La Política del Mundo

Historia, Teatro, Literatura, Panamá

La política del mundo. Primera obra de teatro panameña, escrita por D. Víctor de la Guardia y Ayala en Penonomé, y leída para invocar la protección de la Inmaculada Concepción al Rey Fernando VII, a quien fue enviada  el 27 de octubre de 1809.

La obra fue hallada en el Archivo de Indias, en Sevilla, por D. Ricardo Fernández Guardia, distinguido historiador costarricense y pariente del dramaturgo istmeño, quien la publicó en San José de Costa Rica en 1902. El asunto corresponde a las circunstancias de la época, y es un gesto de apoyo al rey español.  Se estructura en torno a la figura de Julio César, pero a quien en realidad se refiere es a Napoleón Bonaparte, pues pretende exaltar el gobierno del heredero de la corona española y la impropiedad del dominio impuesto por la tiranía napoleónica,  presentando un ejemplo con la destrucción del tirano y su gobierno. Se desarrolla a través de la narración de los hechos históricos que puesieron en crisis la república romana y llevaron a Julio César hasta la cúspide del poder y luego a la muerte.  Contiene tres actos, con dos mutaciones de la escena en los dos primeros y cuatro en el último. 

La acción que ocurre en el escenario es suplantada por las narraciones de lo que está pasando o ha pasado fuera de él.  Sin embargo, se desarrolla de manera que se aprecie en forma gradual cómo César logra el poder y vence a sus opositores que, en Munda, ya son muchos; cómo decae cuando hace gala de sus vicios; cómo fracasa en su intento de hacerse rey y cómo, finalmente, cae víctima de sus enemigos.  La oportuna comparación entre Julio César y Napoleón propone que ambos fueron dueños del mundo, cada cual en su época.  Pero la intención política de la obra no se pone de manifiesto sino en la escena final, cuando a la muerte del tirano, se dan vivas a Fernando VII. El autor no se circunscribe estrictamente a la historia, y así lo hace notar por boca del personaje de Calpurnia, lo que  explica sus anacronismos. Está escrita en versos de arte mayor y menor, pero se destacan especialmente los segundos, que permiten combinaciones distintas,  realizadas con desenvoltura, por ejemplo en la carta que dirige César a Calpurnia, compuesta en décimas:

Ardiendo mi alma suspira,                            a

siendo el tormento la llama,                         b

porque un corazón que ama                           b

sólo con penas respira;                                  a

mas aunque el hado conspira,                       a

tanto esfuerzo no atribuya,                           c

ten fe, que aunque se destruya                      c

mi vida, no acaba el brío,                              d

porque cada aliento mío                                d

es una memoria tuya.                                    c

 

Y así, aunque me veas rodeado                     a

de grandes contradicciones                           b

al frente de mis legiones                               b

o en el centro de mi estrado,                         a

no tengas, mi bien, cuidado,                         a

vive en la satisfacción                                   c

de que en cualquiera ocasión,                       c

por donde quiera que vas,                             d

los mismos pasos que das                             d

esos da mi corazón                                        c

El argumento es el siguiente:

Primer acto: Calpurnia, sentada ante su tocador y  elogiada por  Porcia, Tulio y los músicos, refiere acontecimientos de la historia de Roma que le incumben, por ser hija de Pompeyo y esposa de Julio César. Habla largamente del arrojo de su padre, que le hace merecedor de la investidura consular tanto como a Licinio Craso.  Ansiosos de mayor poder, se entabla entre ellos una violenta rivalidad que sólo César logra resolver, según relata Tulio, formando un triunvirato. Obtiene  por esas razones políticas la mano de Calpurnia, y cede a Pompeyo la de su hija Julia. Cicerón explica que Craso ha muerto, en la guerra con los partos.  Roto el triunvirato, César y Pompeyo luchan por el dominio del imperio.  César pasa el Rubicón y vence a su opositor en Farsalia.  Pompeyo huye a Egipto, creyendo encontrar ayuda en Ptolomeo. ¡Infeliz Calpurnia que contempla a su padre y a su esposo, contrarios! Al cambiar la escena, César, en su campamento, explica su actuación contra Pompeyo. Antonio y Casio afirman que los Cónsules, instigados por Catón, han dictado un decreto que ordena a César licenciar a sus legiones y cumplir pena como traidor. Se escuchan trompetas y aparece Cleopatra, quien le presenta la cabeza de Pompeyo, asesinado por Ptolomeo. César piensa: ¿Le esperará igual muerte?

