Obras significativas en la arquitectura y el urbanismo de la Revolución Cubana

Arquitectura e Ingeniería, Cuba

Obras significativas en la arquitectura y el urbanismo de la Revolución Cubana. Las obras constructivas comenzaron a partir de 1959 a tener un marcado carácter social. Entre ellas se destacan la Unidad Vecinal no.1 de La Habana del Este (1959- 1963), las Escuelas Nacionales de Arte (1961-1965), la Heladería Coppelia (1966), el Parque “Lenin” (1969-1972), el Zoológico Nacional (1978), el Jardín Botánico Nacional (1984) y la Villa Panamericana (1991).

Al triunfo de la Revolución Cubana se creó el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas (INAV), dirigido por Pastora Núñez Gonzalez, con la orientación técnica del arquitecto Cesáreo Fernández. El INAV asumió la tarea de construir la mayor parte de las edificaciones para viviendas en el país durante los años 1959 y 1961.

La Unidad Vecinal no. 1 de La Habana del Este constituyó la obra urbanística más importante llevada a cabo por el INAV, con un proyecto concebido y realizado por los arquitectos Roberto Carrazana, Reynaldo Estévez, Mario González Sedeño, Hugo D´Acosta, Eduardo Rodríguez y Mercedes Álvarez, y el ingeniero Lenin Castro. Constaba de 2 300 viviendas, destinadas a una población de 8 000 habitantes. El proyecto reflejó tendencias contemporáneas del urbanismo, entre las que se destacaban la eliminación de la cuadrícula como manzana típica; la alternancia entre edificios altos -de diez plantas- y bajos -de cuatro-, que consiguió una articulación volumétrica que configura una sucesión de espacios con plazas interiores; las áreas verdes, que separan las viviendas de las vías de circulación; la jerarquización y la diferenciación del sistema vial, tanto peatonal como vehicular, y la estructuración de los diversos niveles de servicios, desde la unidad residencial básica hasta los del centro de la comunidad. El sistema constructivo artesanal que fue utilizado en el conjunto le otorgó libertad expresiva.

Las Escuelas Nacionales de Arte (ENA, 1960-1963), en el oeste de la ciudad de La Habana, fueron diseñadas por el arquitecto cubano Ricardo Porro (Escuelas de Artes Plásticas y Danza Moderna) y los italianos Vittorio Garatti (Escuelas de Ballet y Música) y Roberto Gottardi (Escuela de Artes Dramáticas). Las instalaciones tuvieron capacidad para acoger a 1 500 alumnos.

Cada proyecto de las ENA se realizó individualmente, a partir de premisas comunes: la recuperación de las raíces culturales cubanas; la búsqueda de formas-símbolos del proceso revolucionario; la integración con el medio natural; la utilización de materiales de construcción y técnicas artesanales como el ladrillo y las bóvedas catalanas, y la libre organización de conjuntos de geometría variable, unidos entre sí por espacios interiores y galerías para la circulación.

Ricardo Porro se propuso mostrar, en el proyecto de la Escuela de Artes Plásticas, la sensualidad, en cúpulas como pechos femeninos y una escultura en el centro de la plaza de reunión, figurativa de un sexo femenino. A la vez, se perciben en ella componentes culturales africanos, que se observan objetivamente en las unidades circulares de los talleres, alrededor de un patio delimitado por sinuosas galerías.

En la Escuela de Danza Moderna el tema dominante es el de la monumentalidad. Los pabellones de las aulas de baile tienen una escala gigantesca, y están cubiertos por cúpulas con nervios, elaboradas con hormigón armado. La galería de circulación es quebrada y se sostiene por pilastras blancas que reflejan la luz solar. La planta representa un gran puño destruyendo un cristal, síntesis poética del momento revolucionario que la inspiró.

