Caciques notables de Puerto Rico

Historia, Puerto Rico

Caciques: Jefes de comunidades indígenas. El sistema que organizaba la vida en Borinquen (hoy Puerto Rico) a la llegada de los colonizadores, funcionaba a través de cacicazgos. El cacique mayor era Agüeybaná.

Cuando lo colonizadores arribaron a las Antillas, muchos de sus pobladores estaban organizados a través de un sistema de cacicazgos. Los caciques, nombre que recibían los jefes, eran los encargados de dirigir la tribu. Estos recibían un tributo y gozaban de numerosos privilegios. Usaban como símbolo distintivo el guanín o disco de oro, que colgaba sobre el pecho, y eran transportados en literas hechas de madera y pajas, asistidos por personas de alto rango denominados nitaínos. A diferencia de los pobladores de la tribu (naborias) que habitaban en viviendas circulares y desprovistas de ventanas, llamadas bohíos, los caciques y bohiques (o bohití, médico brujo) residían en viviendas más grandes, rectangulares y con ventanas, denominadas caney. El espacio territorial dominado por un cacique taíno recibía el nombre de yucayeque. Los caciques alcanzaban tal distinción a través de la herencia o de un acontecimiento extraordinario que los llevara a ser jefes. 

El cacique mayor o principal de la isla Borinquen a la llegada de los colonizadores, se nombraba Agüeybaná, cuyo nombre significa "el gran sol". Este tenía su yucayeque (aldea, pueblo) al sur de la isla en una zona conocida por el nombre de Guainía. El cacique Agüeybaná recibió al conquistador Juan Ponce de León amablemente cuando este desembarcó en 1508 con la intención de asentarse en la isla, recibimiento que imitaron muchos caciques pues creían que los recién llegados eran divinos. Luego, Agüeybaná auxilió a Ponce de León en sus exploraciones. Los sucesivos intercambios entre ambos jefes reflejaban una alianza pacífica entre los habitantes de la Isla y los conquistadores. Agüeybaná, según las costumbres taínas, se convirtió en guaitiao de los recién llegados, es decir, aliado o amigo de los colonizadores. A pesar de la conducta pacífica de los indígenas, la ambición de la conquista hizo insostenible la alianza y los nativos comenzaron a ser duramente explotados en la extracción en las minas, la labranza de la tierra y en la construcción de casas. Agüeybaná muere en 1510.

Uno de los caciques identificados tempranamente por los colonizadores fue Caguax. Su yucayeque se encontraba en el valle Turabo. Rápidamente la zona fue de interés para la colonización y Caguax fue encomendado a Ponce de León. Una vez que el cacique comprendió la explotación a la que los sometían, rompió la alianza pacífica por lo que fue deportado como cautivo a La Española. Luego de que Caguax muriera, fue reconocida por los extranjeros como heredera su sobrina María Boaganamé.

Pronto la identificación con los dioses de los recién llegados, comenzó a ponerse en tela de juicio. A raíz de esta duda, en 1511 Agüeybaná II, sobrino y heredero de Agüeybaná, y Urayoán, ambos caciques de Borinquen, decidieron comprobar la veracidad de la inmortalidad de los conquistadores. Para ello, Urayoán convenció a Diego Salcedo para que permaneciera por muy breve tiempo en su aldea. Con la ayuda de otros indígenas, Urayoán ahogó a Salcedo en un caudaloso río, llamado Guaorabo, que iban cruzando. Después de tres días, los cuales permanecieron los nativos observando el cadáver, y de que el ahogado no resucitara, Urayoán concluyó que los extranjeros no eran ni dioses ni inmortales. Como era de esperarse, al propagarse la noticia Agüeybaná II decidió sublevarse contra los conquistadores. Sin embargo, Agüeybaná II fue muerto prontamente en la batalla de Yagüecas, contraofensiva organizada por Ponce de León ante el sorpresivo ataque. La muerte del cacique al inicio de la batalla y la superioridad del armamento extranjero precipitaron la derrota de los indígenas. A pesar de esta derrota los nativos de Borinquen persistieron en su actitud beligerante. Junto a los caciques Agüeybaná II y Urayoán, lucharon en la sublevación los caciques Mabodamaca, Aymamón y Guarionex. Estas sublevaciones se conocen con el nombre de la Rebelión Indígena de 1511.