Segundo acto: En Munda se entabla la famosa batalla en que César se distingue por su valor.  En un momento sus soldados parecen sucumbir, pero el indomable jefe sabe levantar su espíritu y logran el triunfo.  Calpurnia, en casa de César, lamenta la muerte de su padre.  Poco después, llega Bruto, a quien Porcia recibe amorosamente.  Las palabras de ambos condenan el gobierno del Dictador.  La llegada de Cicerón los separa.  Bruto aprovecha la ocasión para mostrar sus ideas al célebre orador, pero éste habla con cautela.  Todos reprueban la conducta de César, quien llega a Roma acompañado por Cleopatra. 

Tercer acto: Tulio y Cicerón comentan la situación de César, pues son tantos los honores que se le han rendido, que ya hasta el pueblo está hastiado de ellos.  César prepara su cuarto triunfo, esta vez sobre los mismos romanos, pues piensa coronarse rey. Aparece el Dictador en carro triunfal, y ante el disgusto que demuestran los espectadores cuando Antonio le ofrece la diadema, sólo la acepta para colocársela a la estatua de Júpiter en el Senado.  Inesperadamente la décima legión, favorita de César, levanta la voz para solicitar licencia por no haber recibido las recompensas que los soldados creen merecer. El dictador practica su política y con sus palabras despierta la ambición de los legionarios, quienes desisten de su propósito.  Después de cenar, Calpurnia se retira vencida por el sueño.  Cleopatra sigue su ejemplo.  César se dedica a escribir sus Comentarios.  De improviso, Calpurnia lanza un grito.  César la busca, y ella refiere un sueño que es augurio de lo que sucederá. Conmovida, le ruega que renuncie a todo y se retire a la vida del campo.  César considera que su fin debe ser cual sus principios.  Ya él ha ascendido mucho, y ahora le toca esperar la caída. Calpurnia se lamenta de que César siga la política del mundo, pobre y relajada, y señala que la política verdadera es la virtud. Entretanto, los senadores preparan la muerte del tirano.  Bruto, Casio y Tulio se dirigen al Consistorio, cuando hasta ellos llega Sévola para anunciar que Porcia se ha suicidado. Es este un rudo golpe para Bruto, pero su deber lo obliga.  Ante todo, la patria.  Muda la escena, y aparece el Senado.  Los senadores dan audiencia al público y Bruto espera en la puerta.  Para César abundan los presagios.  La situación se presenta tensa.  El grupo se acerca al tirano, lo rodea, le hablan y, por fin, lo atacan.  El dictador saca su espada y exclama “Moriré, pero matando”. Al momento de caer, se cubre el rostro para no ver conjurada contra él la ingratitud. Todos proclaman que ha sido el final de un perverso.  Cicerón anuncia una paz octaviana para los romanos, y pide que, de la misma manera, llegue la época en que Fernando VII sea restituido en el trono español.  Se dan vivas al Rey, al respetable Congreso de la Soberana Junta, al Virrey de Santa Fe y a España.

Para apreciar este final en su justa medida, tómese en cuenta la fecha en que fue representada la obra, según consta:  1809.  En ese año todavía no habían estallado las guerras americanas de independencia, aunque poco faltaba. En el texto hay señales del aprecio que se tiene a la idea de la emancipación, aunque muy discretas, pues se aplaude la actuación de España como colaboradora en los esfuerzos emancipadores de los Estados Unidos del Norte.  En los versos últimos, Casio expresa:

Y viva feliz España,

dulce madre del excelso

joven rey que la domina,

que da gloria a los imperios,

alto timbre a la justicia,

a las virtudes el premio,

castigo a la tiranía

y regocijo a sus pueblos,

siendo la libertadora

del Norte con sus esfuerzos,

y la América, que es su hija,

como oriunda de su suelo,

ufana se congratula

dando de lealtad ejemplo;

y este pequeño dibujo

o diminuto diseño

de la política actual,

imitada de otros tiempos,

es obra de quien desea

hacer algún manifiesto

de que es preciso resulte

el lance que se ha propuesto.

Don Víctor de la Guardia y Ayala, quien era Alcalde Mayor de Natá en 1809  (cuando se representó la obra en Penonomé), fue en 1818  Jefe Político de Granada y León, en Centro América, Coronel del batallón provincial, Vicepresidente de Costa Rica -elegido por el Congreso Constituyente en 1823-, y fundador de la familia de la Guardia en aquel vecino país de Panamá. 

 

Bibliografía activa

De la Guardia y Ayala, Víctor: La Política del mundo, Editada por D. Ricardo Fernández Guardia; Imprenta y Librería Española María V. de Lines, San José de Costa Rica, 1902.

La política del mundo. Tragedia en tres actos y en verso estrenada en Penonomé en 1809; Asamblea Legislativa, Edición Conmemorativa del Centenario de la República. Panamá, 2003.

Bibliografía pasiva

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