Erick López Ríos

Deporte, Cuba

Erick López Ríos (1972). Gimnasta cubano. Primer latinoamericano medallista en Campeonatos Mundiales de la especialidad. Ganador de 18 medallas de oro en Juegos Deportivos Panamericanos.

Nació en la ciudad de La Habana, el 29 de diciembre de 1972. Aunque provenía de una familia deportista, ninguno había estado relacionado antes con la gimnasia. Era el menor de siete hermanos y todos estuvieron vinculados de alguna manera al ejercicio del músculo. Por  captaciones hechas en su escuela primaria se inicia en la especialidad y con solo 6 años comenzó a entrenar en la Academia de Gimnasia, ubicada en el municipio capitalino de Centro Habana. Con 10 años ingresó en la escuela nacional de la disciplina, también en Ciudad de La Habana, y ya a los 13 tuvo su debut internacional.

A finales de 1987 se incluyó en la preselección nacional. A pesar de no tener el somatotipo adecuado —sobre todo, en cuanto a estatura en comparación con otros gimnastas cubanos de la generación anterior con resultados notables como Roberto León Richard y Casimiro Suárez—,  esto no constituyó impedimento para el joven Erick. Estudios recientes han demostrado, sin embargo, que la estatura ideal es más o menos 1,63 metros, la misma que tenía el cubano.

Dos años después, en 1989, Erick López asistió a su primera gran competencia, el Campeonato Mundial de Stuttgart, Alemania, como miembro del equipo nacional. La constante renovación de la gimnasia en Isla llegó en el inicio de la década del 90 del siglo XX. Erick asistió a sus primeros Juegos Centroamericanos y del Caribe en Ciudad de México, donde obtuvo medalla de oro en caballo con arzones y terminó con la de plata en el all-around o máximo acumulador, por detrás del local Telesforo Pineda. Muy diferente lo acontecido en la siguiente cita centroamericana en Ponce 1993, donde el cubano se llevó el primer lugar en la suma de los aparatos y se proclamó el rey de los juegos.

Sin cumplir los 17 años, Erick hizo su debut en Juegos Deportivos Panamericanos, en la cita de La Habana en agosto de 1991, donde alcanzó sus primeros grandes resultados. Era prácticamente un desconocido, pero desde ese momento inició su increíble ascenso al podio en esas competencias, al obtener la presea de oro como máximo acumulador —o sea, la suma de sus ejecuciones en cada uno de los seis aparatos—, además de primeros lugares en otras dos modalidades: caballo de salto y barras paralelas. A partir de entonces, el cubano escribió una oda al virtuosismo que no se detuvo hasta Santo Domingo 2003, con cuatro títulos consecutivos como gimnasta más completo.

Sin embargo, a los Juegos Deportivos Panamericanos de Mar del Plata, Argentina, Erick llegó con una lesión que podía entorpecer sus aspiraciones de reinar una vez más. Su férrea voluntad y perfección técnico-artística no impidieron que ganara el all-around, caballo con arzones y barras paralelas para liderar al equipo cubano, que alcanzó otras dos de oro por intermedio de Damián Meriño en manos libres y anillas.  

Ese mismo año, tomó parte en el Campeonato del Mundo en la ciudad japonesa de Sabae, pero —como bien dijera en una oportunidad el propio Erick López— fue un evento para olvidar por completo, pues hizo todo lo que un gimnasta no puede hacer. Muy distinto resultó el siguiente en Lausana, Suiza, dos años después, donde el cubano se ubicó entre los ocho primeros en el all-around, hecho sin precedentes para la gimnasia artística en la mayor de las Antillas. 

Un año antes, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Maracaibo 1988, lideró a su escuadra que en total ganó ocho medallas de oro, cuatro de plata y otras tantas de bronce. Al protagonismo de Erick López se sumaron los atletas cubanos Abel Driggs y Lázaro Lamela.

A las Universiadas de Palma de Mallorca, en 1999, asistieron los mejores gimnastas del mundo, como preámbulo de lo que vendría al siguiente año: los Juegos Olímpicos de Sydney. Erick López volvió a ratificar su integralidad, al terminar con medalla de bronce como máximo acumulador. Y llegaron sus terceros Juegos Deportivos Panamericanos, en Winnipeg. Semanas antes, el estelar gimnasta no se había recuperado de una linfangitis, por lo que existía una gran incertidumbre por su posible participación en la cita múltiple canadiense. Solo él y su entrenador, Ernesto Izaguirre, estaban convencidos de que podría revalidarse la corona y mantener la hegemonía en el continente. Pocos días antes de la partida, tuvo que parar en los entrenamientos, pues la infección en uno de los dedos del pie se le había complicado más de lo previsto. Pero, se tomó la decisión de que competiría en los Juegos, se confiaba ciegamente en su estelaridad. Y Erick compitió con la vida más que con la técnica. En los tres días de competencias, el cubano se lució sobre el tapiz. Logró medallas de oro en anillas, barras paralelas, caballo con arzones y en el all-around, además de contribuir al primer lugar de Cuba por equipos. Además, por si fuera poco, se llevó un segundo puesto en barra fija. Obviamente, apenas pudo competir en el suelo y en salto al potro, ejercicios donde sí tenía que apoyar más sus piernas. Una vez más fue el rey de los Juegos y la prensa local lo calificó como "el hombre perfecto".

