Alfredo Miguel Aguayo Sánchez

Educación, Cuba, Puerto Rico

Alfredo Miguel Aguayo Sánchez (1866-1948). Pedagogo y erudito de vasta cultura, que ejerció gran influencia en la pedagogía cubana de la primera mitad del siglo XX, cuya obra se divulgó también en América Latina. Fue el fundador de la pedagogía científica cubana y su representante más notorio, dado su incansable interés por la investigación pedagógica.

Nació en Ponce, Puerto Rico, el 28 de marzo de 1866. Fue descendiente de dos notables familias puertorriqueñas, y su abuelo paterno llegó a ser educador eminente de su país natal. Desde los 13 años había venido a vivir a Cuba con su familia. En 1885, fue matrícula de honor en la Universidad de La Habana, donde obtuvo los títulos de Doctor en Leyes, y en Pedagogía, en las facultades de Derecho y Pedagogía. Realizó las más disímiles labores como aprendiz de tipógrafo, empleado de correos y traductor de cables, las que alternaba con el estudio, lo que le permitió ir construyendo la amplia cultura que llegaría a poseer.

Con 18 años, se inició como profesor en el Colegio "La Divina Caridad" y en la escuela del Círculo de Trabajadores de La Habana, de la cual llegó a ser director. Durante los años finales de la Colonia, fue amenazado y perseguido por las autoridades coloniales, lo que le obligó a emigrar a los Estados Unidos en el año 1895. Volvió a Puerto Rico y ocupó los cargos de juez de instrucción y magistrado, e incursionó en estudios filosóficos y literarios, pero muy pronto se dedicó plenamente a la enseñanza.

Libre Cuba del colonialismo español, retornó a su patria adoptiva, que sería ya, para siempre, su patria, y continuó ejerciendo el magisterio en los años de la república mediatizada. Durante la tiranía de Gerardo Machado, fue acusado de conspirar e intentaron obligarle a firmar un acta, en la que se le acusaba a él y a sus hijos, lo que le llevó a enfrentar de forma airada y valiente a los sicarios.

Hablaba y escribía, con pleno dominio, en francés, italiano, inglés, alemán y latín, lo que le permitía nutrirse de las corrientes del pensamiento pedagógico de su época, y se le consideraba un erudito, dada su vasta cultura.

Trabajó en el Instituto "San Manuel y San Francisco", posteriormente denominado "Instituto Hoyo y Junco". Aquí conoció métodos y procedimientos que revolucionaban las concepciones de enseñanza imperantes y se declaraban en contra del escolasticismo y el aprendizaje memorístico, y llevó a cabo sus primeros ensayos y experiencias pedagógicas, que le hicieron sentir profunda aversión por la pedagogía tradicional.

Fue profesor de las Escuelas Normales para Maestros y puso en práctica métodos didácticos que le permitieron enriquecer su formación. En los años 1901 y 1902, fue Superintendente Provincial de Escuelas y en 1903, creó la primera Escuela Normal para Maestros por correspondencia, en la que se prepararon más de mil maestros. Un año después, en 1904, participó en la elaboración del Manual o Guía para exámenes de maestros cubanos.

Contaba con veinte años de experiencia cuando en 1904 publica su Tratado de Pedagogía y el 23 de abril de 1906, alcanzó el Doctorado en Pedagogía, con la defensa de la tesis titulada "La doctrina de la percepción en las principales interpretaciones y su aplicación a la doctrina del método".

En 1906, obtuvo una cátedra de Profesor Auxiliar en la Escuela de Pedagogía, y en ella dictó semanalmente conferencias de extensión universitaria, en las que aborda aspectos relacionados con la organización de la enseñanza en las naciones más desarrolladas, la crítica a la educación contemporánea, la pedagogía en la educación superior y otros temas de interés pedagógico.

Después de una tesonera labor, recibió la autorización que le permitió en 1909, gracias a su esfuerzo y dedicación, inaugurar el Museo Pedagógico anexo a la Escuela de Pedagogía de la Universidad de La Habana y, en 1910, el Laboratorio de Paidología, que ocupó un local en el mismo museo, para el cual logró reunir algunos equipos que se usaban en esa época en las investigaciones psicológicas y antropológicas.

En 1912, obtuvo la condición de profesor titular de las cátedras de Psicología, Historia de la Pedagogía e Higiene escolar de la Universidad de La Habana y fue profesor de dichas materias de forma ininterrumpida, hasta 1943. Con edad avanzada y serias limitaciones físicas, fue designado de forma unánime por el Consejo Universitario como Profesor Eméritus, ocasión en que se entregó por primera vez esta categoría en este centro.

Las primeras influencias pedagógicas recibidas por Aguayo, provenían de la pedagogía alemana, pero en 1932, apareció publicada su Didáctica de la Escuela Nueva, en la que se asumen los postulados de dicha corriente de renovación educativa. Con ella, se inicia una nueva tendencia pedagógica en su obra, basada en la pedagogía norteamericana, a partir de los trabajos de Dewey, Kilpatrik y otros. Está dividida en dos partes: la primera aborda la didáctica general y la segunda se refiere a los métodos de aprendizaje en las diferentes materias de enseñanza.

