Belkis Ayón

Artes Visuales, Cuba

Belkis Ayón Manso (1967-1999). Artista cubana, una de las figuras renovadoras del grabado caribeño contemporáneo. Su obra ha sobresalido por dotar, críticamente, a la Sociedad Secreta Abakuá de una iconografía propia, a partir de su mito fundador.

Nació en La Habana Vieja el 23 de enero de 1967. Aunque sus padres eran de origen humilde y no tenían relación alguna con el mundo del arte, apoyaron las inquietudes artísticas de Belkis desde que en 1973 obtuvo sus primeros éxitos en los concursos de artes plásticas organizados en la escuela primaria. De ahí que matriculara en el Círculo de Pintura de la Biblioteca Pública “Máximo Gómez”, conducido por la profesora Zenaida Armenteros. En 1979 ingresó en la Escuela Elemental de Artes Plásticas “20 de Octubre” y en 1982 pasó a la Academia de San Alejandro, donde contó con el magisterio de los grabadores Carlos A. García y Ángel Ramírez. En 1986, luego de concluir la Academia, fue aceptada en el Instituto Superior de Arte (ISA) para obtener la Licenciatura en Grabado en 1991, bajo la tutela de importantes grabadores cubanos como Luis Cabrera, Rolando Rojas, Luis Lara y Pablo Borges, quienes fueron profesores suyos. Durante sus años universitarios participó en más de 30 eventos expositivos, como la VII y VIII Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe (Puerto Rico, 1986 y 1988 respectivamente), la II Bienal Latinoamericana de Artes Gráficas del Museo de Arte Hispánico Contemporáneo de Nueva York (1988) y en la 4ª Bienal de La Habana (1991).

A pesar de su manifiesto ateísmo, en 1984 comenzaron sus indagaciones en torno a la Sociedad Secreta Abakúa, religión mutualista cubana de origen africano, practicada sólo por hombres, cuyos mitos constituyeron la principal fuente de inspiración de Belkis Ayón, especialmente el mito de la Sikán, princesa africana que no guardó el secreto del hallazgo del Pez Sagrado y, en consecuencia, fue sentenciada a muerte. Por esta razón, está prohibido el acceso de mujeres a la secta, condición que reforzó el acercamiento básicamente intelectual de la artista a esta práctica religiosa. Valiéndose de esta y otras referencias histórico-culturales, entre ellas las valiosas aportaciones de Fernando Ortiz, Enrique Sosa y Lydia Cabrera, Ayón supo crear un imaginario visual del ñañiguismo, hasta entonces inexistente. Desde esos años de formación académica, concibió las primeras calcografías, litografías y colografías que recreaban, de modo original, la leyenda fundadora de la mencionada secta. Posteriormente, tuvo la enriquecedora oportunidad de intercambiar con los artistas Gregorio Goyo Hernández y Tato Quiñones, miembros abakuás, quienes le facilitaron la información necesaria para sus investigaciones.

Ante la ausencia de un patrón de referencia, Ayón recurrió a los iconos bizantinos y asimiló varios de sus atributos formales y estilísticos en función de sus propósitos. Por eso muchos de sus grabados carecen de fondos contextuales específicos y exhiben formas planimétricas y contornos perfectamente delimitados, privilegiándose la síntesis. Los ojos, grandes y almendrados, concentran una significativa carga expresiva ante la marcada ausencia de nariz, boca y oídos en los seres representados; además, la utilización de la aureola bizantina para realzar a las figuras, sobre todo a Sikán, obra en igual sentido.

En 1987 fue distinguida en el Encuentro de Grabado´87. Un año después realizó su primera exposición personal, titulada Propuesta a los veinte años, en una galería municipal próxima al ISA. Presentó allí varios grabados a color, entre los cuales figuraba La cena (1988), una de sus obras más conocidas por el uso original de la técnica colográfica y la lograda intertextualización con la famosa escena bíblica. La ejecución del grabado de gran formato con propósitos instalativos, perceptible en esta muestra, marcó pautas en su desarrollo posterior en Cuba. Cuando concluyó sus estudios superiores, optó por el uso exclusivo del blanco, el negro y disímiles matices del gris, con los cuales reforzaba la dimensión trágica de la leyenda, pues Ayón no se limitó a recrear simbólicamente determinados episodios míticos, sino también a poner en tela de juicio el código ético de los abakuás, especialmente la condena a muerte de la Sikán. La presentación amable de la princesa, desprovista de la marca culpante, y el desagravio de la transgresión de la mujer, revelan un reivindicativo discurso de género en su obra. Ejemplo de ello puede observarse en sus piezas Sikán (1991), La sentencia (1993) y sobre todo en la mencionada La cena (1991, versión en blanco y negro), donde la Sikán es equiparada con Cristo. Además, los cuerpos suelen aparecer asexuados, ambivalencia que viabiliza la inclusión de la mujer en el espacio vedado.

