La Independencia de Cartagena

Historia, Colombia

La Independencia de Cartagena (1811). Notable suceso del antiguo Virreinato de Nueva Granada, hoy República de Colombia. Cartagena fue la segunda ciudad en toda Hispanoamérica que proclamó la emancipación de España.  

En esta provincia litoral, una de las más pobladas de Nueva Granada, el anuncio formal de la separación de España se produjo el 11 de noviembre de 1811. Cartagena de Indias era un puerto estratégico en el Virreinato de Nueva Granada, capital de la provincia del mismo nombre. Desde el siglo XVI su importancia en el comercio con la metrópoli le había proporcionado muchos privilegios, y su especial ubicación y significado llevarían al territorio de Cartagena a jugar un papel relevante en la historia de Colombia.

Ya en 1797, siendo gobernador de Cartagena Anastasio Zejudo, se conoció de un primer conato subversivo protagonizado por la presencia de negros esclavos de habla francesa provenientes de Haití, donde estaba entonces en pleno apogeo la revolución encabezada por Toussaint Louverture. Sin embargo, como en toda Hispanoamérica, la ocupación napoleónica de España en 1808 fue el acontecimiento que contribuyó directamente a desestabilizar el orden colonial y que condujo, en un primer momento, a la sustitución de las autoridades tradicionales y a la formación de juntas de gobierno autónomas. 

Los primeros movimientos conspirativos surgidos en Cartagena eran conducidos inicialmente por dos alcaldes locales, el doctor José María García Toledo, prominente abogado y rico hacendado y Miguel Díaz Granados, quienes se reunían con varios complotados en la casa del primero. En mayo de 1810, la llegada procedente de la metrópoli del comisionado regio Antonio Villavicencio, fue aprovechada por los criollos del cabildo para el día 22 de ese mes obligar al gobernador de la plaza  de Cartagena, Francisco Montes, a compartir el mando con esas dos personas. La resistencia del gobernador condujo el 14 de junio a enfrentamientos en la plaza de armas entre Toledo y el gobernador Montes, siendo este último apresado y destituido por el teniente Miguel Caraballo. 

Después, el 14 de agosto de 1810, fue elegida la Junta Suprema de la ciudad y provincia de Cartagena, compuesta por el propio cabildo y los delegados de los municipios de Mompóx, Tolú, San Benito Abad y Simití. Esta primera junta de gobierno autónoma fue presidida por el propio José María García de Toledo. A partir de este momento, el curso de los acontecimientos quedo bajo la conducción de la elite criolla, que incluso en noviembre de ese año rechazó al nuevo enviado de la metrópoli José Dávila, lo que motivo el incremento de las actividades opositoras de los españoles, a lo que se unió la rivalidad surgida entre Cartagena y Mompóx, territorio este último que expresó su reconocimiento de la Junta formada en de Santa Fe de Bogotá, capital del antiguo Virreinato. 

En poco tiempo, tras la expulsión del ex gobernador Francisco de Montes, los criollos de Cartagena se fueron dividieron en dos bandos, pues un sector, nutrido de los estratos más humildes de la población de Cartagena, no se conformaba con la solo deposición de las viejas autoridades y exigía una radicalización. Este grupo patriótico, encabezado por los hermanos Vicente Celedonio, Germán y Gabriel Gutiérrez de Piñeres, le imprimió al proceso en Cartagena un carácter anti español y anti aristocrático, con el respaldo de los mulatos y negros libres del barrio de Getsemaní, liderado por el herrero mulato de Matanzas (Cuba) Pedro Romero. La importancia de ellos se había acrecentado desde que el 4 de febrero de 1811, su papel fue decisivo para aplastar un intento sedicioso de los comerciantes españoles aliados al regimiento Fijo acantonado en Cartagena. 

Eso facilitó que nueve meses después, los mulatos y negros libres se encararan a la moderada junta aristocrática criolla del principal puerto neogranadino, presidida por García de Toledo, que no se atrevía a romper abiertamente con España. Los acontecimiento se precipitaron el 11 de noviembre de 1811 cuando los dirigentes radicales se concentraron en la casa de Pedro Romero, quien se encontraba allí reunido con José Padilla, y Juan José Solano, al conocer de la sesión de la junta en la que el doctor Germán Piñeres sometería a discusión la declaración de independencia absoluta. La noticia de que la junta  levantaría la sesión sin resolver el asunto de la declaratoria fue la chispa que hizo estallar finalmente el movimiento revolucionario. 

En poco tiempo, los “lanceros de Getsemaní” se interpusieron entre el cuartel del regimiento Fijo y el Palacio de Gobierno, apoderándose de los principales baluartes de la ciudad, cuya artillería volvieron de afuera hacia dentro en forma amenazante, mientras el pueblo getsemanísense, en belicosa actitud, se movía desde la casa de la Trinidad y la calle larga hacia la boca del puente, no sin antes detenerse frente a la iglesia de San Francisco para escuchar la encendida arenga del presbítero Nicolás de Omaña, que se unió al levantamiento. Luego todos entraron al recinto amurallado y empuñando las armas que habían conseguido en almacenes y cuarteles, concentrándose frente al Palacio de Gobierno donde sesionaba la junta, exigiendo que se declarase de inmediato la independencia absoluta.

Ante la presión popular, toda la junta, incluyendo al propio García de Toledo, se plegó a las exigencias, y aprobaron la declaratoria de emancipación de España, que convirtió a Cartagena en el primer territorio de la actual República de Colombia en ser declarada libre del yugo español, y a la vez,  la segunda ciudad hispanoamericana (después de Caracas) en ser emancipada del Imperio español. El Acta de Independencia, fechada el 11 de noviembre de 1811, exponía “solemnemente a la faz de todo el mundo que la provincia de Cartagena de Indias es desde hoy y por derecho Estado Libre, Soberano, e Independiente”.  Eran sus firmantes los siguientes integrantes de la junta: Ignacio Cavero, Presidente; Juan de Dios Amador; José María García de Toledo; Ramón Ripoll; José de Casamayor; Domingo Granados; José María del Real; Germán Gutiérrez de Piñeres; Eusebio María Cañamal; José María del Castillo; Basilio del Toro de Mendoza; Manuel José Canabal; Ignacio de Narváez y la Torre; Santiago de Lecuna; José María de la Terga; Manuel Rodríguez Torices; Juan de Arias; Anselmo José de Urreta; José Fernández de Madrid y José María Benito Rebollo, Secretario.

El 15 de junio de 1812, se aprobó la constitución igualitarista del Estado de Cartagena de Indias, por un congreso donde “todos se hallan mezclados los blancos con los pardos, para alucinar con esta medida de igualdad, una parte del pueblo”, según escribiera desconsolado al rey, desde su refugio en La Habana, el arzobispo del principal puerto neogranadino fray Custodio Díaz. Al año siguiente, el propio cónclave dispuso la confiscación y reparto de todos “los bienes que correspondieran a los enemigos de la libertad americana.” La constitución prohibía la trata y creaba un fondo para la manumisión de los esclavos. 

Desde la proclamación de la independencia de España, el Estado de Cartagena tuvo un papel protagónico en la lucha emancipadora, hasta que la ciudad capituló el 5 de diciembre de 1815, tras tres meses de heroica resistencia, ante el asedio del poderosos ejército español de Pablo Morillo.

 

Bibliografía

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