Augusto C. Sandino

Historia, Política, Nicaragua

Augusto C. Sandino (Augusto Nicolás Calderón Sandino, 1895-1934). Patriota y revolucionario nicaragüense. Dirigió la resistencia contra la ocupación militar de Estados Unidos. Héroe Nacional de Nicaragua.

Nació en el pueblo de Niquinohomo, Departamento de Masaya, el 18 de mayo de 1895. Hijo del cultivador cafetalero llamado Gregorio Sandino López y la trabajadora indígena Margarita Calderón Ruíz. De niño con apenas nueve años, laboró en la agricultura hasta que su madre lo entregó a la abuela materna, encargada de su crianza. En 1911 pasó a vivir con la familia de su padre, –quien tenía con su esposa América tres hijos: Sócrates, Asunción y Zolia-, y en esta etapa Augusto completó sus estudios primarios. Además comenzó a trabajar de peón en las tres fincas que poseía su progenitor, así como ayudante de administración y en el transporte de los productos agrícolas. En 1916 aprendió mecánica en una hacienda cercana a Costa Rica.

El 4 de octubre de 1912 el joven Sandino presenció el entierro del general liberal Benjamín Zeledón, Héroe de Coyotepe. El militar había caído en  combate contra las tropas norteamericanas que intervinieron en Nicaragua ese año con el pretexto de la llamada Guerra de Mena. Sandino quedó marcado para siempre frente a la imagen de los marines norteamericanos que ocupaban su patria, quienes enterraron con desprecio el cuerpo inerte del general nicaragüense.

En 1920, tras herir en un altercado a Dagoberto Rivas, hijo de un prominente político conservador de la zona, debió refugiarse en la región atlántica y después en la vecina Honduras. En el puerto hondureño de La Ceiba trabajó en un almacén de la Honduras Sugar and Distilling Company y en 1923 se trasladó a Guatemala, donde fue mecánico en los talleres en Quiriguá de la United Fruit Company. De aquí siguió a México, donde se empleó en la South Pennsylvania Oil Company de Tampico y, desde 1925, en la refinería de Cerro Azul, en Veracruz, propiedad de la Huasteca Petroleum Company. En estos lugares se vinculó a las actividades sindicales y recibió decisivas influencias para su formación política de masones, anarquistas, antimperialistas y marxistas. Todos ellos nutrieron al movimiento obrero emanado de la Revolución Mexicana.

Luego de retirarse las tropas estadounidenses de Nicaragua, en agosto de 1925, Sandino regresó a su pueblo natal el 10 de junio del siguiente año, donde no pudo permanecer mucho tiempo por la manifiesta hostilidad de su antiguo enemigo Dagoberto Rivas, entonces alcalde de Niquinohomo. Por ese motivo se trasladó a León, donde laboró en la administración de las minas de oro de San Albino y, al mismo tiempo, se dedicó a concientizar a los mineros y a entrenarlos en el uso de las armas. Con esos hombres, tras estallar el 2 de mayo de 1926 la Guerra Constitucionalista, debido al desconocimiento por los conservadores Emiliano Chamarro y Adolfo Díaz de la sucesión presidencial que correspondía al liberal Juan Bautista Sacasa, Sandino se alzó en Las Segovias. El 2 de noviembre de ese mismo año obtuvo la resonante victoria del combate de El Jícaro y con ese aval se trasladó a Puerto Cabezas, en la costa atlántica, donde Sacasa había constituido su gobierno. Aquí le fue negada ayuda militar por el jefe del ejército constitucionalista general José María Moncada.

De regreso a Las Segovias, Sandino obtuvo nuevos éxitos militares a principios de 1927 en San Juan de Segovia y Yucapuca. Además, el 28 de marzo de ese año su participación fue decisiva en la toma del poblado de Jinotega por las fuerzas de Moncada, victoria que contribuyó al sostenido avance de los constitucionalistas sobre el área del Pacífico nicaragüense y le valió ser aceptado en el ejército liberal como jefe de Las Segovias, convertida en su principal zona de operaciones. En ese período, Sandino contrajo matrimonio, el 18 de mayo de 1927, con la telegrafista Blanca Estela Aráuz, quien murió el 2 de junio de 1933, durante el parto de su única hija nombrada Blanca Segovia.

Anta la posibilidad de la entrada rebelde en Managua, los marines, llamados en su ayuda por los conservadores, volvieron a intervenir en Nicaragua con el pretexto de detener los enfrentamientos armados, para lo cual impusieron el Tratado de Tipitapa o del Espino Negro el 4 de mayo de 1927. Este acuerdo puso al descubierto la traición de los liberales a los intereses nacionales y despertó el descontento en la mayoría de la población.