Su primer viaje al exterior acaeció en mayo de 1992, cuando realizó una exposición bipersonal con Eduardo Yáñez en Canadá. Un año después se hizo profesora de grabado en la Academia de San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte, labor docente de gran influencia en la formación de las nuevas generaciones de grabadores. En junio de 1993 se agenció el Primer Premio en la 1e. Internationale Grafiek Biennale en Maastricht (Holanda) y, a finales de ese mismo año, realizó su exposición Siempre vuelvo en el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de La Habana. En muchos de sus grabados, Belkis Ayón apela a varios motivos referidos tanto a la leyenda como a los cultos abakuás: la cruz, la serpiente, el chivo, el gallo y el pez sagrado Tánze, dibujado siempre con la cola fraccionada en tres partes, acorde con la descripción mítica. Asimismo, se reiteran las denominadas rayas, trazos, marcas o grafías mágicas, o sea, dibujos que por su carácter esotérico desempeñan un papel relevante en las ceremonias de la secta. Al respecto se puede mencionar la pieza Nlloro (1991), en la cual aparece representado un rito fúnebre típico. Además, aquí se percibe otro elemento distintivo del estilo ayoniano: las pieles de serpiente, leopardo o escamadas al modo de los peces o los reptiles, muchas veces en proceso de mutación. En la iglesia de St. Barbara (Breinig, Alemania) presentó, en 1995, la muestra Sostenme en el dolor, que supuso un giro fundamental en su trayectoria, pues a partir de entonces se interesó en representar el drama implícito en la tradición abakuá, en detrimento de sus personajes y símbolos característicos. Al año siguiente se incorporó por breve tiempo al proyecto La Huella Múltiple, con los artistas Sandra Ramos, Ibrahim Miranda y Abel Barroso, para plantear otro modo de entender el grabado al emplear nuevos soportes y métodos de reproducción.

En 1997 asistió al taller ¿Dónde estoy parado?, impartido en el ISA por el artista puertorriqueño Antonio Martorell, con quien estableció una profunda relación de trabajo y amistad. El MoCA y el MoMA de Nueva York adquirieron sendas obras de la artista en 1998, año en que obtiene el Primer Premio en la XII Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe en Puerto Rico. Poco después fue nombrada vicepresidenta de la Asociación de Artes Plásticas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Su última exposición personal, Desasosiego, se llevó a cabo en la Galería Conturier en Los Ángeles, donde presentó varios grabados de mediano formato, cuyas referencias simbólicas a la religión abakuá se resentían a favor de alusiones a vivencias y preocupaciones personales, con títulos que evocan algunas letras de canciones populares colombianas. Al acentuarse la autorreferencialidad, confesada varias veces por ella misma, la obra de Belkis Ayón se hizo progresivamente más dramática y cerrada a conflictos humanos de alcance universal, aunque también relacionados con la peliaguda situación socioeconómica de la Isla durante la década de los 90, con la cual establece sutiles parábolas. Algunos ejemplos de esta última fase creativa, con títulos muy elocuentes, son: Acoso, Intolerancia,  My Vernicle o la honda herida, My Vernicle, o tu amor me condena, todos ellos de 1998.

En 1999 efectuó los últimos tres viajes al extranjero: a Pennsylvania, Londres y Zurich; en el primero de ellos impartió tres talleres en varias universidades y recibió una residencia artística en el Brandywine Workshop de Filadelfia.

Belkis Ayón no sólo concibió coherentemente una iconografía propia de la leyenda abakuá desde una posición al mismo tiempo deconstructiva —paradoja que la convierte en una “transgresora”, como la Sikán—, sino además renovó la colografía con alto virtuosismo técnico. Pese a su prematura muerte, su nombre es insoslayable en el conjunto de las artes plásticas de los años 90 y una referencia obligada en la historia del grabado cubano de todos los tiempos.

En circunstancias no del todo aclaradas, el 11 de septiembre de 1999 Belkis Ayón se suicidó en su apartamento de Alamar, al este de La Habana, donde su hermana Katia Ayón, Estate de la artista, atesora en la actualidad gran parte de su obra, también exhibida en instituciones cubanas como el Museo Nacional de Bellas Artes, el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y la Casa de las Américas.

 

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