Antonio López de Santa Anna

Historia, Política, México

Antonio López de Santa Anna (1784-1876). Caudillo veracruzano, dominante en la escena política mexicana de la primera mitad del siglo XIX.

Antonio López de Santa Anna nació el 21 de febrero de 1794 en la villa de Xalapa. Fue hijo de  Antonio López de Santa Anna Pérez de Acal y de Manuela Pérez de Lebrón Cortés, criollos novohispanos acomodados, originarios del puerto de Veracruz. El padre había sido por muchos años Subdelegado en la antigua provincia de Veracruz, y fue propietario de una de las cuatro escribanías que existían en la plaza porteña. Allí pasó el hijo la mayor parte de su niñez y juventud, si bien mantuvo profundos vínculos con la villa jalapeña.

Su padre pretendía que trabajara en una tienda, pero él optó, con el apoyo materno, por la carrera militar. En  1810, a sus dieciséis años, ingresó en el Real Regimiento de Infantería. Se desempeñó por cinco años como soldado realista, participando con éxito durante la guerra de independencia en la campaña de pacificación de las provincias internas de Oriente. Combatió a las fuerzas insurgentes de Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón y otros jefes independentistas de Tamaulipas, Texas, Monterrey, Coahuila y San Luís Potosí. En 1815 regresó a la tierra natal con el regimiento de Veracruz y fue designado comandante militar de los extramuros de la ciudad portuaria.

En marzo de 1821 secundó el Plan de Iguala proclamado por Agustín de Iturbide, para lograr la emancipación de la Nueva España, y se sumó al ejército de las Tres Garantías: religión, independencia y unión. Como oficial insurgente mostró, al igual que lo había hecho como realista, valentía y arrojo en las acciones en que intervino. Tomó la villa de Xalapa el 29 de mayo de 1821 y, aunque fracasó en su intento por ocupar el puerto de Veracruz, se hizo acreedor al mando político y militar de la provincia.

Pero entró en conflicto con Iturbide, una vez elegido éste emperador, aunque se le había otorgado el grado de brigadier y el mando de las tropas veracruzanas. Un desafortunado encuentro en Xalapa ahondó las diferencias entre ambos caudillos. Aprovechando las múltiples dificultades del Imperio Antonio López de Santa Anna se levantó en armas contra Iturbide.  El 6 de diciembre de 1822 proclamó el Plan de Veracruz y se pronunció por un régimen republicano federal. El triunfo de la rebelión le permitió obtener el cargo de comandante de Yucatán y, meses después, la vicegubernatura de su estado natal.

En los inicios de la república federalista, las pugnas y los enfrentamientos por proyectos de Estado-nación divergentes dominaron el escenario político nacional. Las diferencias entre logias llamadas “yorkinas” y “escocesas”, federalistas y centralistas, liberales y conservadores, caracterizaron poco más de la mitad del siglo XIX mexicano y Santa Anna se transformó en el “hombre imprescindible” de la nación. Los levantamientos escoceses de 1827 le dieron la posibilidad de obtener el gobierno de Veracruz. Por otra parte, las controversias y crisis que rodearon la presidencia de Vicente Guerrero lo colocaron en el centro del escenario político nacional y lo hicieron la figura principal en gran parte de las guerras civiles en que se debatiría el país naciente a lo largo de medio siglo, y en las que libraría contra potencias extranjeras. Ese fue el caso de la expedición española de reconquista encabezada por Isidro Barradas, a quien Santa Anna derrotó en Tampico, lo que le ganó el sobrenombre de Héroe de Tampico.

En 1833 alcanzó la presidencia e inició la práctica de retirarse temporalmente a sus haciendas veracruzanas: El Encero, situada en las afueras de Xalapa, y Manga de Clavo, cercana al puerto de Veracruz. Desde ellas dirigía los destinos del país e impulsaba el paso de la república federal a la república centralista. Valentín Gómez Farías, líder del partido liberal,  ocupó la presidencia de forma interina en diversos períodos entre 1833 y 1835 y desde su cargo llevó a cabo la primera reforma liberal.

Empero, el descontento de los conservadores, del ejército y de la iglesia obligaron a Santa Anna a regresar en 1836 a la ciudad de México, a derogar la legislación liberal reformista y a promulgar las Siete Leyes o Constitución de régimen centralista, que establecían un cuarto poder: el Supremo Poder Conservador. Con ello quedaba sin efecto la Constitución federal de 1824 y comenzaba una etapa de conservadurismo que ocasionó varios levantamientos, entre los cuales  el más importante fue el ocurrido en el estado de Texas.

Los colonos norteamericanos establecidos en Texas desde fechas anteriores a la independencia de México, apoyados indirectamente por el gobierno de Estados Unidos, atacaron posiciones mexicanas hasta llegar a controlar la mayor parte del territorio texano. Cuando esas noticias llegaron a la ciudad de México, Santa Anna organizó un ejército que él mismo comandó, el cual marchó desde el centro del país para librar la guerra en Texas. Victorioso en el combate de El Álamo, después fue vencido en la batalla de San Jacinto. Santa Anna, capturado por el enemigo, fue obligado a reconocer la independencia de Texas, a retirar sus fuerzas del otro lado del Río Bravo, a entregar a los esclavos negros que había liberado y a comprometerse a no tomar las armas en el futuro contra el nuevo estado texano.