En las Escuelas de Música, Ballet y Artes Dramáticas se logró una adecuada integración con el paisaje circundante. Los cubículos de ensayo forman una cinta continua de trescientos metros de longitud, que se articulan con las monumentales salas de conciertos. En la de Ballet, ligeras cúpulas con cierres en forma de abanicos para tamizar la luz solar rememoran los arcos de las construcciones cubanas coloniales. Los sombreados corredores son de formas libres, cubiertos por cáscaras de ladrillos que siguen las sinuosidades del terreno.

En la de Escuela de Artes Dramáticas cada recinto adquiere una forma especial; se articulan envolturas geométricas irregulares con pequeñas plazas interiores, y los corredores a cielo abierto se limitan por muros de ladrillos de remembranza medieval.

En 1965 se detuvieron las obras. Al crearse el Instituto Superior de Arte (ISA) el 29 de Julio de 1976, fue acogido en las instalaciones de las Escuelas Nacionales de Arte, donde radica en la actualidad. En 1997, el Centro Nacional de Restauración y Museología (CENCREM), declaró las edificaciones Zona Protegida, y en el año 2010 quedaron restauradas casi en su totalidad las Escuelas de Artes Plásticas y Danza Moderna. En la de Artes Dramáticas se construyó un teatro, proyectado por el arquitecto Roberto Gottardi, y se restauraron las áreas.

La Heladería Coppelia se gestó y construyó en uno de los lugares más céntricos de La Habana –El Vedado- en el año 1966. El proyecto, para 1000 capacidades, se encomendó al arquitecto Mario Girona, quien para diseñarlo conformó un equipo con los arquitectos Rita María Grau y Candelario Ajuria, y los ingenieros Maximiliano Isoba y Gonzalo Paz. Puesto que la obra era de gran tamaño, se precisaba lograr espacios que ofrecieran algún grado de intimidad, por lo que en la planta baja se crearon cinco terrazas capaces de acoger, cada una, aproximadamente cincuenta personas, además de una amplia cancha dividida en tres secciones. Igualmente, se concibió un piso en planta alta -al que se asciende por una escalera helicoidal- conformado por cinco círculos, cada uno de doce metros de diámetro, separados entre sí por mamparas de colores que los limitan interior y exteriormente.

El sistema estructural del edificio está compuesto por columnas de hormigón armado y vigas prefabricadas. La cubierta es una cúpula de cuarenta metros, de luz libre formada por losas nervadas, y coronada por un lucernario de cristales de colores que mide cuatro metros de altura y cinco de diámetro. Las vigas prefabricadas que conforman la estructura se prolongan hacia las terrazas de la planta baja, lo cual contribuye a crear una galería virtual alrededor del edificio que define certeramente la circulación peatonal. Otra de las características que distinguieron a Coppelia es la distribución de sus áreas verdes, que llenan de sombra el lugar. La instalación se abrió al público el 4 de junio de 1966. Parque Lenin. A finales de la década del año 1960, y con la orientación de Celia Sánchez, se conformaron equipos interdisciplinarios que trabajarían en una obra paisajística cuyo objetivo era dotar a la población habanera de un amplio espacio para el esparcimiento y la actividad cultural. Se diseñó con ese fin un área conformada por el Parque Lenin, el Parque Zoológico Nacional y el Jardín Botánico Nacional. El equipo de proyecto del Parque Lenin, encabezado por el arquitecto Antonio Quintana como proyectista general, estaba compuesto por once arquitectos asesores, seis ingenieros estructurales y un proyectista de viales.

El parque, con 700 hectáreas de extensión, se construyó entre los años 1969 y 1972. El elemento fundamental en su composición es el paisaje, al cual se subordina la arquitectura con el propósito de someterse e integrarse en él. Para lograrlo se sembraron aproximadamente 45 000 árboles de más de tres metros de altura, y unos 85 000 de más de un metro. En toda la extensión del Parque se destaca entre la vegetación la palma cubana, en sus variaciones regionales.

