Malecón Habanero

Arquitectura e Ingeniería, Cuba

Malecón Habanero. Conocido también como Avenida del Golfo y Boulevard Malecón. Se comenzó a construir en 1901 durante la primera ocupación militar de Estados Unidos en Cuba y se terminó en 1958 durante el gobierno de Fulgencio Batista. Se extiende desde la salida de la bahía, frente al Castillo de la Punta hasta la desembocadura del río Almendares, a lo largo de siete kilómetros de la costa norte de la ciudad.

El proyecto del Malecón se concibió por el ingeniero Francisco de Albear y Fernández de Lara en 1870 y abarcaba desde el Castillo de la Punta hasta la calzada de Belascoaín frente al mar, pero solo hasta 1901 se empezó su construcción.

En el último cuarto del siglo XIX confluyeron varios elementos que compulsaron al gobierno interventor militar de Estados Unidos a iniciar la obra, entre los cuales se destacaron:

La costumbre habanera de refrescar las noches calientes frente al mar desde finales del siglo XVIII.

El crecimiento de la población que, por causa de su desarrollo demográfico, tuvo que habitar nuevos espacios paralelos a la costa fuera de las murallas.

Se creó entonces la necesidad de eliminar los focos de mosquitos que la lluvia generaba en los charcos entre los arrecifes, formando un área insalubre. Esta posición estuvo apoyada por el doctor Carlos J. Finlay, quien había descubierto que este vector es el agente trasmisor de la fiebre amarilla. Esta situación podía resolverse con la creación de un muro de contención y rellenando los espacios, lo que a su vez aminoraría los efectos de las olas durante los nortes y las temporadas ciclónicas que azotan la zona.

Teniendo en cuenta estas razones, el 6 de mayo de 1901 se empezó el primer tramo del Malecón desde la salida de la bahía hasta el torreón de San Lázaro. Lo iniciaron los ingenieros norteamericanos Mr. Mead y su ayudante Mr. Whitney, bajo el gobierno norteamericano del general Wood.

Al cesar la intervención el 20 de mayo de 1902, la obra había llegado hasta la esquina de la calle Crespo, solamente 500 metros. Los primeros cimientos del muro presentaron problemas por la irregularidad de los arrecifes. El proyecto norteamericano también llevaba áreas verdes y grandes candelabros sobre el muro, lo que hubo que eliminar por el azote de los "nortes".

En 1909, después del período presidencial de Tomás Estrada Palma, la construcción había llegado a la calle Belascoaín. Durante el gobierno de Mario García Menocal (1913-1921) se continuó la obra.

En 1916 se llevó hasta el torreón de San Lázaro, donde hubo que rellenar la caleta del mismo nombre por tener esta 93 metros de ancho y 5,5 de profundidad. En 1919, un ciclón azotó La Habana y levantó totalmente el tramo, causando también graves daños a la población. Este recorrido se reconstruyó en 1923. Antes ya se había hecho el muro desde el torreón hasta la calle 23, que cruzaba frente al promontorio de la Batería de Santa Clara. El siguiente tramo que pasaba frente a ese promontorio (donde se encuentra hoy el Hotel Nacional de Cuba) hasta la calle O, requería separar el muro 30 metros del litoral y rellenar 104 500 metros cuadrados, pues se pretendía construir allí el monumento al Maine. En 1923, cuando ocupaba la presidencia Alfredo Zayas, se rellenó la zona y se construyeron el parque y el referido monumento.

En marzo de 1926, durante el gobierno de Gerardo Machado se terminó el tramo del Malecón que va desde el Castillo de la Punta, bordeando la bahía de La Habana, hasta la Pila de Neptuno, frente a la Capitanía del Puerto (los estudios de esta área datan de 1921). Las obras se concluyeron en 1929.

La nueva avenida (actual, Avenida del Puerto) se unió con el Malecón y le dio un fácil acceso al puerto desde El Vedado.

