Expedición de Isidro Barradas

Historia, México

Expedición de Isidro Barradas (1829) Expedición española procedente de La Habana dirigida contra la independencia de México.  

Los días de México como país independiente comenzaron el 27 de septiembre de 1821. Sin embargo, no con esto quedaba la nueva nación exenta de peligros. Se temían, sobre todo, intentos de reconquista por parte de España, dadas la falta de seguridad y  de poder naval mexicanos. Fue entonces cuando se prepararon los primeros planes para tomar el castillo de San Juan de Ulúa, ocupado todavía por tropas españolas al mando del general José García Dávila.

Este militar se había negado a entregar el puerto de Veracruz a las fuerzas insurgentes que lo tenían sitiado, y  el 26 de octubre de 1821 se desplazó hacia la fortaleza de San Juan de Ulúa con doscientos soldados de infantería, artillería y municiones. El desplazamiento no causó en principio mucho eco en la política mexicana pero, al poco tiempo, la escasa fuerza con la que se había atrincherado Dávila se incrementaba con dos mil nuevos soldados de refuerzo, enviados por la metrópoli desde Cuba. La nueva situación constituía un peligro para la seguridad y la soberanía de México, que no contaba con navíos para atacar la fortaleza por mar, ni con artillería pesada para hacerlo por tierra. En consecuencia, ambas partes optaron por negociar, aunque la convivencia entre los españoles -atrincherados en la fortaleza- y los mexicanos residentes en el puerto de Veracruz, fluctuó entre tiempos pacíficos y enfrentamientos a lo largo de 1822 y 1823.

El 25 de septiembre de 1823 las fuerzas españolas bombardearon la plaza porteña, provocando el desplazamiento de más de seis mil civiles. Después del bombardeo, el gobierno mexicano decidió poner fin a la presencia hispana en el territorio nacional. El 8 de octubre siguiente, a pesar de no contarse con una marina de guerra adecuada, se decretó el bloqueo de San Juan de Ulúa para cortar el aprovisionamiento de hombres, víveres y municiones provenientes de La Habana, y se adquirió una escuadra que, al mando de Pedro Sainz de Baranda y Borreiro, logró finalmente rendir la fortaleza el 23 de noviembre de 1825.

Pese a la victoria sobre el último bastión español, un importante sector del gobierno mexicano sostenía  que España, al no aceptar los tratados de Córdoba que daban legitimidad al gobierno de México, firmados Juan O´Donojú como último Virrey, buscaría alguna forma de recuperar su antigua colonia, utilizando a Cuba como su plataforma. Por eso se acariciaron planes para propiciar la emancipación de la Mayor de las Antillas. Como parte de estos proyectos se contrató al marino norteamericano David Porter para que dirigiera la flota mexicana que debía atacar las líneas de comunicación marítima entre España y Cuba, protegiera los mares mexicanos y propiciara la independencia de la vecina isla.

En estas circunstancias, España decidió prepara una expedición para recuperar su antigua colonia mexicana. El mando de la empresa recayó en Isidro Barradas, natural de las Islas Canarias, distinguido militar del ejército realista, que solicitó el mando convencido, equivocadamente, de que la población mexicana se sumaría en masa a su causa.

Barradas arribó a La Habana el 28 de mayo de 1829, y el 5 de julio salió de su puerto, al frente de tres mil quinientos cincuenta y seis hombres. La flota, comandada por el Almirante Ángel Laborde, estaba conformada por el buque insignia El Soberano, dos fragatas, dos cañoneras y quince buques de transporte. La fuerza militar era, en su mayoría, reclutada en Cuba, a la que se sumó buen número de españoles expulsados de México a raíz de la independencia. De estos últimos provino el convencimiento de Isidro Barradas de que los mexicanos estaban deseosos de volver al dominio de Madrid.

