La Cueva

Teatro, Cuba

La Cueva. Teatro de Arte de La Habana. Institución teatral cubana.

En 1935 la Sociedad Pro-Arte Musical creó un Cuadro de Comedias que ofreció en su habitual sede de presentaciones, el teatro Auditórium, un espectáculo inesperado. Se trataba de La muerte alegre, de Nicolai Evreinof, bajo la dirección de Luis Alejandro Baralt Zacharie, hombre culto y al tanto de los movimientos que ocurrían en la escena internacional.

Acompañaba al director un equipo de lujo: Amadeo Roldán, a cargo de la música; e Igor Yavorsky, de la coreografía. El espectáculo prescindió del apuntador, algo inusitado en la práctica escénica del país, y solicitó en su programa que no se aplaudiera tras los entreactos. La crítica destacó la original y armoniosa integración de todos los recursos utilizados.

Poco después, el 12 de agosto del propio año, en ocasión del tricentenario del natalicio de Lope de Vega, volvió a escena Baralt, esta vez a cielo abierto, en la Plaza de la Catedral de La Habana, para dirigir Fuenteovejuna en una puesta monumental destinada a una audiencia masiva, con un escenario tripartito, novedosos juegos de luces, que consiguió imágenes escénicas inusuales y un profundo efecto en su público.

El teatro cubano se hallaba a las puertas de una nueva etapa, la de su modernización. El concepto moderno de puesta en escena  había llegado a sus riberas.

La recepción por la crítica y el público de estos sucesos generaron un entusiasmo tal que los intelectuales y artistas que los habían producido (entre los que se contaban José A. Portuondo, Camila Henríquez Ureña, José Manuel Valdés Rodríguez, Amadeo Roldán, Jorge Rigor, Isaac Incola, Luis Gómez Wangüemert y Luis de Soto) decidieron darles continuidad a sus empeños configurándose como una agrupación permanente.

Surgió así una institución teatral de nuevo tipo: La cueva. Teatro de arte de La Habana, conducida por el propio Baralt, que planteó en el programa de su función inaugural el propósito manifiesto de llevar a escena obras de alcance universal y aquellas otras cubanas que lo mereciesen de acuerdo con el criterio de un teatro de arte.

El 28 de mayo de 1936 realizó La Cueva su debut con un título de  Luigi Pirandello traducido especialmente al efecto: Esta noche se improvisa, apenas a seis años de su estreno mundial en Koenigsberg. La puesta dio a conocer a su autor en la Isla. Con Pirandello la nueva agrupación daba una señal inequívoca acerca de su línea estética pues se trataba de un innovador de la escena y, en particular, de una escritura dramática que resalta justamente la teatralidad, el artificio, la elaboración escénica, alejada del naturalismo y de la copia de la vida cotidiana.

En el Principal de la Comedia, que sería el teatro de sus presentaciones, La Cueva dio a conocer, como parte de su repertorio, El tiempo es un sueño, del francés Henri de Lenormand; La misión del tonto, del inglés Laurence Housman; Ixquic, del dramaturgo guatemalteco Carlos Girón Cerna; además de títulos de Evreinof y Ramón del Valle Inclán; todos de una creación relativamente próxima en el tiempo pues correspondían a la segunda o tercera década del siglo XX. De la dramaturgia cubana presentó Adúltera, de José Martí, y La luna en el pantano, de Luis Alejandro Baralt, premiada ese mismo año en el concurso convocado por la Secretaría de Educación.

La cueva desapareció apenas ocho meses después, en enero de 1937, tras su novena puesta en escena, por motivos financieros, pero con ella se inauguró oficialmente una original concepción artística signada por la búsqueda de la teatralidad, el entendimiento del  espectáculo como un hecho de síntesis, y una visión diferente del arte del actor, del uso del espacio y  de la relación con los espectadores, en medio de un paisaje dominado por la presencia de las compañías bufo-vernáculas, las de espectáculos ligeros (vodeviles y comedias intrascendentes) y las llamadas de alta comedia -nacionales y extranjeras, particularmente españolas-, con su estética decimonónica. A partir de su aliento inspirador  surgieron hasta 1950 en la capital más de quince agrupaciones teatrales en esta línea, si bien buena parte pereció antes de llegar a los tres años de vida. No obstante, el teatro cubano había conseguido el salto a la modernidad. 

 

Bibliografía

Muguercia, Magaly: El teatro cubano en vísperas de la Revolución, Letras Cubanas, 1988, pp.39-44.

Leal, Rine: Breve historia del teatro cubano, Letras Cubanas, 1980, p. 121.

Instituto de Literatura y Lingüística y Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente: Historia de la Literatura Cubana Tomo II, Letras Cubanas, 2003, pp.608-609.