Arístides Fernández Vázquez

Artes Visuales, Literatura, Cuba

Arístides Fernández Vázquez (1904-1934). Pintor y cuentista cubano, una de las figuras más destacadas de la vanguardia artística en Cuba. También se le ubica en el primer modernismo cubano y está considerado entre los artistas más significativos de la generación del 30.

Nació en Güines, el 20 de julio de 1904. Alrededor de 1915 su familia estableció residencia permanente en la ciudad de La Habana. Desde muy joven mostró una marcada inclinación por la pintura, y en 1917 tomó un curso de dibujo elemental. En 1925 logró matricular en la Academia San Alejandro con la ayuda de Víctor Manuel. No tardó en perder interés por los anquilosados patrones académicos para buscar sus propios recursos expresivos, en consonancia con las profundas transformaciones estéticas que supuso el proceso de las vanguardias históricas. Por esta razón abandonó definitivamente los estudios y se hizo autodidacta.

Tuvo una formación bastante entrecortada y exigua, limitada sobre todo a encuentros informales en su vivienda con otros jóvenes pintores como Jorge Arche, Domingo Ravenet y el propio Víctor Manuel, de modo que se desenvolvió con plena libertad creadora, al margen de pruritos academicistas. Aunque en general tuvo poco contacto con los círculos del arte de su época y nunca viajó fuera de la Isla, solía visitar las tertulias habaneras de Emilio Rodríguez Correa. Asistía a una finca, ingenio de un amigo suyo, donde leía autores de la talla universal de Fiódor M. Dostoievski y Honoré de Balzac, mientras que en la ciudad escuchaba a Beethoven con regularidad.

El exigente espíritu autocrítico que lo movía a destruir continuamente sus cuadros para rehacerlos, y su temprana muerte a la edad de treinta años, hicieron que Arístides Fernández legara un conjunto reducido de obras que nunca fueron expuestas en vida del artista. Todas sus exposiciones se realizaron póstumamente. La primera de ellas fue organizada por su amigo Jorge Arche en la sociedad Lyceum el 19 de diciembre de 1934, solo cuatro meses después de la muerte del artista. Jorge Mañach tuvo a su cargo unas palabras de elogio. En ella fueron presentados 15 óleos y 19 dibujos.

Una nueva muestra de su ejercicio plástico tuvo lugar en el Salón de los Pasos Perdidos del Capitolio Nacional, del 15 al 30 de noviembre de 1950, con 45 obras entre óleos, acuarelas y dibujos provenientes de las colecciones privadas de la familia, de Jorge Arche, Emilio Rodríguez Correa y José Lezama Lima, quien escribió las palabras del cartel y fue uno de sus más constantes analistas.

La revista Orígenes le dedicó en 1956 un número homenaje (el 26), en el cual escribieron Fina García-Marruz, Ángel Gaztelu, Lorenzo García Vega, Julián Orbón y  Cintio Vitier.

Otras exposiciones se efectuaron en el Museo Nacional de Bellas Artes: una entre marzo y mayo de 1965, nuevamente con palabras al catálogo de José Lezama Lima, y otra en junio de 1973. Ambas fueron organizadas bajo la égida del entonces Consejo Nacional de Cultura.

La más reciente exhibición de su obra tuvo lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes, en el año 2004, en conmemoración del centenario de su nacimiento. Resultó un magnífico reencuentro con lo mejor de su arte. En el catálogo de la muestra algunas personalidades provenientes del grupo Orígenes y del quehacer artístico nacional plasmaron sus reflexiones acerca del artista.

Las inquietudes temáticas de su obra pictórica giran en torno al mundo rural y las preocupaciones de trasfondo sociológico, lo cual ubica al pintor dentro de las coordenadas del “arte nuevo”. Sus óleos se caracterizan por una concepción fundamentalmente expresionista que le permitió trasmitir el universo representado, con sobriedad formal, fuerza y emoción, a partir del reflejo de la naturaleza interna de la convulsa realidad de la dictadura de Machado, sin referencias circunstanciales directas, y exento de las superficialidades en el tratamiento del tema por otros pintores. En su obra, logra elevar el espacio de la intimidad a una dimensión social.

Sin duda alguna, su colección de dibujos, tintas y acuarelas son tan relevantes como sus óleos, en algunos de los cuales se proyectaba una voluntad potencialmente muralista, que no pudo realizar.