El cacique Aymamón tenía su yucayeque, denominado Aymaco, al noroeste de la isla, cerca del río Coalibina el cual desemboca en la bahía de Aguadilla. Entre los años 1508 y 1510, el lugarteniente Don Cristóbal Colón de Sotomayor fundó en esta zona, por órdenes de Ponce de León, la segunda población de la isla, la cual se conocía con el nombre de “Villa de Sotomayor”. Con la introducción en 1509 de las encomiendas, el cacique se sublevó contra los colonizadores. En la rebelión taína de 1511, Aymamón y sus hombres incendiaron la villa y mataron a la mayoría de sus pobladores. A cada intento de refundación de “Villa de Sotomayor” por parte de los colonizadores, los indígenas respondieron con la quema del poblado.

Otro de los caciques que se unió a Agüeybaná II en la rebelión de 1511, fue Otoao, también conocido como Don Alonso. El yucayeque donde fungía como jefe se encontraba hacia el oeste de la Isla, zona donde Guarionex había tenido su yucayeque y fuera cacique principal. Luego de que Agüeybaná II fuera muerto en Yagüecas, Otoao, como mismo hicieran Caguax, se acogió a la amnistía que ofrecía Ponce de León, quien ya sabía de la muerte del cacique mayor, a aquellos caciques que pactaran con los colonizadores y aceptaran las doctrinas cristianas. Una vez que Otoao decide abandonar la causa indígena, este es bautizado con el nombre de Alonso Manso.

Yuisa (¿?-1513) fue cacica de una región llamada Jaymanio, en los márgenes del río Caynabón (conocido hoy como Río Grande de Loíza). Fue una de las mujeres cacicas más destacadas en la sociedad prehispánica.

Estuvo, junto con otros caciques, entre los primeros que llevaron a sus comunidades a trabajar en las fincas y las minas reservadas a la Corona española. La alianza con el pueblo de Yuisa era importante para los conquistadores, que ambicionaban el territorio que ella controlaba, que no era pacífico. Fue convertida al cristianismo, y al parecer adoptó el nombre de su padrino, don Luis de Añasco. Contrajo matrimonio con el mestizo español Pedro Mexía. Su hacienda, próxima al río Caynabon, fue atacada por tribus caribes en el año 1513. Murieron su esposo y un estanciero vecino, y la cacica sufrió heridas que posteriormente también le causaron la muerte.

El historiador Salvador Brau asegura que la paronimia entre los nombres de Luisa y Yuisa y el apellido español Loíza ha dado pábulo a la tradición popular que quiere ver en este último un nombre indígena, pero en realidad no hay suficientes pruebas documentales de que el nombre de cristiana de Yuisa fuera Luisa, como tampoco  de su cacicazgo ni de su matrimonio con Mexía.

Sin embargo, hay una rica tradición de historias orales y musicales en Loíza. Yacimientos arqueológicos prehispánicos de la zona, entre los que sobresale el de Hacienda Grande, han revelado restos de vasijas para granos, ollas incisas con líneas entrecruzadas, envases para ingerir bebidas y piedras semipreciosas para el adorno personal que testimonian los alcances de la cultura indígena en el lugar.

Las relaciones entre indígenas y migrantes de otras razas, que representa el mito de Yuisa, se refleja en que Loíza sea hoy el municipio con mayor proporción de pobladores de raza negra en la isla de Puerto Rico.

Unido a la superioridad del armamento de los colonialistas, los indígenas comenzaron a sufrir los males de la viruela. Estos dos factores propiciaron el debilitamiento de las fuerzas nativas.

 

Bibliografía

Gómez Acevedo, Labor y Manuel Ballesteros Gaibrois: Culturas indígenas de Puerto Rico, Samarán, Madrid, 1975.

Coll y Toste, Cayetano: Prehistoria del Puerto Rico, Bilbao, 1969.

Sued-Badillo, Jalil: “The indigenous societies at the time of Conquest”, en Sued-Badillo, Jalil (eds.): General History of the Caribbean, vol. I, UNESCO Publishing/ Macmillan Publishers Ltd., París/Londres, 2003, pp. 259-292.