Para las obras de arquitectura se empleó un sistema prefabricado, conjuntamente con el empleo de piedras propias del lugar para lograr unidad. También se aprovecharon instalaciones y ruinas existentes en la zona, que dieron un ambiente particular al conjunto. Entre estas, se destacan el restaurante de lujo Las Ruinas, del arquitecto Joaquín Galván, con mobiliario colonial y grandes vitrales, y El Galápago de Oro, del arquitecto Mario Girona, para el que se rediseñó una antigua vaquería. También se construyó una cadena de cafeterías, quioscos, la Galería de Arte Amelia Peláez, un Taller de Cerámica, un acuario, un anfiteatro, un cine al aire libre, un gran parque de diversiones, dos parques infantiles, un estadio para rodeos y espectáculos ecuestres, una escuela de equitación -con sus picaderos- y pistas de moto-cross; además, un complejo de piscinas y un campamento de pioneros para campismos y acampadas. Se destaca también, dentro del Parque, el Palacio Central de Pioneros, en el que se desarrollan círculos de interés y actividades masivas. Zoológico Nacional. Este proyecto, emprendido en 1978 por el arquitecto Mario Girona con un equipo formado por Dolly Gómez, Sara Blumenkranz, Rita María Grau, Basilio Piasecki y Rafael Gómez, forma parte del “cinturón verde” de La Habana. El diseño paisajístico desempeñó en él un papel fundamental, pues se pretendía mostrar a los animales en su hábitat natural, con mínimo impacto arquitectónico. Jardín Botánico Nacional. Jardín de enormes proporciones, que cubre unas seiscientas hectáreas. Notable por su belleza y su utilidad científica y social, sirve como centro de recreación y divulgación cultural hacia la población; para la promoción de amplios planes docentes y de investigación científica, y para el intercambio internacional en el campo de la Botánica. Su arquitectura, coherente con el ámbito natural, posee una escala que dialoga con la naturaleza y se integra con ella; tiene caminos peatonales para que los visitantes puedan recorrerlo, consiguiendo una visualización satisfactoria de las múltiples especies botánicas que atesora.

La Villa Panamericana. Esta obra fue construida durante los años 1989 y 1990, conjuntamente con el Complejo Deportivo del Este (estadio, conjunto de piscinas, cancha de tenis y velódromo), para acoger los XI Juegos Panamericanos, que se celebraron en La Habana en 1991. Se ubicó en el margen este de la bahía habanera, hasta el río Cojimar. Su proyectista principal fue el arquitecto Roberto Caballero. La obra cumplió los objetivos para los que había sido diseñada: dar alojamiento a los aproximadamente 6 000 participantes en los Juegos, brindar todas las facilidades recreativas y culturales para el evento y, posteriormente, ofrecer 1 500 viviendas a la población. Consta además del Hotel Panamericano, con ochenta habitaciones, y dos manzanas con edificios de viviendas convertidos en apart-hoteles, con snack-bar y piscina. Posee también gimnasio deportivo con tabloncillo, dos saunas y otras áreas deportivas, consultorios médicos para los vecinos, una escuela primaria, una escuela secundaria, un círculo infantil y un anfiteatro con capacidad para 900 espectadores.

La Villa Panamericana rescató patrones de la identidad urbanística y arquitectónica cubana: el paseo habanero y las manzanas típicas. La Avenida Central, que parte de una rotonda, cuenta con una escultura ambiental y una fuente -obras del artista José Villa-, y ofrece una amplia perspectiva hacia el mar, además de contener en su extensión toda la red de servicios.

En los edificios y el mobiliario urbano se recuperan símbolos y objetos del repertorio ornamental de la arquitectura vernácula como los arcos, de varios tipos; el uso de ladrillos y bloques a vista, tejas criollas, celosías de cerámica y farolas. Esta obra mereció el Premio Bienal´91 de Arquitectura e Ingeniería de La Habana, en la categoría de Diseño Urbano.

 

Bibliografía

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