El Andarín Carvajal

Deporte, Cuba

El Andarín Carvajal (Félix de la Caridad Carvajal y Soto, 1875-1949). Corredor de fondo y maratonista cubano. De origen muy humilde, autodidacta en su formación. Participó en varias demostraciones y competencias nacionales e internacionales. Su actuación más importante fue un cuarto lugar en la Olimpíada de Saint Louis, Estados Unidos, en 1904.

Félix de la Caridad Carvajal y Soto, conocido popularmente como El Andarín Carvajal, nació en La Habana, el 18 de marzo de 1875, en el edificio de Águila esquina a Malecón, en la barriada de Colón, hoy municipio de Centro Habana.

Desde muy pequeño se trasladó con su familia para el poblado de San Antonio de los Baños, al oeste de la actual provincia de La Habana. Cuentan que cuando niño sus pasatiempos favoritos fueron correr a la par de los quitrines y los caballos, o subir a paso largo las colinas para dejar sin aliento a sus compañeritos de juego.

En noviembre de 1889 realizó su primera proeza, un memorable duelo contra el fondista español Mariano Bierza, quien había protagonizado varias demostraciones en San Antonio y finalmente retó a todos los hombres presentes a correr junto a él, para ver hasta dónde aguantaban. Carvajal, de solo 14 años por entonces, aceptó el desafío y a las 7 de la mañana del día siguiente, comenzaron a dar vueltas al parque de la localidad. Alrededor de las 5 de la tarde, Bierza, completamente extenuado, tuvo que abandonar la carrera, mientras Carvajal solo se detuvo a las 7 de la noche, luego de unas 12 horas de continuo trotar.

Durante la Guerra de Independencia, en 1895, El Andarín Carvajal se incorporó a las tropas mambisas que luchaban contra el colonialismo español. Fue expedicionario, combatiente y, por supuesto, correo. Sus prodigiosas piernas lo llevaron de pueblo en pueblo, acarreando y trayendo mensajes de los independentistas. Finalmente tuvo que exiliarse en Tampa, bajo el riesgo de caer en manos del enemigo.

Al terminar la guerra regresó a La Habana, donde ejerció humildes labores como barbero, cartero, mandadero y portero del hotel Inglaterra, a la vez que se destacaba como deportista.

En 1904, alentado por un amigo, decidió participar en los Terceros Juegos Olímpicos a celebrarse en Saint Louis. Sin ningún respaldo oficial (para esa época no existía secretaría, ministerio u otra dependencia gubernamental de deportes en Cuba), El Andarín tuvo la idea de recaudar fondos para su empeño, recorriendo las calles de La Habana con carteles que decían: "Coopere con un deportista cubano que quiere ir a la Olimpíada". De esta manera recaudó el dinero para su viaje en barco hasta Nueva Orleáns. Una vez allí, las diversiones, las damas y los timadores lo dejaron sin dinero. Por tal motivo tuvo que realizar el viaje hasta Saint Louis a pie, recorriendo 1 100 kilómetros, que, aunque le sirvieron de entrenamiento final, lo dejaron exhausto.

El 30 de agosto de 1904, El Andarín se presentó a la meta de salida con una vestimenta inapropiada para la ocasión: camisa de mangas largas, pantalones largos y zapatos altos de los usados por los carteros. Uno de los participantes, tijera en mano, le hizo el favor de cortarle las mangas de la camisa y la pata de los pantalones, con el fin de que su indumentaria fuera más cómoda.

Junto a otros 30 corredores comenzó la carrera y pronto el cubano se adueñó de la primera posición. Sin embargo, en el kilómetro 29, Carvajal se salió de la carretera a comer unas manzanas, pues el hambre lo agobiaba. Reincorporado a la competencia, después de avanzar varios centenares de metros, sintió fuertes dolores de estómago; al detener el ritmo, perdió valiosos minutos y, tal vez, la gran oportunidad de conquistar cualquiera de las tres medallas.  Finalmente, 14 atletas cruzaron la meta y el cubano Félix Carvajal Soto ocupó la cuarta posición. Solo superaron al de la mayor de las Antillas, tres oponentes locales: Tom Hicks con tiempo de 3 horas, 28 minutos y 53 segundos; seguido de Albert Corey (3:34:52) y Arthur Newton (3:47:33). A pocos minutos de un premio de bronce cruzó la meta el habanero.

