Osneldo García

Artes Visuales, Cuba

Osneldo García Díaz (1931). Importante escultor cubano. Premio Nacional de Artes Plásticas.

Nació el 7 de noviembre de 1931 en las lomas de Puerto Escondido, Mayajigüa, provincia de Sancti Spíritus. Con el asesoramiento de su padre en cuanto al uso del hacha y la azuela, junto a los conocimientos suministrados por magníficos carpinteros ebanistas de la zona, se desbordó desde la niñez su pasión por el arte tridimensional. A los dieciséis años viaja a la capital con expectativas económicas y un firme propósito: matricular en la Academia San Alejandro (1949) y aprender con el profesor Juan José Sicre, quien afianzó aún más su pasión por la escultura. Se graduó en la prestigiosa institución en 1955.

Se alejó por unos años del arte por su vinculación con el Movimiento 26 de Julio como dirigente clandestino y combatiente. Pero en 1959 labró en madera un conjunto de bustos de héroes revolucionarios que formaron parte de su primera exposición personal ese mismo año en el Museo Nacional de Bellas Artes.

En 1960 viajó a Estados Unidos y visitó el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Guggenheim, en los que se enfrentó a Picasso y a la colección de bronces de Henri Matisse. Al año siguiente, desde Cuba, participó en la Bienal de São Paulo, Brasil, con una obra erótica de corte abstracto realizada en mármol. Seguiría trabajando en dicho estilo durante su posterior estancia en Europa por más de cuatro años en el primer lustro de la década del 60.

En 1962 recibió una beca del Consejo Nacional de Cultura, para estudiar por dos años la forja de metales en el Instituto Superior de Arte en Halle (heredero de la Bauhaus), en la antigua República Democrática Alemana. Este aprendizaje, sumado a la práctica de motociclismo y mecánica, y a la curiosidad que despertaron en él los trucos de los cirqueros en su pueblo natal, hizo surgir la primera incursión seria en el arte cinético, ayudó a generar en él un nuevo concepto escultórico, y a elevar a la categoría de arte objetos banales y extrartísticos, en perfecta consonancia con sus coterráneos Antonia Eiriz, Orfilio Urquiola y Chago Armada. Fue allí en la RDA, y posteriormente en Francia, donde cuajó dicha proyección al aprovechar los nuevos conocimientos adquiridos en función de la obsesión de siempre: integrar lo orgánico a lo mecánico, humanizar la escultura.

En 1964 viajó a París, donde desde 1960 el Groupe de Recherche Visuel (GRAV) incursionaba en el cinetismo a través de experiencias públicas y colectivas. Entonces, aún se mantenía la atmósfera del nuevo realismo que proclamaba la estética del reciclaje de objetos a partir de los despojos del consumo y potenciaba el desecho urbano como nuevo material del arte. Esto lo llevó a la construcción de ensamblajes como apropiación inmediata y corpórea de la realidad. Era una época de contestación juvenil, de colores chillones y carrocerías excéntricas, de manifestaciones desprejuiciadas de lo erótico en la escena internacional. Según criterio de José Villa, otro importante escultor cubano, el mayor aporte de Osneldo está en su capacidad para “reciclar partes y piezas de mecanismos viejos, aparentemente inútiles, que su mirada inquisidora descubre y transforma en la forma precisa y necesaria de su escultura”.

En París expuso con su amigo Agustín Cárdenas y visitó también el Museo de Arte Moderno en la Ciudad Luz, donde se sorprendió positivamente con el estudio completo de Brancusi: enormes troncos con hachas clavadas, y sus columnas infinitas.

Volvió a Halle para la exhibición en el Museo Moritz Burg y continuó el recorrido por Praga, Brno y Cracovia, ciudades de más apertura a lo moderno. Debido al realismo socialista imperante en el país germánico, guardó para Galería Habana en 1968 la primicia expositiva de las nuevas obras proyectadas, favorecidas además por la influencia ejercida por los tapices de Hannelore García-Adami, dada la similitud de intereses creativos entre ambos artistas.

