causa del Instituto Superior de Arte, ambos de su país.

Falleció en La Habana el 15 de abril de 2006.

 

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