Alzamiento del 24 de febrero de 1895

Historia, Cuba

Alzamiento del 24 de febrero de 1895.  Fecha de suma relevancia en la historia de Cuba, pues marcó el inicio de la Guerra de Independencia organizada por José Martí.

Terminada la Guerra de los Diez Años (1868-1878), los principales luchadores independentistas cubanos emigraron a varios países del continente americano. Desde Jamaica, República Dominicana, Honduras, Colombia, México, Estados Unidos y otras naciones, los patriotas continuaron conspirando por la independencia nacional. La llegada de una nueva generación de independentistas que no habían participado en la anterior contienda, al sumarse a los veteranos del primer conflicto, contribuyó a hacer más compleja la organización de la lucha emancipadora entre los exiliados.

En medio de esa difícil situación, José Martí desempeñó un destacado papel para la unidad revolucionaria. Él supo y logró, como otros no lo consiguieron, aunar voluntades, esfuerzos y recursos para la gestación de una nueva etapa independentista. Con la fundación del Partido Revolucionario Cubano, el 10 de abril de 1892, Martí creó condiciones para el estallido de la rebeldía emancipadora en Cuba.

A finales de 1894 todo estaba listo para reiniciar la contienda, pero la abstención de los patriotas camagüeyanos a incorporarse a la guerra inminente, hizo retrasar unas semanas el levantamiento. El 12 de enero de 1895, en el puerto de La Fernandina (La Florida, Estados Unidos), las autoridades detuvieron y confiscaron una expedición militar organizada por Martí, compuesta por tres buques que debían desembarcar en Cuba de manera simultánea, conduciendo a los principales jefes revolucionarios. El fatal acontecimiento fue consecuencia del espionaje español y la delación de un alto oficial cubano del Ejército Libertador.

Ante las circunstancias, José Martí -en nombre del Partido Revolucionario Cubano-, José Mayía Rodríguez, por el Ejército Libertador, y Enrique Collazo, en representación de los revolucionarios de la Isla, tomaron el 29 de enero de 1895 la decisión de ordenar el alzamiento para dar inicio a la guerra. La orden, escrita en la ciudad de Nueva York, establecía, de manera concreta, que se coordinaran a la mayor brevedad una serie de alzamientos simultáneos por todo el territorio insular, a partir de los focos conspirativos ya existentes, en los cuales se habían nucleado previamente los insurgentes en la Isla.

La orden indicaba, además, que el alzamiento nacional debía comenzar en la segunda quincena del mes de febrero de 1895, pues, con pretexto en las festividades carnavalescas, se podrían lograr desplazamientos de hombres de una a otra población sin levantar sospechas.

La orden fue recibida en Cuba por Juan Gualberto Gómez, mientras los tres firmantes viajaban de Nueva York a República Dominicana, al encuentro de Máximo Gómez. Juan Gualberto Gómez dio a conocer que se aceptaba decisión con una frase en clave, que escribió en un telegrama dirigido a Martí: "Giros aceptados".  El día escogido para el alzamiento fue el domingo 24 de febrero.

No obstante las coordinaciones y los esfuerzos de los principales dirigentes revolucionarios para reiniciar la lucha contra el colonialismo español, los distintos alzamientos tuvieron matices y resultados desiguales, debido, entre otros factores, a los diferentes contextos históricos y conspirativos de cada región de la Isla, que explican el comportamiento desigual de cada pronunciamiento.

En la región más occidental de la Isla, la provincia de Pinar del Río -que había tenido poca participación en la Guerra de los Díez Años- no efectuó los levantamientos mambises necesarios, más allá de la disposición y el ánimo de varios patriotas de la región. Tampoco La Habana y su capital respondieron a la orden como se esperaba. El jefe máximo de la insurrección en la región, el mayor general Julio Sanguily, fue hecho prisionero en la mañana del 24 de febrero a la puerta de su propia casa.  Se le condujo al Castillo de San Carlos de La Cabaña y, tras un controvertido proceso judicial, fue deportado a Estados Unidos, por su calidad de ciudadano de ese país.

