Carlos Aponte Hernández

Historia, Política, Cuba, Venezuela

Carlos Aponte Hernández (1900-1935). Revolucionario venezolano. Participó en Cuba en la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado. Combatió junto al general Augusto César Sandino en Nicaragua, donde alcanzó el grado de teniente coronel de la guerrilla.

Carlos Aponte nació en Caracas, Venezuela, el 12 de diciembre de 1900. Inició estudios de Medicina en la Universidad de Caracas. Desde su temprana juventud se sumó a toda actividad de rebeldía ante las injusticias, y se consagró por entero, en Venezuela, a la lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, interviniendo en manifestaciones y acciones armadas. Sufrió prisión en cárceles de Colombia y Perú, en las que estableció relaciones con muchos revolucionarios; fue perseguido en Chile y Ecuador, y se refugió en México, Panamá y El Salvador.

Tras ese azaroso período, las autoridades venezolanas le permitieron establecerse en Caracas. En 1925 decidió marchar nuevamente al exilio. Un barco ganadero lo condujo a la ciudad de Santiago de Cuba. Carente de recursos, aceptó un empleo de peón en una finca pecuaria; después se trasladó a la provincia de Camagüey, donde trabajó como dependiente en un bar. Más tarde, en La Habana, se integró a un grupo de compatriotas que también sufrían exilio por combatir la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Gracias a gestiones del doctor Gustavo Aldereguía Lima, la Federación Médica de Cuba le ofreció una plaza de cobrador. Dedicaba parte de la remuneración que recibía en ese trabajo a los emigrados revolucionarios de Centro y Sudamérica. En La Habana trabó amistad con antiimperialistas revolucionarios cubanos, y en su relación con Pablo de la Torriente Brau, Gustavo Aldereguía, Rubén Martínez Villena y Julio Antonio Mella se definió como hombre político y de acción. Se incorporó entonces a la Liga Antiimperialista de Cuba.

El 25 de mayo de 1927 Aponte se dirigió al hotel Sevilla, donde se hospedaba Laureano Vallenilla Lanz —escritor, periodista y diplomático venezolano de participación protagónica en la dictadura de Juan Vicente Gómez— y cuando este descendía de un automóvil a la entrada del hotel, en horas de la noche, lo atacó. Apresado después del violento encuentro, Aponte fue acusado por atentado al derecho de gentes y liberado después, tras pagar una fianza. Marchó a México, con la protección del embajador de ese país en Cuba, y en la capital mexicana fungió como una suerte de escolta de Julio Antonio Mella. En esa misión pudo descubrir a varios agentes del dictador cubano Gerardo Machado.

A finales de 1927 regresó a Cuba, donde corría peligro, por lo que de inmediato amigos militantes del Primer Partido Comunista de Cuba organizaron su salida clandestina del país. Ya había decidido incorporarse a las fuerzas revolucionarias que comandaba Augusto César Sandino en Nicaragua. Rubén Martínez Villena le entregó una carta que le serviría de recomendación en Honduras ante Froilán Turcios, director de la afamada revista Ariel y representante en el extranjero del general Augusto César Sandino. En marzo de 1928 ya Aponte se encontraba en las selvas nicaragüenses, donde dejaría una estela de hazañas. Se le nombró médico del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, y alternó esa función con la de combatiente guerrillero, hasta alcanzar el grado de teniente coronel. Para principios de 1929, cuando ya poseía gran experiencia en el movimiento insurreccional, fue ascendido al grado de coronel. Estimó entonces oportuno marchar a otras zonas de Latinoamérica, y, con fecha 1o de febrero de 1929, se registró su baja del ejército sandinista.

A la caída del dictador Gerardo Machado, Aponte se encontraba en México, y decidió regresar a Cuba una vez más. Llegó a La Habana, procedente de Ecuador, y entró en contacto con el Partido Comunista. Sin poseer militancia partidista, tuvo siempre como compañeros de acción revolucionaria a los comunistas, y se vinculó al denominado Frente Rojo o Ejército Libertador -fuerza de choque de la Comisión Militar del Partido Comunista-, el cual desempeñaría un papel de vanguardia en el enfrentamiento al gobierno.