En la bahía de Campeche, tres días después haber salido de La Habana, una violenta tormenta dispersó a la flota, cuyo punto de reunión era la Isla de Lobos, situada a dieciocho millas de la población de Tamiahua y a cuatro de Cabo Rojo, cerca del puerto de Tampico, en los límites entre Veracruz y Tamaulipas. La fragata Amalia y cuatro buques de transporte arribaron allí el 14 de julio, mientras que los demás fueron llegando en la semana siguiente. El 22 de julio casi toda la flota se encontraba en la Isla de Lobos, con excepción de un buque de transporte que conducía cuatrocientos soldados, el cual se vio forzado a dirigirse a Nueva Orleáns para reparaciones. El 26 de julio de 1829 la flota ancló en Cabo Rojo, y las operaciones comenzaron en la mañana siguiente. Los invasores intentaron el desembarco de setecientos cincuenta soldados y veinticinco botes, pero la fuerza de la marea lo impidió.

En definitiva, el desembarco comenzó a las 2 de la tarde del 27 de julio. Una vez en tierra, los expedicionarios españoles avanzaron  hacia el puerto de Tampico, mientras los barcos eran anclados en el río Pánuco. El 31 de julio se produjo el primer combate entre fuerzas españolas y mexicanas en Los Corchos, a veinte kilómetros al sureste de Pueblo Viejo (Veracruz). En el inicio de la expedición habían ocurrido las primeras bajas, a causa del calor, los insectos y las fatigosas marchas sobre la arena a que se habían sometido los soldados, cargados con sus implementos y víveres. Luego de algunas escaramuzas, y de haber incendiado el Fortín de La Barra -en la ribera sur del río Pánuco-, Isidro Barradas logró entrar a Tampico e instaló su cuartel general en la ciudad. A pesar de que tomó sin gran resistencia Altamira y otros pueblos, y de que expidió un manifiesto para asegurar que la expedición venía en son de paz y que comprarían víveres a precio justo, encontró un rechazo generalizado entre la población. Escribió a Cuba, solicitando refuerzos y explicando que, sin el apoyo esperado en México y sin  refuerzos de la Isla, pronto sus fuerzas quedarían aisladas y no podría cumplirse el plan original.

Cuando se anunció en México la invasión española, el general Antonio López de Santa Anna -entonces encargado de los mandos político y militar del territorio veracruzano- obtuvo autorización del gobierno del presidente Vicente Guerrero para marchar contra ella. Ocupó los buques mercantes y de guerra anclados en el puerto de Veracruz y fletó las embarcaciones necesarias para transportar la infantería y la artillería a Tuxpan, mientras la caballería avanzaba por tierra. Al frente de la magra fuerza que había logrado reunir, marchó personalmente sobre el enemigo, contando, a su favor, con el respaldo de los lugareños y con el apoyo del general Manuel Mier y Terán, que actuó desde el lado norte de Cabo Rojo.

Santa Anna llegó a Pueblo Viejo, acercándose a los invasores, mientras Mier y Terán se fortificó en la hacienda El Cojo, próxima al puerto de Tampico. Así Barradas quedaba atrapado entre dos fuerzas mexicanas, con escasos víveres y municiones, bajo lluvias torrenciales y enfrentando una epidemia de fiebre amarilla.

Entre los meses de agosto y septiembre ocurrieron varios encuentros en los alrededores de Tampico, pero la batalla final tuvo lugar precisamente en Pueblo Viejo, entre el 10 y el 11 de septiembre de 1829. El 10 de septiembre Manuel Mier y Terán atacó con éxito el Fortín de La Barra, en tanto Santa Anna lanzaba un intrépido ataque al cuartel  general de Barradas considerado por la prensa mexicana un triunfo “apoteósico”.

Esta victoria resultó decisiva para la carrera política y militar de Antonio López de Santa Anna. Le ganó la banda de general de división,  el título de defensor de la patria y un sincero y espontáneo beneplácito nacional. Para México ese triunfo fue definitivo. El éxito de las armas mexicanas sobre la última expedición de reconquista española en México consolidó la independencia de la nación.

 

Bibliografía

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