Alejandro Tapia y Rivera

Educación, Literatura, Puerto Rico

Alejandro Tapia y Rivera (1826-1882). Escritor, poeta, dramaturgo y educador puertorriqueño. Contribuyó en gran medida a la formación de la cultura de su país y se le considera el padre de la literatura boricua.

Nació el 12 de noviembre de 1826 en San Juan, capital de Puerto Rico. Hijo de don Alejandro de Tapia, capitán del ejército español, y doña Catalina de Rivera, a los 4 años de edad ingresó en una escuela para niñas de la maestra Juana Torres, pues sus padres no poseían recursos suficientes para procurarle un tutor y la ciudad tenía un reducido número de escuelas para varones. Después de que su padre se marchara de la isla por cuestiones de salud en el año 1831, se mudó junto a su madre y su hermana a la casa número 27 de la calle de la Cruz. Tomó los estudios primarios en la escuela don Juan Basilio Núñez donde entabló una amistad fraternal con José Julián Acosta. Luego de formar parte del Museo de la Juventud junto a otros compañeros, ingresó en el Seminario Conciliar de San Ildefonso en 1840, y al terminar sus estudios y comprender la imposibilidad de continuar una carrera universitaria debido a la carencia de los recursos monetarios necesarios, comenzó un curso de contabilidad con don Ramón Castans. Aun con estos inconvenientes, el interés que Tapia poseía por los estudios no se desvaneció y continuó su autoeducación a través de la lectura. Así surgieron tempranamente sus inquietudes literarias, las cuales se concretaron con la publicación de su primera novela, El heliotropo, y con la obra teatral, Roberto D’Evreux, cuando sólo tenía veinte años.

Junto a algunos jóvenes de la alta sociedad de San Juan fundó, en el año 1846, la sociedad llamada La Filarmónica, la cual logró reunir a numerosos músicos con el propósito de dar bailes, tertulias y conciertos. Esta sociedad consiguió impulsar el progreso cultural de la isla.

Tres años después, un 11 de septiembre, tras un altercado con un oficial del ejército español, sufrió una herida en un brazo como consecuencia del duelo con pistolas, arma que nunca había manejado. Este acto le costó el destierro a España y tuvo que abandonar la isla el 17 de noviembre. En la metrópolis amplió sus conocimientos en el área de las lenguas y de las ciencias y, además, formó parte de la Sociedad Recolectora de Documentos Históricos de San Juan Bautista de Puerto Rico. Esta sociedad fue fundada por Román Baldorioty de Castro y, en ella participaba un grupo de estudiantes puertorriqueños, entre los que se encontraban Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta y Calixto Romero. Gracias al trabajo de recolección y de selección de valiosos documentos históricos realizado por este grupo de jóvenes, Tapia publicó en 1854 su obra Biblioteca histórica de Puerto Rico, con documentos originales de los siglos XV al XVIII.

En 1857 decidió regresar al Caribe y se estableció en Cuba hasta 1862. Durante este período, publicó en La Habana una monumental obra que tituló El bardo de Guamaní. Se trata de una colección de trabajos escritos en prosa y en verso, entre los que sobresalen sus leyendas “La palma del cacique” y “La antigua sirena”, y los dramas “Roberto D’Evreux” y “Bernardo de Palissy”, junto a algunos fragmentos de su poema “La sataniada”.

Desde 1852 don Fernando Norzagaray había sido nombrado gobernador de Puerto Rico y gracias al permiso concedido por éste, Tapia pudo volver a su patria en 1862. Se estableció en el municipio de Ponce y comenzó a desempeñarse como profesor y conferenciante en el Museo de la Juventud que dirigía Ramón Marín. El motivo esencial de su regreso fue el estado de ruina y miseria en que se encontraban su madre y su hermana a causa de una quiebra mercantil que hizo desaparecer el pequeño capital que poseían. En el año 1863 murió su madre y su hermana se casó.

