Convento de Santa Clara de Asís de La Habana

Historia, Arquitectura e Ingeniería, Religión, Cuba

Convento de Santa Clara de Asís de La Habana (1644). El primero y más importante entre sus similares en Cuba y el Caribe insular. Sus claustros alojaron a mujeres de las más notables familias de la elite habanera, hasta que fue adquirido por el gobierno republicano en 1922.    

La fundación del convento de clausura de Santa Clara, en 1644, tuvo su origen  en la preocupación de la oligarquía habanera por el destino de las jóvenes  solteras. Además de los siempre valiosos nexos  con la Iglesia que su creación reportaba, se prevenía así el deshonor a que podía exponerse una familia con una hija casadera en una ciu­dad de costumbres extremadamente libres.

Desde inicios del siglo XVII se había hecho evidente esa preocupación, pues en el Cabildo abierto celebrado en la Parroquial Mayor el 6 de abril de 1603 algunos de los vecinos importantes de La Habana habían mostrado su interés en conseguir concesión para fabricar un convento de religiosas donde profesaran las hijas de quienes no podían "dar estado (…) conforme a la calidad de sus personas" por carecer de dote suficiente para el matrimonio. Así, además, las doncellas evitarían "el peligro de perder sus honras y buena reputación". La remisión de la propuesta al rey se puso en manos del gobernador Pedro de Valdés, quien nombró una comisión que indagara sobre la disposición de los vecinos a contribuir a la obra, cuántas jóvenes estarían dispuestas a profesar y cuáles serían sus dotes. Durante el gobierno de Valdés, la gestión no dio resultado alguno.

La principal preocupación de la Corona fue la relativa al costo de la obra, según  consta en una Real Cédula leída en el Cabildo el 24 de septiembre de 1610. El 1o de noviembre de 1613 los vecinos ofrecieron contribuir con cincuenta y un mil reales para la fábrica, lo que se comunicó a la Corona. Para intentar influir sobre el rey se recurrió al duque de Lerma, a quien se nombró patrón del futuro convento, y se solicitó al arzobispo de Santo Domingo que también intercediera en favor de la fundación. Nada se obtuvo y, entre 1603 y 1632, el asunto se trató en el Cabildo en no menos de trece ocasiones.

En 1619, a los argumentos anteriores se añadió que el convento era necesario no solo para las jóvenes de La Habana, pues muchas familias de las zonas del interior anhelaban ese destino para sus hijas.  En abril de 1621 se obtuvo de los vecinos el compromiso de 19 000 reales para la fábrica del convento y de 37 919 ducados para la dote de las primeras monjas.

El 11 de octubre de 1624, aun sin recibir las autorizaciones reales, el gobernador Damián Velázquez de Contreras, en acuerdo con el Cabildo, dio los primeros pasos efectivos para llevar a cabo la edifica­ción del convento. Se eligió el lugar para la construcción y se en­cargó al maestro mayor «una planta para que por ella se conociese el costo que podría tener». El presupuesto fue de 14 500 ducados, suma que Joaquín E. Weiss ha estimado módica, aun para aquellos tiempos.

La aprobación real demoró otros ocho años, y solo el 20 de diciembre de 1632 se recibió la Real Cédula que daba a conocer la licencia real para la fundación del convento de mon­jas de Santa Clara, condicionada a que se dispusiera del dinero necesario, que las monjas se acogieran a los principios de las religiosas descalzas y que el convento se subordinara al clero secular. Alrededor de lo último se desataron algunos conflictos, pues se había previsto que las clarisas estuvieran adscritas al Convento de San Francisco de La Habana, al cual favoreció la decisión definitiva. 

La construcción se inició en 1638. Se acordó que antes de que se comenzaran  a levantar los muros se colocara una cruz en el lugar que debía ocupar el altar mayor, bendiciéndose el sitio y colocándose en él la primera piedra. En 1643 la iglesia fue abierta al culto, y al año siguiente se inauguró el convento con la residencia de las monjas, que poseía tres claustros con dormitorio, enfermería, huerta y un terreno muy espacioso. El con­vento tenía además una serie de construcciones y callejuelas, que se le incorporarían en la medida en que se extendía hasta ocupar las cuatro manzanas comprendidas entre las calles Cuba, Habana, Sol y Luz. Visto desde el exterior, el convento era solo un gran bloque de albañilería con ventanas altas.

El 4 de noviembre de 1644 llegaron a La Habana las primeras religiosas, e inmediatamente  que tomaron posesión del monasterio se admitió a la primera novicia habanera, Ana Pérez y Carvajal, quien recibió el nombre de reli­gión de sor Ana de Todos los Santos. En el momento de mayor esplendor del convento, el número de religiosas llegó a ser de cien, aunque cada una de ellas contaba en su servicio con una o más escla­vas, por lo cual en el convento llegaron a habitar no menos de doscientas cincuenta personas. La dote de admisión no podía ser menor de 2 000 ducados, y solo se podía ingresar por muerte de alguna de las monjas.

En 1922 las monjas se trasladaron a un nuevo edificio en la barriada de Lawton, y por primera vez el recinto fue abierto al público. Entonces se descubrió que detrás de sus muros se había conservado un trozo de La Habana antigua, con algunas casas que recibieron nom­bres alegóricos. De esa forma se enlazaban la leyenda y la historia, la fantasía y la realidad. Con la adquisición del convento por el Estado se llevaron a cabo modificaciones que destruyeron parte del ambiente del lejano siglo XVII conservado hasta entonces dentro de los muros por las enclaustradas. En la actualidad, el convento ha sido objeto de una cuidadosa restaura­ción y alberga el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología.

 

Bibliografía

Cuevas Toraya, Juan de las: 500 años de construcciones en Cuba, D.V. Chavín, Servicios Gráficos y Editoriales S.L., La Habana, 2001.

Roig de Leuchsenring, Emilio: La Habana. Apuntes históricos, 3 t., Ed. del Consejo Nacional de Cultura, La Habana,  1964.

Torres-Cuevas, Eduardo y Edelberto Leyva Lajara: Historia de la Iglesia Católica en Cuba. La Iglesia en las patrias de los criollos (1510-1789), Publicaciones de la Oficina del Historiador de la Ciudad, Ed. Boloña, La Habana, 2007.

Weiss Sánchez, Joaquín: La arquitectura colonial cubana: siglos XVI al XIX, Instituto Cubano del Libro, Junta de Andalucía, La Habana-Sevilla, 1996.