Alejandro Obregón Roses

Artes Visuales, Colombia

Alejandro Obregón Roses (1920-1992). Uno de los más grandes pintores colombianos de América Latina en el siglo XX.

Alejandro Obregón nació en Barcelona, España, el 4 de junio de 1920. Era hijo del colombiano Pedro Obregón y de la catalana Carmen Roses. Los Obregón fueron una importante familia de empresarios de Santa Marta, radicados en Barranquilla desde fines del siglo XIX, propietarios de la importante fábrica Tejidos Obregón, y del Hotel El Prado, edificación emblemática de Barranquilla.

En 1936 como consecuencia de la Revolución Española, la familia Obregón Roses se estableció en Barranquilla. En esa ciudad Alejandro Obregón forjó una fuerte personalidad que le permitió experimentar las sensaciones que luego plasmaría en sus obras. Así lo expresó Obregón cuando comentaba su llegada desde España: “¡después en Barranquilla me enloquecí!, ¡Era la libertad!”.

Debido a que su padre era el heredero del patrimonio familiar, Alejandro Obregón fue educado para tomar las riendas de los negocios de la familia, por lo que fue enviado a Londres en el mismo año de su llegada a Colombia, para continuar sus estudios secundarios en un colegio jesuita. Durante su estadía en esa ciudad, la rigidez victoriana inglesa propia de la época abrumó al futuro pintor. En 1938 se trasladó a Boston, Estados Unidos, para estudiar aviación. En esa escuela tuvo un percance con un profesor, justo antes de graduarse, lo cual provocó su expulsión y retorno a Barranquilla.

En esa ciudad comenzó a trabajar en la empresa de textiles de su familia, revisando los telares. La monotonía de esa actividad, lo llevó a trasladarse a Catatumbo para manejar camiones. Posteriormente manifestó su amor por la pintura, y a los veinte años regresó a Barranquilla y nuevamente viajó a Boston para inscribirse en el Museum School of Fine Arts. Su presentación no fue tomada en cuenta, y fue rechazado por el propio director bajo el argumento de carecer de talento. A pesar de la negativa, Alejandro Obregón se inscribió en el sótano del Museum School con Miss Lebreck, donde compartía clases con niños entre los seis y diez años. Finalmente fue admitido por el propio director.

Durante su segunda estadía en Boston, Alejandro conoció la obra de Pablo Picasso cuya influencia fue decisiva en todos sus trabajos artísticos. Seis meses antes de terminar sus estudios decidió retirarse, ante la poca libertad que le dejaba el Museum para expresar su instinto a través del dibujo.

De Boston viajó a España en calidad de Vicecónsul de Colombia, donde alternaba el cargo de diplomático con la pintura. Sin tener aún un estilo pictórico definido, se encontró con los movimientos europeos del momento, tales como el cubismo, el surrealismo y el expresionismo, así como con la técnica de los pintores españoles Francisco de Goya y Diego Velázquez. En el Museo del Prado se reencontró con la obra de Picasso. A partir de ese momento, Alejandro Obregón comenzó a perfeccionar su técnica, pintando “sin ortografías de dibujo” y explorando su propio yo. Bajo esta nueva perspectiva, en 1944 expuso en Barcelona su obra Retrato de un pintor, la cual fue recibida con gran atención por parte de los críticos. En ese mismo año, participó en el V Salón de Artistas Nacionales en Colombia, con las pinturas Autorretrato y Niña con jarra.

Regresó a Colombia en 1945, con la presentación de su primera exposición individual en la Biblioteca Nacional. Las obras exhibidas se caracterizaron por el dominio de los tonos grises con una temática de autorretratos, paisajes y cabezas femeninas. Este período fue llamado por muchos de los críticos época oscura. En ese año se radicó en Bogotá.

En 1946 participó en el I Salón de Artistas Costeños, en el que ganó el primer puesto y en 1948 realizó una nueva exposición en la Sociedad Colombiana de Arquitectos, con los lienzos Mujer horizontal y Pez amarillo.

En 1947 tuvo su primer acercamiento con un cóndor. Afirmó tiempo después que el ave parecía un cura jesuita todo cubierto de un negro brillante y con una golilla blanca en el “pescuezo”. Este descubrimiento fue de vital importancia, pues dedicó gran parte de sus obras a esas aves.