Convertido en el más prestigioso general constitucionalista que aun combatía a los conservadores, Augusto C. Sandino, entonces con 32 años de edad, se negó a aceptar el tratado y con sus partidarios inició la resistencia en Las Segovias. El 19 de mayo de ese año hizo un llamado a la lucha contra el ocupante extranjero.  Fue entonces que enarboló la tradicional bandera roja del liberalismo, a la que añadió una franja negra para indicar la alternativa de patria libre o morir. El 1 de julio dio a conocer un Manifiesto Político y el 16 de julio libró la batalla de Ocotal, que ocasionó el primer bombardeó de la aviación norteamericana a la población civil.

En respuesta, comenzó a formarse un verdadero ejército popular para la lucha guerrillera. El 2 de septiembre de ese año se aprobaron en El Chipote los estatutos del Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua. Esta fuerza se convirtió muy pronto en un símbolo para los pueblos latinoamericanos amenazados por Estados Unidos, levantando una ola de solidaridad que abarcó el hemisferio. En casi todos los países de América Latina se organizaron comités ¡Manos fuera de Nicaragua!, al mismo tiempo que las filas sandinistas se nutrían de combatientes de las más diversas procedencias.

En reacción a los avances del Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua, el gobierno títere de Adolfo Díaz declaró el estado de sitio, mientras el arzobispo de Managua excomulgaba a los seguidores de Sandino y las tropas norteamericanas incrementaban su capacidad combativa con el empleo de artillería y aviación. Estas y otras medidas punitivas no pudieron impedir el aumento de las acciones armadas contra los ocupantes extranjeros y el significativo crecimiento de las fuerzas sandinistas en 1928.

Como resultado de la maniobra electoral fraguada por el propio mandatario electo de Estados Unidos Herbert Hoover, el 1 de enero de 1929 se colocó en la presidencia al antiguo jefe liberal José María Moncada. Sandino se vio obligado a abandonar Nicaragua. De esa época datan sus cartas a varios líderes latinoamericanos, entre ellos el presidente argentino Hipólito Irigoyen, donde exhortaba a la unidad continental contra las imposiciones de Estados Unidos.

Durante un tiempo residió en México, cuyo gobierno, salido de la Revolución Mexicana, había condenado la intervención norteamericana en Nicaragua. Se radicó en Mérida (Yucatán), mientras sus hombres continuaban combatiendo a los marines. Tras una entrevista con el presidente mexicano Emilio Portes Gil, el 29 de enero de 1930, Sandino regresó en forma clandestina a su tierra natal para ponerse de nuevo al frente del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.

Esta segunda etapa se caracterizó por operaciones militares de mayor envergadura, sobre todo entre 1931 y 1932, que los sandinistas ampliaron su control a zonas de los departamentos de León y Chinandega, donde libraron acciones combativas en la costa atlántica del país. En octubre de 1932 los seguidores de Sandino llegaron a las puertas de Managua, la capital.

El empantanamiento de la guerra en Nicaragua, la propia evolución de la situación interna de Estados Unidos, sumados a las crecientes protestas internacionales, obligó al gobierno norteamericano a buscar fórmulas más sofisticadas para acabar con la lucha de los sandinistas. Con ese propósito se  creó la Guardia Nacional, se anunció la retirada de los marines y en noviembre de 1932 se convocaron nuevas elecciones que llevaron al poder al liberal Juan Bautista Sacasa.

De inmediato, el nuevo mandatario propuso a Sandino iniciar conversaciones para terminar la guerra. El 8 de enero de 1933, seis días después de la retirada del último soldado norteamericano, se iniciaron las negociaciones entre Sandino y los representantes de los partidos tradicionales. En ellas el General de Hombres Libres, como le había llamado en 1928 Henri Barbusse, aceptó desarmar su ejército y retirarse con sus tropas a las tierras que se le ofrecían junto al río Coco.

Traicionado por sus interlocutores, Sandino fue emboscado y asesinado en la noche del 21 de febrero de 1934, por órdenes expresas del jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García, y del embajador norteamericano en Nicaragua Arthur Bliss Lane. Al fusilamiento de Sandino siguió pocas horas después la masacre de sus compañeros acantonados, sin armas, junto al río Coco.

A pesar de su trágica desaparición, el nombre del General de Hombres Libres devino bandera del movimiento de liberación nacional en América Latina y forzó a Estados Unidos a reexaminar las formas y métodos de su dominio en la región. Su lucha legendaria también sirvió de inspiración para la creación en 1961 del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que derrocó la dictadura de los Somoza y que hoy constituye la principal fuerza política del país. Augusto C. Sandino fue proclamado Héroe Nacional de Nicaragua, donde se le venera como la más trascendental personalidad de su historia.

 

Bibliografía

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