En 1967 participó en el Salón de Mayo celebrado en La Habana, comenzó la serie de los corsés e impartió clases por poco tiempo en la Escuela Nacional de Arte de la capital cubana, donde creó el taller de forja de metales. A esta institución regresaría alrededor de 1971 para permanecer por veinte años en la docencia, lo que le valió no sólo la medalla otorgada a los cincuenta profesores más importantes de Cuba, sino también una espléndida retroalimentación con los alumnos y la posibilidad de hacer obras en aquel ambiente creativo, que devendría trasgresor en términos educacionales a finales de esta década, justamente en el Instituto Superior de Arte creado en 1976.

Osneldo desplegó piezas erótico-cinéticas en Galería Habana en 1968, entre ellas estuvieron El guerrero y El corset desnudo (ambas actualmente en la Sala Permanente del Museo Nacional de Bellas Artes). También en la exposición personal titulada Cinética de 1977, en la mencionada galería, puso a consideración del público piezas impulsadas por motores con un engranaje un tanto artesanal, conjuntamente con otras movidas por voluntad del espectador o por el aire, donde desde el título se apuntaba el doble sentido. De esta etapa son las memorables piezas Trampa-uno y Oído receptivo.

Como dijera el artista y crítico Pedro de Oráa en las palabras al catálogo de dicha exposición, el cinetismo en Osneldo cumple una función de significación medular y de énfasis en su propuesta temática, pues le sirve para trasmutar artística y eficazmente la catarsis del acto sexual.

En la década del 70 sólo tuvo una muestra individual (1977), que se trasladó al año siguiente a Santiago de Cuba; y en el terreno de las colectivas, después del Salón 70, no aparece en ninguna más hasta Imágenes del Cosmos, inaugurada en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana en 1980.

No obstante, el osado artista se mantuvo firme en la continuación de su obra por encima de todas las vicisitudes y las desacertadas prohibiciones con que tropezó en esa época. Además, emplazó varias esculturas en lugares públicos en Cuba, en Argentina y en Alemania, de 1953 al 2003. Esa producción es destacable por la concreción exacta a los fines para los que cada una fue creada, se trate del tema religioso, los bustos de José Martí y Camilo Cienfuegos, o las de creación libre, eróticas o no, concebidas para distintas instituciones. Ejemplos de estas obras son la estructura metálica de la entrada al Teatro Nacional (1979) y Zun Zún en el Palacio de Pioneros José Martí (1980), movidas ambas por la acción del viento; la escultura ambiental a la entrada del Hotel Atabey de Varadero (1983); y la más reciente, titulada Corazón Abierto (2003), dispuesta en el espacio urbanístico de la Universidad de Ciencias Informáticas de La Habana.

En 1983 exhibió una serie de maderas de fuerte erotismo en la Galería Unter den Linden de Berlín, articuladas a sensuales tapices de Hannelore García-Adami. Ese mismo año aborda la tela como material idóneo por su flexibilidad, para insuflarle gestualidad, un impulso aún más humanizado y un carácter performático más evidente, pero suavizado, al persistente tema, que consecuentemente lo lleva a incluir bailarinas como complemento activo de las piezas mostradas en Transvisión en la Casa de la Cultura de Plaza (1983). Esto significó no solo un desarrollo orgánico y coherente de su propia obra, de condición performática desde los años 60; sino también algo acorde con los cambios conceptuales (y por ende formales) anunciados a partir del último lustro de la década de los 70 en la plástica nacional, que se concretaron con Volumen I en 1981.

Con esas ganancias expresivas, Osneldo ha pasado a la historia de la escultura cubana como innovador, por el indiscutible dominio técnico de los disímiles materiales manufacturados y mecánicos utilizados, para dar vida a toda una serie de objetos transformados en arte que transitan por la figuración, la abstracción, el nuevo realismo y el cinetismo, para desplegar su provocativa producción de carácter erótico con cierta malicia, absoluta naturalidad, desenfado y amor por la vida, donde más importante se vuelve la génesis de la obra que el resultado final. Osneldo García es un escultor singular. Ha utilizado determinados recursos del nuevo realismo, del cinetismo y lo performático para abordar el tema erótico con picante humor desde los años sesenta hasta la actualidad: estos resultan sus mayores desafíos y aportes en la historia de la plástica cubana.

 

Bibliografía

Oráa, Pedro: “Osneldo y la cinética de la escultura”, en La Gaceta de Cuba, marzo-abril, 2004.

Villa, José: “Contra la marea”, Palabras de apertura a la exposición Sexinética, Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, 2004; a propósito del Premio Nacional de Artes Plásticas recibido por el artista en 2003.