Antonia Eiriz

Artes Visuales, Cuba

Antonia Eiriz (Antonia Teodora Eiriz Vázquez, 1929-1995). Pintora, grabadora y escultora cubana; la más fiel exponente de la nueva figuración en los años sesenta.

Nació en La Habana el 1 de abril, de padres pobres naturales de Lugo, Galicia. La ascendencia española se evidenció en su obra pictórica y gráfica, en las que reflejó la tragedia de su origen —junto a las amargas confesiones de una mujer que enfermó de poliomielitis a los dos años de edad—, a través de la representación de personajes con los brazos en alto que gritan de desesperación, con brochazos gestuales de colores oscuros y ácidos, sobre superficies previamente empastadas y ennegrecidas, arañadas y rasgadas.

Se le han señalado influencias de Goya, Dubuffet, De Kooning, Clemente Orozco y otros; sin embargo, la obra más semejante a la suya en tiempo y espacio fue la de Antonio Saura, al que conoció personalmente cuando este visitó Cuba en 1966; aunque ya entonces la morfología de la artista estaba consolidada y sus convicciones centradas en la expresión sincera del momento en que vivió.

Antonia, de escasa pero poderosa obra, mostró a través de pinturas, grabados y ensamblajes su situación personal y familiar y las circunstancias del entorno inmediato, si bien con mordacidad, también con una entrañable solidaridad hacia personajes maltratados por la vida o por sus semejantes, como se muestra en Mis compañeras (1963), La Anunciación (1963-64), Cristo saliendo de Juanelo (1966), o en sus grabados y dibujos de maternidades retorcidas por el pesar. En relación con su contexto sociopolítico se observa en su obra, de una parte, lo vernáculo matizado de ironía -La muerte en pelota (1966), En la cola (1963), Carnaval de Infanta (1963)-; de otro, la mordaz crítica de la demagogia, en piezas como Los de arriba y los de abajo (1963), Naturaleza muerta (1967), Una tribuna para la paz democrática (1968), que resultó —al incluir sillas dispuestas frente al cuadro— la primera instalación concebida en Cuba. Particularmente en sus ensamblajes —dedicados a homenajear a José Lezama Lima, Ángel Acosta León y otros—, brindó su compasión por el hombre acorralado o segregado, al igual que en el lienzo monumental Réquiem por Salomón (1963) consagrado al humorista Santiago (Chago) Armada.

Había cursado estudios en la Academia San Alejandro entre 1951 y 1957, pero consideró a Guido Llinás su profesor y mentor. Participó en importantes eventos, como la Segunda Bienal Interamericana de México, en 1960, y la VI Bienal de Sao Paulo, en 1961, donde obtuvo Mención de Honor.

Su labor profesoral se inició en 1962 en la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA), donde trabajó hasta 1964. Entre 1965 y 1969 lo hizo en la Escuela Nacional de Arte (ENA). Dio clases a creadores hoy tan importantes como Tomás Sánchez y Flavio Garciandía, quienes la han reconocido como maestra que los enseñó a ver, y no solo a pintar.

Como grabadora destacada, obtuvo en 1963 el primer premio en el concurso latinoamericano de estampas convocado por Casa de las Américas. Al año siguiente realizó su primera exposición personal significativa, en la Galería Habana. La exhibición de sus piezas, junto a otras de Raúl Martínez, en la Casa del Lago de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1966, recibió una crítica de Marta Traba que cuestionaba su morfología y contenido como expresiones de posturas equívocas de ambos artistas ante la Revolución cubana. Este desafortunado desliz crítico no impidió la participación de Eiriz y Martínez en el XXIII Salón de Mayo de París del año siguiente. A pesar de lo satisfactorio de la producción de Antonia Eiriz durante esa década, la interpretación que entonces se hizo de su tratamiento de la realidad -como desafío político- fue una de las razones por la cual abandonó la pintura alrededor de 1968.

Hacia 1970 se dedicó a enseñar la técnica del papier machée a niños y adultos del barrio en que vivió, convencida de la importancia de involucrarse socialmente, y de que todo el mundo puede crear. Antonia abrió así un capítulo de acercamiento vital al arte popular que duró más de veinte años.

Durante los años ochenta comenzó a gozar merecido reconocimiento, y recibió numerosas e importantes distinciones oficiales. Presentó en 1985 una exposición personal en el Espacio Cultural Latinoamericano de París, Francia, y en 1991 las obras que había creado durante los sesenta fueron expuestas en la muestra Reencuentro, en la Galería Galiano, de La Habana. En 1994 obtuvo una beca Guggenheim en Nueva York, Estados Unidos, ciudad donde residió y volvió a la pintura desde 1993 hasta su muerte, el 9 de marzo de 1995.

Después de su fallecimiento, el Museo de Arte de Fort Lauderdale, Florida, organizó, en septiembre-noviembre de 1995, la exposición Antonia Eiriz: Tribute to a Legend, y al año siguiente se incluyó su obra Entre líneas (1993) –muy próxima a El grito de Edward Munch y a un paisaje de Van Gogh, dentro del círculo dedicado a la angustia–, en la exposición Rings, five passions in the world art, organizada por el Museo de Bellas Artes de Atlanta con motivo de los Juegos Olímpicos de 1996.

 

Obras pictórica            

Mis compañeras, 1962, tinta/cartulina; 123 x 150  cm.  

La anunciación, óleo/tela; 1963-64, 190,5 x 134,5 cm.

Cristo saliendo de Juanelo, 1966, óleo y lonetas quemadas/tela; 192,5 x 244,5 cm.

La muerte en pelota, 1966, óleo/tela; 206 x 342 cm.  

Réquiem por Salomón, 1963, óleo y collage/tela; 179,5 x 164,5 cm.  

Una tribuna para la paz democrática, 1968, óleo y collage/tela; 220 x 250,5 cm.

Maternidad, tinta.    

Homenaje a Lezama Lima, 1964, ensamblaje (madera, textil, metal), 126 x 84 x 28cm.

Entre líneas, óleo/tela; 1993, 166,4 x 190,5 cm.

Vereda tropical, 1995, óleo/tela; 152,5 x 167,9 cm.   

Bibliografía

 Antonia Eiriz, primer homenaje póstumo, catálogo, Galería La Acacia, La Habana, 1995.  

Antonia Eiriz: Tribute to a Legend, catálogo, Museo de Arte de Fort Lauderdale, Florida, 1995.  

Anillos: cinco pasiones del arte mundial, catálogo, Museo de Arte de Atlanta, 1996.

Fernández, Antonio Eligio (Tonel): "Antonia Eiriz en la pintura cubana", en Revolución y Cultura, La Habana,  

Piñera, Toni: "Redescubriendo a Antonia Eiriz", en Granma, 27 (39): 4, La Habana, febrero 14 de1991.

Blanc, Giulio V.: "Antonia Eiriz. Una apreciación", en Art Nexos, no. 59, Colombia, julio- septiembre, 1994.