La cuestión texana marcó quizá el período más negativo de la  trayectoria de Antonio López de Santa Anna. Los acuerdos que firmó como prisionero de guerra para salvar su vida y poder retornar a la capital mexicana recibieron severas críticas. Fue destituido del cargo de presidente y,  por la oposición que crecía hacia su persona, se retiró a Manga de Clavo. Tuvo una nueva oportunidad de intervención en la política cuando tuvo lugar, en 1838, la llamada Guerra de los Pasteles entre México y  Francia. Al bloquear y ocupar tropas francesas el puerto de Veracruz,  Santa Anna tomó las armas, organizó tropas y combatió al enemigo. Hizo retroceder a los invasores hasta el muelle precisamente en el momento en que los navíos franceses abrían fuego de artillería contra los mexicanos y recibió una herida de resultas de la que perdió una pierna. El miembro mutilado recibió inusitados honores fúnebres, y la gente, conmovida ante su "sacrificio", lo aclamó como "héroe de la patria".  Su desempeño en la acción militar y la mutilación que sufriera le dieron nuevo prestigio, al punto de que ocupó nuevamente la presidencia en 1839, 1841 y 1844.

En ese período -mientras la anexión de Texas al territorio de Estados Unidos daba lugar a un álgido clima político- el caudillo se retiró de la presidencia pretextando el fallecimiento de su esposa, María Inés García Martínez de Uscanga. Pasados cuarenta días de luto de rigor, contrajo matrimonio con María Dolores Tosta Gómez, hija del rico minero zacatecano Bonifacio Tosta. Este comportamiento provocó escándalo y descrédito. Se le pidieron responsabilidades y Santa Anna, que prefirió el exilio, marchó a La Habana en 1845.

Regresó a México en agosto de 1846, en momentos en que la guerra con los Estados Unidos era un hecho.  Para dirigir la defensa nacional, el caudillo logró reunir y organizar un ejército, pero fue derrotado en todos los enfrentamientos. A un paso de la victoria en la batalla de la Angostura se retiró inexplicablemente ante las fuerzas extranjeras, y más tarde fracasó en la batalla de Cerro Gordo, en su natal estado de Veracruz. Ocupada la ciudad de México por los norteamericanos, Santa Anna renunció a la presidencia y se exilió de nuevo, esta vez en Turbaco, Colombia. 

Tras seis años de ausencia del caudillo, en 1853 el hambre, el descontento y las pugnas políticas sumieron al país en crisis. Los conservadores fueron imponiéndose en la mayoría de los estados de la nación y reclamaron el regreso de Santa Anna, al igual que lo hicieron los liberales.  Así Santa Anna, vuelto del exilio, fue reelecto nuevamente para la presidencia, y eligió gobernar con los conservadores.

El jefe de su gabinete, Lucas Alamán -líder del partido conservador-  y el Secretario de guerra, José María Tornel, reconocido militar santanista, murieron en menos de tres meses de gobierno. Entonces Santa Anna asumió una política extravagante: decretó impuestos sobre ventanas, canales, asientos de coches y perros; decretó colores y cortes en los uniformes de los empleados públicos; creó una policía secreta e incorporó al ejército a todo el que no pudiera pagar para no ser enrolado. Vendió a Estados Unidos el territorio de La Mesilla. Hizo volver a los jesuitas expulsados por el gobierno español en época colonial; reinstauró la Orden de Guadalupe y se hizo llamar Alteza Serenísima, a la vez que decretó una ley que lo nombraba dictador vitalicio. Al concentrar todo el poder en su persona provocó descontento en todos los órdenes de la sociedad.

Nuevamente desterrado, Santa Anna regresó a Turbaco. Volvió a México en dos ocasiones: durante la ocupación francesa y el Imperio de Maximiliano de Habsburgo y, por última vez, en 1874, después de la muerte de Benito Juárez, para pasar sus últimos años pobre, ciego y olvidado por todos. Falleció el 21 de junio de 1876, pero su muerte no puso fin a las polémicas que despertara ni a las opiniones encontradas en torno a su protagonismo de más de tres décadas en la política mexicana.

 

Bibliografía

González Pedrero, Enrique: País de un solo hombre: el México de Santa Anna, México, Fondo de Cultura Económica, 1993-2003, 2 Vols.

Díaz Díaz, Fernando: Caudillos y caciques. Antonio López de Santa Anna y Juan Álvarez, México, El Colegio de México, 1972, 354 pp.

Fowler, Will: Santa Anna, Xalapa, Veracruz, Universidad Veracruzana, 2010, 535 pp.

______________: Tornel and Santa Anna: the writer and the caudillo, Westport, CT., Greenwood Press, 2000, 308 pp.

Yáñez, Agustín:  Santa Anna, espectro de una sociedad, México, Editorial Océano, 1982, 264 pp.