Resulta interesante destacar que el proyecto antes mencionado comprendía ganarle 111 000 metros cuadrados al mar, de los cuales gran parte se dedicaban a parques y soluciones viales.

Las obras del muro sin el relleno, las ganó en subasta la firma de contratistas Arellano y Mendoza a un costo de 2 101 000 pesos y se calcula que el relleno costó otro millón. Para realizarla, a lo largo de la línea donde se construiría el muro se colocaron dos hileras de tablestacas y pilotes cada 2,50 metros. Sobre estos se corrieron arquitrabes. El muro se realizó sobre la base de unos grandes bloques huecos de hormigón armado prefabricado. Esos bloques eran de dimensiones variables, con promedio de 5 x 4 metros de área y dos metros de altura, después se rellenaban con similar material, dejando fuera las cabillas que le daban continuidad al muro. El terminado se hizo a todo lo largo, encima de los bloques.

En este tramo se gastaron 17 000 toneladas de cemento Portland, 22 000 metros cúbicos de arena, 45 000 metros cúbicos de piedra picada, 35 000 metros cúbicos de rajón, 4 200 toneladas de barras de acero, 295 toneladas de vigas de acero y un millón de pies de madera.

Durante la presidencia de Machado, el secretario del ramo, Carlos Miguel de Céspedes, dictó la nueva ley de Obras Públicas (10 de julio de 1925), la que puso en camino un plan que entre sus objetivos tenía continuar el desarrollo del Malecón. Esto propició gran adelanto y lo llevó hasta la calle G, en El Vedado, en 1930.

No fue hasta el segundo gobierno de Fulgencio Batista, en la década del 50 —cuando se crearon nuevas instituciones financieras y se contó con una infraestructura para promover la actividad turística en el país, además de los préstamos recibidos—, que se habló entonces de prolongar el Malecón hasta la calle 12 de El Vedado y unirlo con la Avenida Primera de Miramar a través de un puente colgante. Sin embargo, este proyecto no tuvo aceptación, pues ocupaba una excesiva área, ya que saliendo de la calle 12 de El Vedado producto de la pendiente llegaba hasta la altura de la calle 16 en Miramar. La referida idea no se llevó a cabo, sino que se siguió la obra de la calle G hasta Paseo, donde surgió otro obstáculo: el Palacio de los Deportes, ubicado donde hoy se encuentra la Fuente de la Juventud.

Hacia el oeste del Palacio de los Deportes no existía ninguna construcción en la línea del mar hasta la altura de la calle Quinta en El Vedado. Con la construcción del túnel de Calzada en 1958 se determinó continuar el Malecón conjuntamente con esa obra en 1959. Con este último tramo se le dio un cierre al paseo marítimo.

El Malecón es la vía matriz que permite disfrutar del "abrazo que le da el mar a La Habana", según expresión del arquitecto cubano Nicolás Quintana hijo. Es un lugar donde se realizaban y todavía tienen lugar algunas actividades colectivas, como los carnavales, las carreras de autos, y paradas o marchas. Sigue siendo centro de reunión de los pobladores en las calurosas noches veraniegas. En su recorrido existen obras que constituyen hitos dentro de la capital, como el parque Maceo, el Hotel Nacional, la Tribuna Antimperialista, la Fuente de la Juventud, el hotel Riviera, el torreón de La Chorrera, etcétera.

En el año 2009 se realizó una reparación parcial al muro, utilizando impermeabilizantes, con el fin de protegerlo en época de huracanes.

A pesar de su indudable valor, al Malecón siempre se le ha criticado que no establece una relación orgánica entre la ciudad y el mar, sino que de alguna manera la niega. Existen numerosos proyectos de arquitectos cubanos y extranjeros que pretenden mejorar esta relación. Cabe destacar los proyectos del cubano Enrique Lanza, la catalana Carme Pinós, el estadounidense Lebbeus Wood y los austriacos Carl Prusha y Meter Noever.

 

Bibliografía

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