En 1948 fue testigo del Bogotazo, suceso que plasmó a través de Manicomio rojo y Masacre, que se convirtieron en sus primeras obras de contenido político.

En 1950 Alejandro Obregón junto con Alipio Jaramillo, Julio Abril, Marco Ospina y Enrique Grau, estos últimos estudiantes de la Escuela de Bellas Artes, tomaron la institución buscando un cambio en sus métodos de enseñanza. Recolectaron la firma de 150 estudiantes y se presentaron ante al Ministro de Educación, Luis López de Mesa. Como resultado Alejandro Obregón fue nombrado de manera inmediata director de la Escuela de Bellas Artes, por lo que el mundo académico del arte en Colombia se renovó y comenzó a contemplar nuevas tendencias de talla mundial. La mayor parte de los docentes de la escuela fueron despedidos, reemplazándolos por jóvenes promesas de la pintura y la escultura que apenas sobrepasaban los veinte años.

Posteriormente Obregón decidió viajar de nuevo a Europa, y se instaló en Alba La Romaine, Francia. En el transcurso de su estadía tuvo conocimiento de la llegada de Picasso a París; sin pensarlo se dirigió a la Maison de la Pensée, lugar donde se encontraba el artista español montando una exposición. Picasso “se quedó mirando al aprendiz de artista que había logrado colarse en el salón, y le dijo: ‘¡Obregón…! Coño, ¡que buen nombre para un pintor!”.

En Francia comenzó a experimentar con la fragmentación de las imágenes y el dibujo de los cóndores, barracudas, mojarras y toros. Para Obregón, los animales eran mejores que los hombres; por eso no los consideraba símbolos, sino los exploraba “por su plasticidad y la belleza de sus formas”.

Durante su permanencia en Europa, Obregón participó en algunas exposiciones, entre ellas, Pintores Hispanoamericanos en Alemania, y otras en las galerías Troche y Creuze en Francia. Estuvo en el viejo continente hasta 1955, fecha en la cual entró a su período de madurez como pintor, pasando paulatinamente del naturalismo al expresionismo. En 1955 expuso sus obras en Washington dentro de las instalaciones de la OEA.

A partir de ese momento desencadenó una intensa actividad a nivel mundial. Sus obras comenzaron a ser adquiridas por importantes coleccionistas de arte y galerías de talla mundial, entre los que se encontraban Nelson A. Rockefeller y el Museo de Arte Moderno de New York.

Entre los principales premios obtenidos por este pintor se encuentran el Premio Guggenheim (1956), II Bienal de Córdoba (1964) y Premio Latinoamericano Francisco Matarazzo en la IX Bienal de São Paulo (1967). En 1962 obtuvo el Primer Premio del Salón Nacional con su más importante obra, La violencia. Según los críticos, su período de madurez se inició en 1955 y terminó en 1967. En esta época conformó el famoso Grupo de Barranquilla, de intelectuales y gestores culturales entre los que se encontraban Gabriel García Márquez, los novelistas y periodistas Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, José Félix Fuenmayor, el crítico literario Germán Vargas, la poetisa Meira Delmar y la novelista Marvel Moreno, a quien Alejandro Obregón dio cartas de presentación para que fuera aceptada como una joven escritora dentro de ese grupo de consolidados y reconocidos escritores.

Después de esa fecha, Obregón cambió su estilo a los colores llamativos y la representación de los Andes o el mar Caribe. Al mismo tiempo reemplazó el óleo por el acrílico, decisión que recibió muchas críticas porque no le daba la misma fuerza de expresión a sus obras. En la década de 1980, comenzó a interesarse en los temas de la ecología, y realizó campañas en contra de la violencia pintando palomas blancas en las principales ciudades colombianas.

Obregón murió en Cartagena de Indias el 11 de abril de 1992 a los 72 años. Sus restos fueron trasladados a Barranquilla y enterrados en el Cementerio Universal.

 

Bibliografía.

Navarro, Francese: Historia del Arte. Volumen 29,  Salvat Editores, Barcelona,  2000.

Perozzo, Carlos: “Alejandro Obregón”, Forjadores de Colombia Contemporánea, Tomo II,  Editorial Planeta, Bogotá,  1988, pp. 290-298.

Serrano Rueda, Eduardo: “Cien años de arte en Colombia”,  Nueva Historia de Colombia, Tomo VI, Editorial Planeta, Bogotá,  1989, pp. 137-180.