Se le han reconocido influencias de Paul Gauguin, Amedeo Modigliani y, sobre todo, de Paul Cézanne; se ha llegado a afirmar que Arístides Fernández es el Cézanne cubano, por su condición de innovador y el desconocimiento en que estuvo sumida su creación mientras vivió. Entre sus piezas más significativas se encuentran La familia se retrata, Autorretrato, Manifestación, El batey, El entierro de Cristo y Retrato de la madre del artista; de esta última hay tres versiones.

La pintura concebida en los últimos seis meses de su vida, fue realmente poco valorada por sus coetáneos. Sin embargo, su calidad, coherencia y ánimo renovador lo convirtieron en un auténtico precursor, que ejerció una incuestionable influencia en las siguientes generaciones.

Como cuentista escribió un total de 17 relatos que aparecieron dispersos en publicaciones periódicas (Mesuario, Espuela de Plata y Orígenes) y que fueron recogidos en un libro editado post mortem en 1959. Algunos críticos lo clasifican como narrador de tendencia “imaginativa” y otros como antecedente del cuento fantástico moderno en Cuba, conjuntamente con Rubén Martínez Villena. También se alega que es el iniciador del cuento de horror en la literatura cubana.

En 1940 apareció por primera vez en la revista Espuela de Plata un breve comentario sobre dos de sus relatos, en el que se subrayaba la valía de su actividad narrativa. En su prólogo a los cuentos de Arístides Fernández, publicado en el no. 3 de la revista Casa de las Américas (1960), Fausto Masó abordó los argumentos de los mismos. Dos de sus textos más conocidos, “La cotorra” y “La mano”, fueron analizados por Eduardo Toural en la revista Taller de Santiago de Cuba en 1974. El primero de ellos fue adaptado a la radio, en versión libre, para un espacio de Radio Cadena Habana.

Sus estrategias narrativas son deudoras de las lecturas que hizo básicamente de Giovanni Boccaccio, Edgar Allan Poe y Fiódor  Dostoievski. También están las huellas del cubano Alfonso Hernández Catá, quien lo influyó en el tratamiento de algunos temas. La mayoría de sus cuentos se centran en los desequilibrios psíquicos, los procesos del subconsciente, así como en las derivaciones de las miserias humanas y en conductas como la crueldad.

Se han establecido varias líneas ideotemáticas en su cuentística: el tratamiento de lo fantástico-extraño; la disolución de los vínculos afectivos entre los seres humanos, con visos melodramáticos; las diferentes actitudes ante la muerte; el fallecimiento materno, un verdadero leitmotiv;  el hambre y los contrastes entre el campo y la ciudad.

Es perceptible una complementación orgánica entre su escritura y su pintura. Varias veces se ha comentado la tendencia del autor a proyectar en la ficción su experiencia plástica, a la vez que la indeterminación en la expresión literaria encuentra una plena configuración en el campo de la visualidad. Esto viene dado fundamentalmente por el variable grado de narratividad de sus cuadros y la plasticidad en el manejo de las atmósferas narrativas, en las que el color y la luz desempeñan una función clave en la configuración del tiempo y el espacio ficcionales.

Globalmente, su producción narrativa es desigual. Se trata de un autor de poco oficio, con irregularidades en la consecución estética de la prosa y por el enfoque muchas veces ingenuo con que afronta sus temas. Pero esto no impide reconocer los valores que lo convierten en una referencia obligada a la hora de establecer los antecedentes de varias tendencias en el plano de la ficción literaria en Cuba.

Falleció tempranamente, el 21 de agosto de 1934. 

 

Obra

Cuentos, Administración municipal de Marianao, Instituto Municipal de Cultura, 1959.

Bibliografía pasiva

Carreño, Enrique: Transmutaciones relacionables en Arístides Fernández, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1994.

García-Marruz, Fina: “Homenaje a Arístides Fernández”, en Orígenes, no.7, Otoño, La Habana, 1945.

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________________: Tratados en La Habana, Universidad de Las Villas, Santa Clara, 1958.

________________: “Arístides Fernández, otra de sus visitas”, Catálogo de la exposición Arístides Fernández. Óleos y dibujos, Museo Nacional de Bellas Artes, marzo 9 - mayo, La Habana, 1965.

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Martínez, Juan A: Cuban Art & National Identity. The Vanguardia Painters 1927-1950, University Press of Florida, Gainesville, Florida, 1994, p. 154.

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Pogolotti, Graziella: “A los 75 años de su nacimiento: Arístides Fernández”, en Granma, La Habana, 28 de mayo de 1979.

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