Erick López Ríos nunca pudo alcanzar una medalla olímpica, el gran sueño de todo deportista, pero al menos lo intentó en no pocas oportunidades y en algunas estuvo bien cerca, como en la cita estival de Sydney 2000.  Su desempeño fue bueno y mereció estar en la final, pero los jueces no lo calificaron con justeza en su principal aparato, las anillas, y quedó en el noveno puesto, como primer suplente. En el concurso de máximo acumulador finalizó en el lugar 17.  

La principal proeza de Erick llegó un año después, al materializar otra de sus grandes metas. Una medalla en citas del orbe, lugar solo reservado para los grandes. La lid fue el Mundial de Gante, Bélgica, donde alcanzó la medalla de plata en otro de sus aparatos preferidos: las barras paralelas. Su ejecución tuvo un alto grado de dificultad y muy bien ejecutada, por lo que recibió calificación de 9,675, solo superado por el estadounidense Sean Towsend (9,700) y por delante del estelar bielorruso Iván Ivankov (9,637). Asimismo, entre los máximos acumuladores, y entre la flor y nata de la gimnasia mundial, Erick se colocó en un meritorio quinto lugar. Lo mejor por Cuba hasta ese momento había sido  un cuarto lugar de Casimiro Suárez en caballo de salto, en el Mundial de 1981, donde en las preliminares de barra fija obtuvo además calificación perfecta de 10 puntos, primera y única de un cubano en Campeonatos del Mundo.  

Ese mismo año, Erick triunfó en la Copa América por invitación, un certamen en el cual tomaron parte solo gimnastas de la elite, y en 2002 se llevó la medalla de oro en el Panamericano de la disciplina con sede en Cancún, México; en ambos casos como máximo acumulador.

En 2003 repitió el quinto lugar en el all-around del Campeonato Mundial en la ciudad californiana de Anaheim y tomó parte en sus cuartos Juegos Deportivos Panamericanos, con sede en Santo Domingo, República Dominicana. Erick, como mejor gimnasta del continente, asistió a la cita quisqueyana con la etiqueta de favorito y con el objetivo de seguir incrementando su cosecha de medallas. Otro accidente puso en peligro su participación, pues semanas antes del inicio de la justa panamericana se había fracturado el dedo gordo del pie en una sesión de entrenamientos. Mas, no dejó de sorprender, pues con molestia y todo ganó seis medallas de oro e incrementó a 18 los títulos en estas citas cuatrienales, algo que ningún otro ha podido igualar. Además superó las cinco doradas y una plateada alcanzadas en Winnipeg 1999. El cubano demostró su fuerza, elasticidad y precisión en el caballo con arzones, anillas, barras paralelas y barra fija, además de proclamarse el más completo en el all-around y como integrante de su equipo Cuba.

En total, en Juegos Deportivos Panamericanos, Erick López alcanzó 18 medallas de oro, tres de plata y una de bronce, y quebró el récord que mantuvo por más de 35 años el gimnasta estadounidense Abraham Grossfeld (14- 2-5).

Ya todo un veterano, Erick siguió su andar por los tapices del mundo. En 2003 terminó séptimo en las paralelas y quinto en el all-around del Campeonato Mundial de Anaheim, y al año siguiente intervino en los Juegos Olímpicos de Atenas, donde terminó en el lugar 20 en el concurso de máximos acumuladores, insatisfecho por algunas calificaciones de los jueces; sobre todo, en sus preferidas, las barras paralelas (9,675) y anillas (9,500), aunque lo más negativo resultó una caída en los arzones (8,600), su ultimo ejercicio en la rotación.   

Ha sido considerado el mejor gimnasta de su país de todos los tiempos. Después de 26 años en el deporte activo, Erick López decidió retirarse en 2004, aunque nunca se desvinculó de la gimnasia artística; primero como entrenador y luego como juez calificado. Fue seleccionado para pasar un curso de preparación integral y dos años más tarde se incluyó en una maestría coordinada con Solidaridad Olímpica, donde recibió clases en varias ciudades españolas e hizo la evaluación final en Suiza.

El medallista panamericano ha incursionado en el terreno de la narración deportiva y ha trasmitido sus experiencias en otros países. En el año 2014 realizó una labor en Puerto Varas, Chile, con la creación de clínicas deportivas y la capacitación a deportistas, dirigentes y simpatizantes de distintos deportes. A través de sus charlas entregó conocimientos y la perspectiva de un deportista olímpico de alto rendimiento.

 

Bibliografía

Forbes, Irene, Ana María Luján y Juan Velázquez: Famosos y desconocidos. Cubanos en Juegos Olímpicos, Ediciones Unión, La Habana, 2003.

Hernández, Armando: Páginas de victorias, Editorial Deportes, La Habana 2001.

Masjuán, Miguel Ángel y Juan de las Cuevas: Personalidades del deporte cubano, Editorial Científico-Técnica, La Habana, 2008.