Jorge Mateo Cuesta Porte-Petit

Ciencia, Literatura, México

Jorge Mateo Cuesta Porte-Petit (1903-1942). Ensayista, poeta y químico veracruzano.

Jorge Cuesta nació en Córdoba, Veracruz, el 21 de septiembre de 1903. Su padre, Néstor Cuesta -un hacendado cultivador de caña de azúcar, naranja y café- fundó una familia de aristocracia rústica, que decaería a causa de las reparticiones de tierra resultantes de la Revolución Mexicana de 1910. Su madre, Natalia Porte-Petit, nacida en el puerto de Veracruz, era hija de inmigrantes franceses establecidos en Córdoba, donde se conocieron. En esa ciudad, Jorge -el primogénito de cinco hermanos- recibió educación primaria y media. En 1921 se trasladó a la ciudad de México para estudiar Ingeniería Química en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A través del poeta Xavier Villaurrutia ―y en compañía de otro poeta, Gilberto Owen― trabó conocimiento con el círculo de Los Contemporáneos y estableció varias de las relaciones que más tarde, a finales de la década de 1920 y principios de siguiente, tendrían implicaciones para los presupuestos críticos y poéticos de su escritura.

Sin titularse en la universidad, en 1926 regresó a Córdoba para trabajar en Potrero, uno de los ingenios azucareros de las cercanías. Había publicado en 1924 un cuento en la revista Antena, así como dos artículos sobre George Bernard Shaw y José Gorostiza en 1925, en Antorcha y Revista de revistas, respectivamente. A finales de 1926 volvió a la capital, y al año siguiente conoció a Lupe Marín, ex esposa de Diego Rivera, con la que comenzó una relación amorosa.

En 1928 ocurrió un hecho crucial para la vida de Cuesta y de Los Contemporáneos, relacionado con la publicación de la Antología de la poesía mexicana moderna, que, aunque había sido un proyecto plural, en cuya construcción habían participado los poetas Jaime Torres Bodet, Bernardo Ortiz de Montellano y Enrique González Rojo, apareció firmada y prologada por Cuesta. La Antología era severa en sus juicios sobre poetas de generaciones anteriores y no dudó en sacrificar, según sus pautas, a nombres que la tradición ya había consagrado, por lo que ocasionó irritaciones. Mientras, era laxa y elogiosa en sus juicios de la poesía de Los Contemporáneos, que integraba la tercera parte del volumen. Estas circunstancias motivaron una reacción contra el libro, que se centró en críticas al grupo que respaldaba a Cuesta.

En ese mismo año Cuesta, que dominaba el francés y tenía vasto conocimiento de la cultura francesa, viajó a París, donde fue presentado a surrealistas como André Breton y Robert Desnos, y se relacionó con varios de los mexicanos que allí vivían. Pero no se sentía a gusto y pronto, antes de que terminara el año, regresó a México y contrajo matrimonio con Lupe Marín.

Al año siguiente regresó a Potrero con su esposa. Para entonces ya había publicado varios artículos en revistas capitalinas como Ulises y Contemporáneos, fundadas por miembros del grupo del que formaba parte, las cuales serían, con el paso del tiempo, hitos en la historia de las publicaciones periódicas culturales del país, por su propuesta universalista y su exigencia de calidad en un contexto que -tras la Revolución Mexicana- dictaba nuevas líneas para la cultura nacional.

En 1930 volvió a la ciudad de México y comenzó a trabajar en el Departamento de Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública. Dos años después fundó la revista Examen, que llevaba al extremo las propuestas críticas de Los Contemporáneos y fue el último proyecto en que participarían de conjunto. Tras el tercer número, círculos conservadores para los cuales el grupo era odioso emprendieron una campaña judicial a fin de clausurar la publicación, con el pretexto de que Cariátide, novela de Rubén Salazar Mallén de la que se habían publicado fragmentos en sus páginas, atentaba contra la moral. La pugna concluyó con la renuncia de varios de Los Contemporáneos a sus puestos en el servicio público, y con la muerte de la revista. En ese mismo año Cuesta se divorció de Lupe Marín.

De 1932 a 1937 ejerció la profesión de químico en la Sociedad de Productores de Alcohol, mientras seguía escribiendo ensayos para publicaciones periódicas y escribiendo poesía. En 1934 dio a la luz dos opúsculos: Plan contra Calles y Crítica de la reforma del artículo Tercero. Ocupó en 1938 el cargo de jefe de laboratorio en la Sociedad Nacional del Azúcar y de Alcoholes. Continuaba investigando en ese ramo, y no fue lego en otras ciencias como la medicina, la física y la matemática. Esos conocimientos se traducen en su poesía y en algunos de sus ensayos, pues Cuesta fue, además de escritor, un hombre de ciencia.

En 1940 sufrió una primera crisis de demencia. Dos años más tarde, una segunda crisis y un intento de mutilación de sus genitales, originaron en parte la leyenda de artista maldito que lo acompañó en lo adelante. Se suicido en el sanatorio del doctor Lavista, en Tlalpan, al sur de la Ciudad de México, el 13 de agosto de 1942.