El 9 de abril de 1934 desafió, en un espectacular duelo, al general venezolano Rafael Simón Urbina, en choque que enfrentó a dos hombres que representaban diferentes maneras de luchar por la revolución. Después, cuando Aponte era conducido por la policía al Castillo del Príncipe, fue rescatado por miembros del Frente Rojo y llevado al sanatorio La Esperanza, cuyo director era el médico comunista Gustavo Aldereguía Lima. Una vez restablecido de las lesiones que había sufrido, se mantuvo vinculado a los grupos armados del citado Ejército Libertador, que continuaban operando como unidades de autodefensa y con la misión de ejecutar sabotajes, procurar armas y hacer expropiaciones económicas para financiar la adquisición del material de guerra que requería el movimiento revolucionario cubano.

Los acontecimientos que se sucedieron y la táctica de las organizaciones revolucionarias (Partido Comunista, Joven Cuba y el ala radical del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), hallaron en Carlos Aponte un eficiente asesor militar de sus unidades armadas, en función de las acciones que demandaba la línea insurreccional.

Después del 15 de enero de 1934, cuando el presidente Ramón Grau San Martín se vio precisado a presentar su dimisión frente a la Junta Militar de Columbia y Fulgencio Batista encabezó la reacción contra todos los factores opuestos al cambio de gobierno, Aponte continuó luchando contra la política desarrollada por aquel desde su posición en el ejército, y participó en actividades junto a los revolucionarios cubanos. Recuperó gran cantidad de armas, algunas de las cuales se utilizaron más tarde en acciones que llevó a cabo; otras se emplearon en la lucha que los campesinos de Realengo 18 sostuvieron en defensa de sus tierras.

Tomó parte en la huelga general de marzo de 1935, que fracasó. Estableció entonces contactos con Antonio Guiteras Holmes. Ambos revolucionarios estuvieron de acuerdo en organizar una expedición con el propósito de conseguir armas y conducir combatientes a las costas cubanas, con el objetivo de derribar la tiranía implantada por Fulgencio Batista desde la jefatura del ejército. Según los planes, Aponte acompañaría a Guiteras al extranjero para preparar la empresa, en la que, por su experiencia militar y valor personal, ocuparía el cargo de jefe de estado mayor. En cumplimiento de esa misión acordaron salir de territorio cubano, en el yate Amalia, el 8 de mayo de 1935, por El Morrillo —pequeña fortificación colonial en la costa norte de Matanzas—, confiando en la garantía de apoyo que les ofrecía un oficial de la Marina de Guerra comprometido con la organización Joven Cuba y con su jefe, Antonio Guiteras.

Poco antes de embarcar descubrieron que estaban cercados. Salieron de El Morrillo hacia la carretera, donde tuvo lugar un tiroteo. Cuando intentaban regresar en medio de los disparos, ambos resultaron heridos. Guiteras murió instantáneamente, y Aponte quedó agonizante. Sus cadáveres fueron arrastrados por el ejército batistiano a través de un camino pedregoso hasta un bote, y llevados a la explanada enfrente de El Morrillo. Después se les trasladó a la morgue.

En 1937, José María García López sustrajo los restos mortales de Guiteras y Aponte del cementerio de Matanzas, por temor de que fueran profanados por los batistianos. Los mantuvo escondidos en una casa del municipio de Marianao, en la ciudad de La Habana, hasta que los entregó, en 1970. El 8 de mayo de 1975 fue inaugurado el Memorial El Morrillo, al cual se trasladaron desde el Museo de la Revolución —antiguo Palacio Presidencial—, las cenizas de Antonio Guiteras y Carlos Aponte.

 

Bibliografía activa

"Mi lance con el general Urbina", en Ahora, 20 de abril de 1934.

Bibliografía pasiva

Briones Montoto, Newton: Aquella decisión callada, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1998.

Cairo, Ana: Antonio Guiteras.100 años, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2007.

González Cartas, Jesús: "Los hechos del  El Morrillo: crimen y coartada", en Bohemia, La Habana, 26 de diciembre de 1948.

Nicolau, Ramón: "Carlos Aponte, rasgos de su personalidad revolucionaria", en Granma, 18 de mayo de 1975.

Quintana García, José Antonio: A paso vivo. Carlos Aponte en Cuba, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2008.

Tabares del Real, José A.: Guiteras, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973.

Taibo II, Paco Ignacio: Tony Guiteras, Un hombre guapo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009.