Claudio Martínez de Pinillos Cevallos

Política, Economía, Cuba

Claudio Martínez de Pinillos Cevallos (1780-1853). Hacendado y político cubano. Segundo conde de Villanueva y vizconde de Valvanera. Líder del grupo de plantadores azucareros que sustentó en Cuba la posición reformista en la década del 20 del siglo XIX y apoyó la política colonialista de España

Fue bautizado en La Habana, el 12 de noviembre de 1780, proveniente de una familia de origen navarro, llegada a la Isla hacia la segunda mitad del siglo XVIII. Su padre, Bernabé Martínez de Pinillos Sáez, fue  uno de los fundadores en La Habana del Real Consulado y Junta de Fomento (1795), en la cual, en su condición de comerciante principal de la plaza, fue uno de sus consiliarios.

Claudio Martínez de Pinillos alcanzó una educación esmerada, estudió humanidades en el Seminario de San Carlos, logrando una instrucción especializada en matemática e idiomas, con profesores particulares. En 1798 se inició su desempeño como militar, al alcanzar el grado de subteniente del Regimiento de Milicias de Dragones de Matanzas y, en 1803, el rango de capitán de caballería. En este mismo año comenzó su carrera administrativa, en la cual obtuvo los más amplios reconocimientos. Su primer cometido oficial fue la plaza de oficial en las Aduanas Marítimas.

En su labor en la Aduana tuvo relaciones con el intendente Pedro Pablo Valiente, quien después se desempeñó como ministro de Indias y alcanzó una gran autoridad en los asuntos americanos. En 1805, Pinillos pasó a España, en su doble condición de oficial primero de la Tesorería y capitán de las milicias habaneras, para servir de intermediario con Valiente en importantes gestiones. Los objetivos perseguidos con la visita, en correspondencia con el capitán general marqués de Someruelos y el sindico del Real Consulado, Francisco de Arango y Parreño, fue gestionar la entrada de buques neutrales al puerto de La Habana.

Encontrándose en Madrid, en 1806, en funciones de agregado al provincial de Toledo (24 de febrero), obtuvo, un año después, el hábito de Calatrava. Al estallar la invasión de las tropas francesas a España en 1808, se trasladó a Sevilla, donde se había constituido una autodenominada Junta Suprema Central, a la cual ofreció sus servicios como militar. Se le asignó al general Javier Castaño, con quien acudió, en condición de oficial, a la batalla de Bailén, primera victoria de las armas españolas contra los franceses. Por esta acción alcanzó el grado de teniente coronel de infantería.

En el período que radicó en Cádiz, recibió del Ayuntamiento y Consulado de La Habana amplios poderes para representar, a ambas instituciones, ante la Regencia del Reino. Vinculado a esta gestión, ha trascendido un hecho objeto de diferentes interpretaciones. Se trata de la promulgación por la Regencia de una Real Orden (17 de noviembre de 1810) que autorizaba el comercio directo de todos los puertos de Indias. En la versión del conde Toreno, esta se debió a un contubernio de Pinillos con el oficial mayor del ministro de Hacienda, Manuel Albuerne. El historiador Jacobo de la Pezuela califica esta versión de errada, y aduce en su favor las concesiones secundarias que en esta materia, con respecto a La Habana, logra el representante de las instituciones habaneras.

El expediente indagatorio sobre la promulgación de la referida Real Orden del 17 de noviembre, propiciado por las autoridades del comercio de Cádiz, se desestimó con el regreso al trono de Fernando VII en 1814. Antes del arribo del rey, Pinillos fue electo, en 1813, como diputado sustituto por La Habana para las Cortes de Cádiz. Al enfermarse el diputado permanente Francisco de Arango y Parreño, en el momento que las Cortes se trasladaban a Madrid, propuso que Pinillos, en su condición de suplente, lo sustituyera; pero se resolvió su permanencia en funciones, esperándose su recuperación y traslado a la capital del reino.

El 26 de septiembre de 1814 se le nombró tesorero general del Ejército y Hacienda de la Isla de Cuba, cargo que ocupó, ya de retorno a la Isla, en octubre de este año. Casi de inmediato, alcanzó su promoción a contador general del Ejército y Hacienda. Y en 1821, en ocasión del fallecimiento en La Habana del intendente Alejandro Ramírez, se encargó de modo interino de la Superintendencia del ramo. En este desempeño Pinillos hizo posible el financiamiento con las arcas de La Habana, de las expediciones españolas contra los revolucionarios hispanoamericanos.