Fundó y dirigió en Ponce el seminario literario La Azucena (1870-1871), en cuyas páginas demostró la calidad de su escritura. En el año 1876 publicó su novela Cofresí. Erigió junto a Manuel Elzaburu, Francisco de Paula Acuña y José Julián Acosta, el Ateneo Puertorriqueño, institución destinada a defender los valores nacionales.

Falleció el 19 de julio de 1882, como consecuencia de un derrame cerebral que sufrió mientras dictaba una conferencia en el salón principal del Ateneo Puertorriqueño. Después de su muerte, se publicó su último libro, Mis memorias o Puerto Rico como lo encontré y como lo dejo (1928), en el que presenta aspectos característicos y costumbristas de la vida puertorriqueña del siglo XIX.

Dejó un buen número de composiciones líricas, principalmente romances históricos y seguidillas, aunque no fue tan afortunado en este género como en otros. Destacan “El último borincano”, romance histórico sobre el duque de Rivas y nuestros heroicos aborígenes en sus luchas contra la sangrienta conquista española; “La hoja de yagrumo”, “A Goyita” y “La ninfa de Guamaní”, seguidillas que reflejan las costumbres criollas de la época. El extenso poema épico “La sataniada” constituye el mejor de sus poemas.

Tras la inspiración que provocó el teatro romántico español en Tapias, dio fruto a una obra dramática con mayores logros que en el caso de la poesía. Roberto D’ Eureux fue el primero de sus dramas, escrito en 1848, basado en los amores de la reina Isabel I de Inglaterra con el conde de Essex. La representación de esta pieza fue prohibida porque en América no se debían presentar obras que humanizasen a los reyes. Modificada esta obra, pudo escenificarse en 1856.

Las novelas, cuentos y leyendas de este autor, expresivas dentro de las tendencias románticas de actitudes alegóricas, filosóficas y satíricas, surgieron de sus lecturas, sus impresiones y recuerdos de viajero. Una de sus obras maestras fue Póstumo el transmigrado y en su segunda parte Póstumo el envirginiado, son singulares por su forma y mensaje en la época en que surgen. Las obras tienen un sentido humorístico mañoso, ambiguo y a través de una trama de acción muy ágil. Tapia revisó y criticó a la sociedad de su tiempo, exhibiendo preocupaciones de orden filosófico y predicando ideas feministas.

En La parte del león resalta la visión feminista de Alejandro Tapia, donde busca igualar la mujer en su ambiente y sus relaciones. Para esto usó personajes femeninos atrevidos, ingeniosos y capaces de todo con tal de lograr su objetivo. El autor utilizó su escritura para llegar a la mayor cantidad de mujeres posibles con el propósito de trasmitir esta idea de igualdad entre los géneros y ayudarlas a combatir los parámetros impuestos por una sociedad patriarcal.

Entre sus muchas condecoraciones y honores, el gobierno de España le concedió la medalla de Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III.

Sin dudas Alejandro Tapia y Rivera es una de las figuras más importantes del período romántico en la literatura puertorriqueña.

Obras 

El heliotropo (1848)

“La palma del cacique” (1852)

"Guarionex" (libreto de ópera, estrenada en 1854)

José Campeche: biografía por Alejandro Tapia y Rivera (1854)

Roberto D'Evreux (1856)

“Bernardo de Palyssy” o “El heroísmo del trabajo” (1857)

“La antigua sirena” (1862)

La cuarterona (1867)

Camoens (1868)

Póstumo el transmigrado (1872)

Vasco Núñez de Balboa: biografía por Alejandro Tapia y Rivera (1872)

Ramón Power: biografía por Alejandro Tapia y Rivera (1873)

La leyenda de los veinte años (1874)

"La sataniada" (1874)

Cofresí (1876)

Misceláneas de Alejandro Tapia y Rivera (1880)

Póstumo el envirginado (1882)

Mis memorias (publicado póstumamente en 1927)

 

Bibliografía 

Emilio M. Colón (Ed.): Alejandro Tapia y Rivera, su vida y su obra. Editorial Coquí. Río Piedras, Puerto Rico, 1971.

Josefina Rivera de Álvarez:  Literatura Puertorriqueña, su proceso en el tiempo. Ediciones Partenón, Madrid, 1983.