Armando Menocal

Artes Visuales, Cuba

Armando García Menocal (1863-1942). Pintor cubano cuya representación del paisaje insular y de varios acontecimientos históricos del proceso independentista y sus principales figuras, le ha otorgado un lugar prominente en las artes visuales de su país.

Nació en La Habana el 8 de julio de 1863 (otras fuentes indican el año de 1861). Desde los nueve años de edad manifestó inclinación hacia el arte y a los 13 ingresó en la Academia de San Alejandro, todo lo cual impulsó a su madre a enviarlo a España para que completara los estudios cuando sólo tenía 17 años. Una vez allá, se estableció en Madrid, conoció al artista Francisco Jover Casanova, profesor de la Academia de San Fernando, con quien entablaría amistad y en cuyo taller se entrenó como aprendiz. La corriente historicista en la escena plástica española ejerció una notable influencia en el joven Menocal, pues el retrato histórico era considerado, a la sazón, una condición sine qua non del verdadero pintor. 

Luego de 4 años apreciando el ingenio de los principales maestros expuestos en el Museo del Prado, realizó la pieza Generosidad castellana, galardonada con el Segundo Premio en la Exposición de Madrid en 1876. Este cuadro fue adquirido por un argentino acaudalado después de un canje que Menocal realizara con Federico de Madrazo, entonces director del mencionado Museo, donde dejó la obra La despedida del guerrero, conservada hoy en la Escuela de Medicina de Madrid.

También fue alumno de Francisco Domingo Marques, fraternizó con Joaquín Sorolla y frecuentaba diversos círculos artísticos y literarios para discutir temas de interés general, de modo que había adquirido una amplia cultura al término de esta etapa formativa.

Una vez en Cuba, al quedarse fascinado con la poderosa luz tropical, plasmó su visión del paisaje de la Isla en una serie de obras en las cuales la exuberante naturaleza cubana exhibía admirablemente su fulgor característico. Asimismo, cultivó con intensidad cromática el género del retrato, sobre todo de numerosas figuras públicas, como el obispo de La Habana, con lo cual obtuvo el aplauso inmediato del público y el reconocimiento de la crítica, entre ellos los poetas Julián del Casal y Bonifacio Byrne. De esa época es su monumental cuadro Embarque de Colón por Bobadilla, expuesto en el Salón del entonces Teatro Tacón y, poco después, en la Exposición Internacional de San Francisco, no sin causar el revuelo en las altas instancias coloniales por presentar encadenado al Almirante. En 1893, una obra suya, El derecho feudal, fue distinguida con el Primer Premio en el concurso organizado durante la exposición Aires da miña terra.

Al estallar la guerra de independencia en 1895, no dudó en alistarse en las filas insurgentes para combatir en la manigua bajo el mando de Máximo Gómez, pero no abandonó la pintura, más bien la puso a favor de la causa revolucionaria, pues ejecutó a pluma varios retratos de los más importantes artífices del proceso libertador (ya había realizado el de José Martí en 1891, a partir de una foto entregada por la madre del Apóstol), posteriormente reproducidos gracias a la técnica del grabado. Muchos de esos retratos fueron vendidos en la emigración con el objetivo de recabar dinero para el campo de batalla, donde el artista alcanzó el grado de Comandante del Ejército Libertador.

Regresó a La Habana luego de finalizar la conflagración y se le concedió la cátedra de paisaje de la Academia de San Alejandro, al morir el titular de la disciplina en aquel momento, el también pintor de la colonia Valentín Sanz Carta. Por otro lado, la patricia Rosalía Abreu le encargó la decoración de su palacete, en el cual Menocal llevó a cabo varias pinturas murales, incorporando motivos mitológicos, que demostraron una vez más su destreza en el dibujo y el manejo del color. Además, compuso algunas de las piezas históricas en torno a la lucha independentista: La Invasión, La Batalla de Coliseo y La muerte de Antonio Maceo (1908), esta última encomendada por el Municipio de La Habana, caracterizada por su fuerza dramática y la bien lograda integración de las figuras humanas en el paisaje rural.