Por los incrementos que de las arcas reales alcanzó Pinillos, fue debidamente reconocido por la Corona. Gracias a ello, en 1822 logró que a las aduanas de la Isla no se les aplicaran unos aranceles de las Cortes de 1820, implementados tanto para los puertos de Ultramar como para la misma península. Entre sus medidas administrativas de mejores resultados, fue la creación de un Depósito Mercantil (1822), que le posibilitó resarcir las considerables anticipaciones que obtuvo por parte del comercio de La Habana. El recurso del Depósito permitía, mediante erogaciones relativamente pequeñas, surtir con gran provecho suyo a otros mercados de productos nacionales y extranjeros.

En 1823, luego del retorno de Fernando VII como resultado de la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis a España, las corporaciones de La Habana lo comisionaron para que fuera a ofrecer el debido homenaje al rey en nombre de las principales autoridades de la Isla; pero, en realidad, buscaban una reforma de los ramos de la administración y un incremento notable de las fuerzas navales y terrestres, como parte de un plan general de defensa ante el peligro de una invasión independentista de tropas colombianas o mexicanas.

Las gestiones  de Pinillos ante el monarca fueron favorecidas con un anticipo de 400 000 pesos fuertes que concedió al erario español, lo que le valió para que se le concediera la Orden de Isabel II.

En 1825 se le nombró superintendente de Hacienda y, tres años después, se le otorgaron honores de consejero de Estado, y la llave de gentil hombre de Cámara. Durante la década del 20, se le estimó el líder del reformismo insular, que convalidaba la dominación española en la Isla, en la versión propiciada por los plantadores azucareros y cafetaleros. Una tendencia diferente del reformismo en Cuba, fue defendida por los sectores medios, los cuales empezaron a manifestarse contra la trata esclavista.

Un enfrentamiento directo entre estas dos tendencias del reformismo insular, ocurrió en 1832, en ocasión del intento de crear, por exponentes de los sectores medios, una Academia Cubana de Literatura, después que José Antonio Saco ocupara la dirección de la Revista Repertorio y Revista Bimestre Cubana, en la cual publicó un artículo favorable al fin de la trata esclavista y la sustitución paulatina del trabajo esclavo con mano de obra libre. Contra el grupo nucleado en torno a la Revista y a la Academia, se aglutinaron Bernardo O’Gaban, en la presidencia de la Sociedad Económica de Amigos del País y el intendente Pinillos, quien solicitó al recién estrenado capitán general Miguel Tacón, la expulsión de Saco; llevada a efecto en 1833.

En 1832, los trabajos de la Comisión de los Caminos de Hierro, creada en 1830, pasaron a manos de la Junta de Fomento, presidida por Pinillos, quien llevó a feliz éxito (1837) la construcción del ferrocarril cubano —segundo en América y séptimo a nivel mundial—, valiéndose, entre otras influencias, de sus relaciones con el ministro inglés en Madrid, Jorge Villiers, quien facilitó los contactos con las firmas bancarias inglesas.

Entre los monumentos que para el lucimiento de La Habana se deben a Pinillos, se encuentran, entre las fuentes de La Habana, la de los Leones, situada en la Plaza de San Francisco y ubicada allí en 1836, y la más monumental, la de la India, símbolo de La Habana, situada al final del Paseo del Prado (Paseo Martí), a un costado del Parque de la Fraternidad, en las inmediaciones del Capitolio Nacional y la estatua de Fernando VII, situada en la Plaza de Armas, donde perviviría hasta principios de la segunda mitad del siglo XX.

En 1845 se le concedió la Grandeza de España de primera clase (Real Despacho de 26 de marzo), anexa al título de conde de Villanueva. Seis años después, se le nombró Consejero de Ultramar, funciones que lo llevaron a trasladarse a Madrid, donde murió el 22 de diciembre de 1852, cuando se le había concedido el título (Real Despacho de 8 de septiembre) de vizconde de Valvenera.

 

Bibliografía

Biografía del Excmo. Señor Claudio Martínez de Pinillos Conde de Villanueva, publicada en el periódico titulado el Trono y la Nobleza, que dirige Manuel Ovilo y Otero, Imprenta del Tiempo, La Habana, 1851.

Pezuela, Jacobo de la: Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba, t. 4, Imprenta del Banco Industrial Mercantil, Madrid, 1866.

Santa Cruz y Mallen, Francisco Xavier: Historia de familias cubanas, t. 3, Editorial Hércules, La Habana, 1942.

Torres-Cuevas, Eduardo: "De la Ilustración reformista al reformismo lideral", en Instituto de Historia de Cuba: Historia de Cuba. La colonia, evolución socioeconómica y formación nacional. De los orígenes hasta 1867, pp. 314-359, Editora Política, La Habana, 1994.