En la provincia de Matanzas, Juan Gualberto Gómez se alzó con dieciséis hombres, junto a Antonio López Coloma, en el pequeño pueblo de Ibarra. En Jagüey Grande, otro punto de la geografía matancera, el doctor en medicina Martín Marrero también respondió al llamado de insurrección, con una pequeña partida de hombres. Pero, lamentablemente, ambas partidas no tuvieron el apoyo y la coordinación precisa del general matancero Pedro Betancourt -el jefe con mayor graduación militar y experiencia combativa en la provincia-, quien había sido detenido en su casa el mismo día 24.

En esa crítica situación, los pequeños grupos revolucionarios fueron perseguidos con tenacidad por el ejército español.  El día 28 de febrero  fue capturado López de Coloma, quien fue fusilado a mediados de 1896 en la fortaleza de La Cabaña. Juan Gualberto Gómez y Martín Marrero, al verse prácticamente solos y sin apoyos, se acogieron al indulto decretado por la administración española, aunque Marrero se reincorporó más adelante a la contienda. Juan Gualberto Gómez fue deportado al presidio africano de Ceuta. Así, el alzamiento matancero también fracasó.

En la provincia de Las Villas hubo igualmente graves contratiempos, pues el general Francisco Carrillo, jefe designado por José Martí para encabezar la lucha, fue detenido el día 24 en la mañana en su propia residencia; por lo que, a pesar de que ocurrieron en la región algunos alzamientos menores -como los de Aguada de Pasajeros y Siguanea-, estos no tuvieron la fuerza necesaria para resistir más que horas o días.  

La provincia de Camagüey, que desde finales de 1894 había expresado su negativa a secundar la insurrección, no se alzó. Por el contrario, la región oriental fue la que más y mejor respondió a la nueva gesta independentista, por obra de factores históricos, geográficos y políticos. Allí ocurrieron más de veinte alzamientos simultáneos, en las ciudades e inmediaciones de Santiago de Cuba, Guantánamo, Jiguaní, Baire, Manzanillo, Bayamo, Holguín, Bayate, Calicito, La Confianza y otros. Los levantamientos de Jiguaní y Baire fueron muy difundidos, porque los patriotas Saturnino Lora y Florencio Salcedo dieron vivas a la independencia y la revolución, mientras disparaban al aire a pleno día, en presencia de la guardia civil española.

Varios jefes, como el mayor general Guillermo Moncada, Pedro Pérez y Rafael Portuondo, marcharon a la manigua con sus partidas de hombres desde el 19 de febrero, para esperar la fecha convenida ya sublevados. Otros patriotas levantados en armas a la hora acordada fueron Emilio Giró, Enrique Tudela, José Miró Argenter, Amador Guerra, Esteban Tamayo, Francisco Estrada, Florencio Salcedo, Saturnino Lora, Jesús Rabí y Enrique Céspedes.

El general Bartolomé Masó fue designado como jefe civil y militar de la insurrección en toda la región oriental, hasta la llegada de los principales dirigentes: Máximo Gómez, Antonio Maceo y José Martí.  

La prensa colonial –tanto en España como en la Isla- presentó la circunstancia de que el alzamiento insurreccional quedara reducido a la provincia de Oriente, como un aliento tranquilizador, argumentando que los cubanos no habían podido iniciar una guerra de carácter nacional, y, por tanto, les resultaría bien difícil convertirla en tal. Pero el cálculo de la Metrópoli quedó deshecho, porque la guerra liberadora, a pesar de haberse inaugurado con esa dificultad, fue creciendo hasta convertirse en hazaña de magnitud más que nacional.  Así lo demuestra su propia historia.

 

Bibliografía

Centro de Estudios de Historia Militar: Mayor General Máximo Gómez Báez. Sus campañas militares, Editora Política, La Habana, 1986.

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