Los exámenes de la literatura y las teorías sobre el arte de Jorge Cuesta son de imprescindible referencia para el estudio de las letras mexicanas del siglo XX. Su concepción de la poesía como una actividad demoníaca, renuente al embeleso de lo pasional, ilustra la poesía de algunos de sus compañeros de grupo, y en particular la suya propia. También es de interés su teoría del clasicismo mexicano, según la cual "nuestra existencia como nación ha sido producto de un acto fundamentalmente externo de nuestra historia", que no tiene raíz ni en los pueblos precolombinos ni en España, sino en la tradición clásica francesa. Durante las décadas posrevolucionarias, cuando la exaltación de los valores autóctonos era prioritaria, esta teoría causó ardua polémica. Por lo demás, se ha dicho en repetidas ocasiones, teniendo en cuenta que su obra escrita fue inaccesible durante varias décadas, que Cuesta impactó en las gentes que lo conocieron por el coloquio y por la polémica.

Su poesía, conceptual y en muchos casos hermética, no es sin embargo confusa. Fuera de signos ocultistas como los elementos alquímicos que el Canto a un dios mineral se apropia en sus treinta y siete estrofas de métrica regular e imágenes audaces, la poesía de Cuesta tiene la obsesión de la fugacidad del tiempo y de la ruina de la materia, así como de los esfuerzos poéticos para superarlas en el culto del vacío y con los poderes del deseo.

Intelectualmente, Cuesta se afilia con intelectuales como Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Friedrich Nietzsche, Oscar Wilde, André Gide, Paul Valéry, Julien Benda. Respetó, entre sus pares, la poesía de su amigo José Gorostiza, y entre sus precursores, la de Salvador Díaz Mirón. Detestó el sentimentalismo y el abandono a la emoción, y fue adicto al racionalismo y a la preocupación por la forma. Aunque de vida romántica y tortuosa, persiguió siempre el clasicismo en su trabajo intelectual. Todo lo cuestionó, todo lo sometió a escrutinio. De ahí el exceso de lucidez en que vivió y su situación incómoda dentro de un medio cultural que en no pocas ocasiones prefería la retórica vana o el dogma.

Se necesitaron años para el rescate crítico de Jorge Cuesta, cuya obra estaba dispersa, pues no se había publicado en libro ni siquiera una compilación de sus trabajos. Solo en la década de 1960, por iniciativa de su paisano, el erudito Miguel Capistrán, y del investigador Luis Mario Schneider, se reunieron sus ensayos y sus poemas bajo el sello de la Universidad Nacional Autónoma de México. Gracias a la visión de conjunto que aportaron, la figura de Cuesta emergió entonces en toda su riqueza y vigor intelectual, y fue ganando, más allá de los juicios que se le habían opuesto en vida y después de muerto, un lugar eminente. Se hicieron visibles las influencias de su pensamiento en el panorama de las letras mexicanas de la primera mitad del siglo XX, que entonces volvieron a vibrar. Escritores como Octavio Paz, Juan García Ponce y José Emilio Pacheco reconocieron su labor y ponderaron su papel medular como crítico y como formador de una tradición literaria moderna en México.

Considerado la conciencia crítica de la generación de Los Contemporáneos -grupo de artistas marcados por el rigor y la aspiración de saber-, Jorge Cuesta es el primer intelectual moderno de México. Entre sus rasgos destacan el análisis, la polémica y el afán por la investigación. Su obra ensayística abarca temas de literatura, artes plásticas, cine y teatro, filosofía; la política y sus instituciones, el poder y la tradición cultural. En poesía no fue prolijo, pero sí intenso: su producción se compone, por una parte, de poemas breves -con frecuencia sonetos-, áridos de pasión, siempre sutiles; y por otra, de una pieza extensa, Canto a un dios mineral, suma de sus nociones poéticas y una de las cumbres del poema de largo aliento con tenor reflexivo en las letras mexicanas.

Bibliografía activa

Obras reunidas I. Poesía y traducciones de Éluard, Mallarmé, Spender y Donne. Jesús R. Martínez Malo y Víctor Peláez Cuesta (edición), Francisco Segovia (colaboración y prólogo). México, Fondo de Cultura Económica, 2003.

Obras reunidas II. Ensayos y prosas varias. Jesús R. Martínez Malo y Víctor Peláez Cuesta (edición), Francisco Segovia (colaboración), Christopher Domínguez Michael (prólogo). México, Fondo de Cultura Económica, 2004. 

Poemas, ensayos y testimonios. Tomo V. Luis Mario Schneider (edición y recopilación). México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1981.

Bibliografia pasiva

Panabière, Louis: Itinerario de una disidencia. Jorge Cuesta [1903-1942]. Adolfo Castañón (traducción). México, Fondo de Cultura Económica, 1996.

Sheridan, Guillermo: Los Contemporáneos ayer. México, Fondo de Cultura Económica, 1985.