Ganó por concurso la realización de los paneles decorativos del Aula Magna de la Universidad de La Habana, así como el decorado del Palacio Presidencial en 1912, específicamente del techo del Salón de Recepciones, y pintó el impresionante cuadro de tema histórico La Toma de Guáimaro.

Participó con varios retratos en la Exposición Universal de París en 1900 y consiguió allí una Mención Honorable. Fue premiado con la Medalla de Oro en la Exposición Nacional que tuvo lugar en la Quinta de los Molinos en 1911, con 11 paisajes de temática cubana, aparte del retrato de José Miguel Gómez, entonces presidente de la República. Su asistencia a los Salones Anuales de la Asociación de Pintores y Escultores y del Círculo de Bellas Artes fue ininterrumpida.

En 1915 le concedieron el Primer Premio por su obra Amanecer en la primera edición del Concurso de Pintura, convocado por la Academia Nacional de Artes y Letras, de la cual fue fundador y miembro de número, así como presidente de la Sección de Pintura. En 1927 pasó a dirigir la Academia de San Alejandro, donde solía narrar a sus alumnos anécdotas de la gesta independentista. Incursionó también en la poesía con algunos sonetos, como el dedicado a exaltar la figura de Maceo y su heroicidad durante la Invasión a Occidente.

Otra obra polémica fue Leda y el cisne, de evidente inspiración mitológica, exhibida en el establecimiento de efectos artísticos El Pincel, en plena calle del Obispo. El tema del desnudo escandalizó por su manifiesta “inmoralidad”; en consecuencia, las autoridades decidieron suprimir el cuadro ante un público imposibilitado de apreciarlo.

También cabe mencionar los conocidos lienzos Retrato de Lily Hidalgo, La Jura de Santa Gadea —conservado en el ayuntamiento del municipio valenciano de Alfafar, España.

La pintura de Menocal, adscrita al llamado realismo académico, abarcó los principales géneros, asuntos y procedimientos canónicos de su tiempo: el retrato, el paisaje, el tema histórico, la naturaleza muerta, la mitología, la decoración y otros. Pese a que se le criticó muchas veces su academicismo, su arte no podía sino responder al espíritu de sus circunstancias, tanto las propiamente históricas como artísticas; de ahí su repulsa hacia la sensibilidad moderna. Por consiguiente, su pincelada se caracterizó no sólo por un colorido luminoso, sino además por la capacidad mimética para captar los pormenores del objeto y la pulcritud de los diferentes elementos compositivos. Su ejemplar dominio del dibujo y las normas fundamentales de la proporción y la armonía, influenció ampliamente en la formación de innumerables artistas.

Sus convicciones patrióticas hicieron de él uno de los pintores que con mayor fuerza contribuyó a la creación de un lenguaje visual propiamente cubano, al representar con autenticidad escenas identificativas del ser nacional, sobre todo en un momento de cambio de sensibilidad histórica, cuando Cuba dejaba de ser colonia española y se enfrascaba en un deficiente proceso democrático. Así lo ratificó al expresar: “Quisiera yo que el arte de la pintura entre nosotros afirmara aun más todavía su carácter nacional”.

Armando Menocal murió el 28 de septiembre de 1942 (algunas fuentes indican el mes de diciembre) en su ciudad natal. Sus obras más emblemáticas se conservan en varias instituciones culturales cubanas, entre ellas el Museo Nacional de Bellas Artes.

 

Bibliografía

García, Ezequiel: “Noticias de arte”, en El Fígaro, La Habana, año XXVI, no. 23, junio 5, 1910.

Loy, Ramón: “Armando Menocal, pintor y patriota”,en El Mundo, La Habana, junio 29, 1941.

Menocal, Armando: “Charla pictórica”, en Gaceta de Bellas Artes (Publicación del Club Cubano de Bellas Artes), La Habana, año II, nos. 3 y 4, julio-diciembre, 1925.

Torriente, Loló de la: Estudio de las artes plásticas en Cuba, La Habana, Úcar García, 1956.