Esta muy relevante actuación ha motivado una gran especulación acerca de que quizá con un adecuado entrenamiento, el pintoresco Andarín Carvajal hubiera sido el ganador de la competencia de maratón de los Terceros Juegos Olímpicos.

Antes de regresar a Cuba, El Andarín participó en el Primer Maratón del Missouri Athtletic Club, escenificado en Saint Louis, el 6 de mayo de 1905 a 40 kilómetros. Allí recibió una copa de plata por el tercer lugar alcanzado con un tiempo de 3:44, solo inferior al de los norteamericanos Joe Forshaw (3:15: 58) y Sydnet Hatch (3:37).

De regreso a La Habana, El Andarín pidió apoyo al gobierno para participar en un importante maratón que se iba a celebrar en Atenas, Grecia, como parte de los Juegos Panhelénicos. Mas, no obtuvo esta ayuda y tuvo que acudir, nuevamente, al cartel en el pecho y a las donaciones de algunos admiradores. Después de mucho empeño consiguió el dinero y partió en un barco hacia Europa. Sin embargo, no pudo estar a tiempo para la competencia: la maratón se había corrido tres días antes de su llegada a tierras helénicas. Los organizadores del evento habían enviado la convocatoria tomando en cuenta el calendario antiguo, y eso le provocó el desfase. Sin dinero para el regreso, El Andarín realizó varias demostraciones en ciudades de Grecia, Italia y algunas otras de países europeos, hasta reunir lo necesario para volver a Cuba.

Personaje pintoresco, siempre vestido con pantalones cortos, medias largas, con gorra, y tocando sin cesar su silbato de cartero, los niños lo seguían a todas partes por su bien ganada fama y su llamativa indumentaria. "Parece mentira que hubiera una época en La Habana en que un hombre se ganara la vida corriendo, pero era así –dice Renée Méndez Capote en sus Memorias—. Carvajal, ya medio viejo, flaco y calvo, no dejaba de correr un minuto. Entraba en el patio, daba muchas vueltas tocando incesantemente un pito, pedía agua fría que se echaba por la cabeza, tomaba medio peso que nosotros le tendíamos con admiración, y se iba siempre corriendo y sonando el pito".

Continuó sus andanzas deportivas, cosechando muchos triunfos. En 1907 ocurrió un encuentro en el Parque Central de La Habana entre Carvajal y el mexicano Vicente Ruiz, quedando triunfador el cubano. También el gran corredor participó en un match contra el estadounidense Shelton, quien en cinco horas dio 65 vueltas al circuito, mientras Carvajal dio 111. Con 34 años asistió a una prueba profesional celebrada en Nueva York con premios entre 5 000 y 200 dólares para los puestos del uno al siete, pero esta vez no pudo terminar la prueba. En 1928, con 53 años, logró la proeza de darle

4 375 vueltas a la Manzana de Gómez (ubicada entre las calles Monserrate y Zulueta; Neptuno y San Rafael, en Ciudad de La Habana, muy próxima al Capitolio Nacional) durante seis días y seis noches, alimentándose solamente con jugo de naranja. Dos años después cubrió 2 300 kilómetros por carretera entre Guane, Pinar del Río, y Santiago de Cuba, desde el 1o de enero hasta el 23 de septiembre de 1930.

En 1938 realizó una dura prueba empujando un carrito entre La Habana y la ciudad de Cárdenas en la provincia de Matanzas. Cinco años más tarde corrió sin detenerse entre La Habana y Matanzas.

En 1948, con motivo de los carnavales, durante tres domingos consecutivos, Carvajal dio 15 vueltas entre el parque Maceo en El Vedado y la calle Monte en La Habana.

Su última presentación tuvo lugar en el Estadio del Cerro (hoy Estadio Latinoamericano), cuando, después de estar circunvalando La Habana, se lanzó al terreno y le dio algunas vueltas. Los aficionados, de pie, lo aplaudieron varios minutos. "Esto es para demostrar que todavía corro", respondió a los aplausos del público.

Félix Carvajal falleció el 27 de enero de 1949, olvidado y desatendido,  en su mísera casucha bajo el puente de La Lisa, en La Habana.

 

Bibliografía

Forbes, Irene y Juan Velásquez: Elegidos por la gloria, Editorial Científico-Técnico, La Habana, 2004.

Méndez Capote, Renée: Memorias de una cubanita que nació con el siglo, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1998.