Ignacio Piñeiro

Música, Cuba

Ignacio Piñeiro Martínez (1888-1969). Célebre autor de rumbas, claves y sones. Fundador del Sexteto Nacional. Uno de los más notables creadores de la música popular cubana del siglo XX.

Ignacio Piñero nació el 21 de mayo de 1888 en el barrio de Jesús María, de la ciudad de La Habana. Siendo niño se trasladó con su familia al barrio de Pueblo Nuevo, donde se inició en la música popular y folclórica cantando en coros de claves infantiles.

Comenzó estudios primarios en el colegio Niño Jesús, y los continuó en escuelas públicas. De origen familiar humilde, trabajó desde muy joven en diversos oficios: tonelero, fundidor, obrero portuario, tabaquero y albañil. Muy joven también se hizo miembro de la sociedad secreta Abakuá.

Desde sus primeros años conoció los distintos toques de los cabildos africanos, de cuya música se nutrieron algunas de sus composiciones, dadas a conocer con la agrupación de clave y guaguancó Timbre de Oro, de la que formó parte desde 1906 como decimista improvisador. En la época existía una prohibición gubernamental para las expresiones musicales con tambores afrocubanos; ello obligó a la creación de los coros de clave y guaguancó, que se acompañaban solamente de la tenue percusión que producía la caja de un banjo sin cuerdas.

Posteriormente, Piñeiro dirigió por varios años el famoso grupo Los Roncos, de Pueblo Nuevo. De esa etapa datan sus célebres rumbas "Cuando tu desengaño veas" -conocida también como "El desengaño de los roncos"-, "Mañana te espero, niña", y "Dónde andabas anoche".

A mediados de la década de 1920 se dieron a conocer otras composiciones suyas, como "Esas no son cubanas" y "Cuatro palomas".

En 1926 ingresó como contrabajista en el Sexteto Occidente, que dirigía la trovadora María Teresa Vera. La fundación de este grupo fue impulsada por la compañía discográfica Columbia, para ponerlo en competencia con el famoso Sexteto Habanero, contratado por RCA Victor, empresa rival.

Con el Sexteto Occidente, Piñeiro viajó a Nueva York para grabar varios discos. De las piezas seleccionadas para registro fonográfico en esa ocasión, varias llevaban su firma: "Tienes que llorar", "Perro flaco", "Las mujeres podrán decir", "Ninfa del valle", "El globero", "No me engañes", y "El genio de la fiesta". Durante esa estancia en Nueva York, María Teresa Vera grabó a dúo con Miguelito García algunas otras obras suyas.

En 1927 Piñeiro fundó el Sexteto Nacional, integrado por Alberto Villalón, en la guitarra; Francisco González Solares en el tres; Abelardo Barroso, en la voz prima; Juan de la Cruz, tenor, Bienvenido León, barítono y maracas; José Manuel Carrera Incharte (El Chino), en el bongó, e Ignacio Piñeiro, contrabajo y director. Con este formato el Sexteto Nacional realizó sus primeras grabaciones en Nueva York, en el mes de octubre del mismo año. Rápidamente la agrupación caló en el gusto del público por su calidad interpretativa y su novedoso repertorio, basado en las composiciones de su director.

Entre los sones del Sexteto Nacional llevados a disco en 1927, se encontraban varios números considerados “clásicos” del género. Desde esas grabaciones iniciales se observaban algunos de los aportes que hizo Piñeiro al ámbito sonero: la fusión de la guajira, del lenguaje y ciertos giros procedentes de cantos rituales yoruba (como en la parte final de "Ay, Mamá Inés", de Eliseo Grenet); también, de la clave ñáñiga, la rumba y el guaguancó. En el año 1928 se unió al conjunto Lázaro El jabao Herrera, como trompetista, y el Sexteto Nacional se convirtió en Septeto Nacional.

En 1930 Piñeiro figuraba entre los fundadores de la Asociación Nacional de Soneros Cubanos, que aspiraba a proteger los derechos artísticos de los intérpretes y compositores del género.

En 1932, el compositor norteamericano George Gershwin hizo un viaje a La Habana, donde escuchó, en la estación de radio habanera CMCJ, el son de Piñeiro "Échale salsita", cuya introducción utilizaría en su "Obertura cubana".

Entre 1934 y 1935 Piñeiro se retiró del Septeto, que, dirigido a partir de entonces por el trompetista Lázaro Herrera, continuó trabajando hasta 1940, en que recesó sus actividades ante el auge de otras orquestas y la decadencia que vivían los septetos y sextetos.

Ignacio Piñeiro se ganaba la vida por esos días como maestro albañil.

Por iniciativa de Odilio Urfé, director del Instituto Cubano de Investigaciones Folklóricas, el Septeto Nacional se reorganizó para realizar en 1953 un conjunto de actividades en el marco del Festival de Música Popular y Folklórica, en el Anfiteatro de la Habana.

Piñeiro reapareció en 1954 al frente del Nacional en el programa de televisión Música de Ayer y Hoy.

En 1958 dirigió un grupo de grabaciones que su septeto realizó en los estudios de Radio Progreso.

En 1959 el grupo grabó un disco de larga duración para la firma Seeco, con composiciones de Piñeiro que habían constituido grandes éxitos años atrás: "Mayeya, no juegues con los santos"; "Bardo", "Lejana campiña", "Canta la vueltabajera", "Guanajo relleno", "Esas no son cubanas", "Alma guajira", "Castigador", "Échale salsita" y "Suavecito".

Piñeiro compuso varias claves ñáñigas, inspiradas en los cantos de la secta secreta Abakuá, mezcladas con formas de la rumba. "En la alta sociedad" y "Cantares del abakuá" (ambas grabadas por María Teresa Vera en distintos momentos de su trayectoria) son las más conocidas.

Otras creaciones suyas que alcanzaron gran popularidad a través de su septeto y de otros intérpretes son: "La cachimba de San Juan" (que sirvió de inspiración a Antonio María Romeu para componer un danzón del mismo título); "Guaguancó callejero" (que tocaron varios conjuntos de sones, como Chapotín y sus estrellas); "Sobre una tumba una rumba" (grabada por María Teresa Vera con Lorenzo Hierrezuelo, y años después por Celeste Mendoza, con la orquesta de Ernesto Duarte) y "Mentira", "Salomé" (éxito de Toña la Negra), entre muchas otras.

Tras el triunfo revolucionario de 1959, Ignacio Piñeiro recibió múltiples reconocimientos y homenajes, además de ser especialmente invitado a festivales, coloquios y forums de música popular que se celebraron en Cuba en los primeros años de la década de 1960.

Aunque en sus últimos años apenas hizo apariciones públicas, Piñeiro fue nominalmente director del Septeto Nacional hasta el 12 de marzo de 1969, cuando falleció en La Habana.

 

Bibliografía

Depestre Catony, Leonardo: Homenaje a la música popular cubana, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989.

Díaz Ayala, Cristóbal: Música Cubana. Del areyto al Rap, Fundación Musicalia, San Juan, Puerto Rico, 2003.

Giro, Radamés: Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2007.

Moore, Robin: Música y mestizaje. Revolución artística y cambio social en La Habana. 1920-1940, Editorial Colibrí, Madrid, España, 2002.