En 1932, se publicó su más importante obra de filosofía de la educación, Filosofía y nuevas orientaciones de la educación, que aborda la nueva disciplina filosófico-pedagógica, argumenta acerca de la importancia de la filosofía para la educación y da a conocer las tendencias que existen en diferentes países.

Asumió una posición de enfrentamiento a las concepciones escolásticas y al autoritarismo, responsables del atraso educativo, tanto en los aspectos teóricos como en la práctica escolar, así como adoptó en todo momento una posición en defensa de la tradición pedagógica cubana, nacida desde las raíces de nuestra nacionalidad.

Fue maestro y director de escuelas, profesor universitario y Director de la Escuela de Pedagogía de la Universidad. Su obra pedagógica fue muy extensa, y se cuenta con más de 400 títulos, frutos de su labor docente e investigativa. Se destacó notablemente como autor de libros de textos para la escuela primaria. Ocupó la presidencia de la Asociación Pedagógica de La Habana y miembro de la Sociedad Geográfica de Cuba. Fue colaborador de diferentes revistas. Dirigió la Revista de Educación, editada por la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, y fue colaborador de Universidad de La Habana, El Mundo, Revista Bimestre Cubana, Revista Pedagógica Cubana, etc. Se destacó como conferencista y utilizó el pseudónimo de Gyp. En 1938, una de las llamadas escuelas municipales, creadas para otorgar becas a niñas pobres, adopta su nombre. Sus más de sesenta años a la labor docente, lo acreditan como uno de los pedagogos más conocidos de América Latina, cuya obra aún es fuente de consulta para maestros y profesores.

En su producción científica se han establecido tres etapas: la primera de 1884 a 1910, en la que se inicia en el magisterio influido por las ideas del pensamiento pedagógico cubano de siglo XIX y el Positivismo de corte spenceriano; la segunda, de 1910 a 1936, en la que llega a su momento de mayor fecundidad, inclinado hacia el pragmatismo y el movimiento de la Nueva Educación, y una última etapa, de1936 a 1948, en que su obra declina al igual que su vida.

En 1940, recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Puerto Rico, y en 1942, la Medalla al Mérito Docente "Ignacio Altamirano", otorgada por el gobierno de México. Se le considera un intelectual polémico y han existido controvertidas valoraciones acerca de su personalidad profesional y humana, pero resulta incuestionable su gran aporte a las ciencias de la educación cubana. Ha sido considerado el genial formador de la moderna pedagogía cubana y el educador más sabio y brillante de este siglo.

Murió en La Habana, a los 82 años, el 30 de abril de 1948. 

 

Bibliografía activa

Pedagogía. La Habana. Librería e Imprenta La Moderna Poesía, 1904, 5 t.

Enseñanza de la lengua en la escuela elemental. La Habana, Imp. Comas y López, 1910.

La escuela primaria como debe ser. La Habana, Imp. La Propagandística, 1916

Tratado de psicología pedagógica. Prólogo de Enrique José Varona. La Habana, La Moderna Poesía, 1923.

Didáctica de la escuela nueva. La Habana, Cultural, 1932.

Filosofía y nuevas orientaciones de la educación. La Habana, Cultural, 1932.

Problemas generales de la nueva educación. La Habana, Cultural, 1936.

Tres grandes educadores cubanos: Varona, Echemendía y María Luisa Dolz. La Habana, 1937.

Guía didáctica de la escuela nueva. La Habana, Cultural, 1938.

Ensayos sobre la educación de la postguerra. La Habana, Cultural, 1944.

La escuela novísima o Escuela del porvenir. La Habana, 1946.

Bibliografía pasiva

Acosta Jiménez, Yolanda y Consuelo Benítez Riech: Aproximaciones a la contribución de Alfredo Miguel Aguayo al desarrollo de la inteligencia de los estudiantes en Cuba, ISPEJV, Ciudad Habana, 1991-1992. Tes. 3176

Aguayo, Jorge: Bibliografía de Alfredo Miguel Aguayo. Compilada por (…), La Habana, Cultural, 1930.

Bernal del Riesgo, Alfonso: Ideas pedagógicas de Alfredo Miguel Aguayo. Instituto de Superación Educacional, La Habana, 1967.

Chacón y Calvo, José María: “Una figura continental: el doctor Alfredo M. Aguayo”, en Diario de la Marina, La Habana, 116 (105): 4, mayo 4, 1948.

Chávez Rodríguez, Justo A: Bosquejo histórico de las ideas educativas en Cuba. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1996.

Mañach, Jorge: “Aguayo, el juvenil anciano”, en Diario de la Marina. La Habana, 116 (106): 4, mayo 5, 1948.

Martínez, Luciano: "Los grandes educadores cubanos: Alfredo M. Aguayo y Sánchez", en Revista Cubana de Educación, La Habana, 1 (4): 10-11, marzo, 1942.

Maza, Piedad: La ciencia y la filosofía en la obra educativa del Dr. Aguayo. La Habana, Universidad de La Habana, Escuela de Pedagogía, 1942.

Ministerio de Educación: “Alfredo M. Aguayo”, en Maestros, (503-514), Ciudad Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1971.

Ramírez, Andrea: Historia y organización de la Escuela Municipal Alfredo Miguel Aguayo, Universidad de La Habana, 1950 TG – 3606.