Alejandro Lugo

Teatro, Radio y TV, Cine, Cuba

Alejandro Lugo (Alejandro Cordo Lugo, 1915-1996). Actor de la radio, la televisión, el cine y el teatro cubanos. Profesor de actuación.

Nació el 25 de noviembre de 1915. Se formó en la Academia Libre de La Habana formada por prestigiosos personajes del teatro español como José Rubia Barcia. Tuvo como compañeros de estudio a Antonio (Ñico) Hernández, Martínez Aparicio, Modesto Anteno y Marisbel Sáenz, quienes más tarde estuvieron entre los fundadores la Academia de Arte Dramático.

Antes de ser actor a tiempo completo se desempeñó en varios empleos: visitador médico, marinero, profesor de natación y boxeador profesional; los cuales le sirvieron de inspiración en los múltiples papeles que desarrolló a lo largo de su carrera y consolidaron la versatilidad por la cual se distingue entre los actores cubanos. Se cuenta que una vez Kid Chocolate, que lo estimulaba mucho, fue a verlo boxear; pero el contrario se negaba a pelear por lo que Lugo, desesperado, bajó los brazos y le puso el rostro al alcance. Kid se enfadó, abandonó la sala y más tarde le dijo: “Eso no lo hagas jamás, ningún buen boxeador le ofrece su rostro al contrario”.

A principios de la década de 1940 comenzó a trabajar en CMQ. Su primer programa como protagónico fue con el personaje de Diego Grillo en las aventuras escritas por José Ángel Buesa para la misma cadena. Además trabajó en otras aventuras, comoTarzán donde interpretaba a Wally y a la mona Chita.

En 1948 participó en una de las novelas radiales más importantes que se han producido en Cuba: El derecho de nacer, escrita por el santiaguero Félix B. Caignet. La radionovela salió al aire en abril de 1948 y permaneció por más de un año y con su trasmisión la CMQ desplazó de los máximos niveles de audiencia al espacio Novela del aire, perteneciente a RHC Cadena Azul, que, hasta entonces, disfrutaba de gran popularidad. El derecho de nacer impuso un estilo narrativo -cuyo pilar es “hablar en metáfora” como medio para llegar a la sensibilidad de los oyentes- que se extendió rápidamente hacia el centro y sur de América donde las series de Caignet encontraron ávido mercado. Los personajes protagónicos fueron interpretados por un excelente elenco, en el que resaltan María Valero y Carlos Badías. Aunque Lugo encarnó solo un personaje de reparto en los 314 capítulos que tuvo la novela, este sirvió para que el público se familiarizara con su voz y para ganar popularidad, lo que le permitió obtener posteriormente importantes papeles en los principales programas de la cadena.

Refería que había sido un honor para él trabajar con Rita Montaner en el programa de radio Mejor que me calle. Años más tarde, exactamente el 31 de mayo de 1957, volvieron a coincidir en el escenario del teatro Arlequín en la comedia Fiebre de primavera, de Noel Coward. Esta fue la última función que diera “La Única”, pues meses después falleció.

El 18 de diciembre de 1950, a menos de un mes de iniciadas las trasmisiones de televisión en la Isla, cuando se realizó la primera trasmisión experimental del Canal 6, desde los estudios de CMQ Televisión, Lugo debutó como protagónico de un cuento policíaco inglés con libreto de Marcos Behmaras. Su presentación tuvo lugar en el espacio Tensión en el Canal 6, y fue el primer programa policíaco de CMQ-TV. A partir de ese momento, como galán del cuadro dramático del Circuito CMQ, actuó en novelas, teatros y varios programas policíacos.

En el espacio El humo del recuerdo, de CMQ-TV, apareció por primera vez como el legendario “médico chino” de la cultura popular cubana. Inmortalizó en la pantalla a este personaje que tenía la capacidad de salvar hasta al paciente más grave, aunque podía condenarlo si no conocía la enfermedad que lo aquejaba.

En el teatro, Lugo compartió escenario frecuentemente con la destacada actriz Violeta Casals. Entre las obras más recordadas se encuentran: 24 rosas rojas, presentada en la sala Arlequín y Desviadero 23, puesta del Patronato del Teatro y por la que recibió el Trofeo Thalía y el premio Antillana en el año 1956.

Especial mención merece La madre que resultó seleccionada como la obra más destacada de 1962 y la más vista a lo largo de la República. Estaba dedicada a la clase obrera cubana y tenía un alto contenido social pues se representaban escenas de una campaña de alfabetización similar a la que se había realizado en Cuba el año anterior (1961). La crítica resaltó que la obra poseía una moderna visión revolucionaria de la escena y un adecuado uso de todos los recursos escénicos. La música fue compuesta por Leo Brouwer y la obra se estrenó en el teatro Mella. Después de su éxito de taquilla realizaron una gira por todo el país, en la que ofrecieron treinta y cuatro funciones; algunas tuvieron lugar en salas de teatro y otras al aire libre, en centros de trabajo, fábricas tabacaleras, espacios abiertos en los que los actores se relacionaban directamente con los obreros. El objetivo del grupo de actores era alentar al pueblo a vincularse más al mundo cultural y al teatro, y a participar en los talleres que impartían.

La filmografía de Alejandro Lugo es extensa. Un total de veintiséis películas avalan la calidad de este actor. Antes de 1959 participó en siete filmes coproducidos entre Cuba y México, entre los que merece ser destacado Siete muertes a plazo fijo (1950), donde interpretaba al personaje del bandido “Siete caras” y compartía con actores como Ernesto de Gali, Raquel Revuelta, Eduardo Casado, Rosendo Rossel, Maritza Rosales, Juan José Martínez Casado, Adolfo Otero, Gaspar de Santelices y Manolo Coego. El film marca el comienzo de un nuevo género, el thriller a la cubana, una trama de misterio mezclada con comedia y escenas musicales, al ritmo de las composiciones de Osvaldo Farrés. Además, Lugo trabajó en Casta de Robles (1953), un drama rural escrito por Álvaro de Villa, con dirección musical de Félix Guerrero, y la dirección del español Alfredo Fraile quien plasmó magistralmente la belleza de los campos de Cuba. En esta cinta compartió el protagónico con Xonia Benguría, Ángel Espasande, el mexicano David Silva, Santiago Ríos, Ricardo Dantes y Antonia Valdés. En 1954, rodó La mujer que se vendió, de Agustín Delgado, basada en el guion de una radionovela escrita por Félix B. Caignet. En 1957 trabajó en El farol en la ventana, dirigida por Juan Orol, con Mary Esquivel.

Con la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) consolidó su participación en el medio, al trabajar en diecinueve películas, entre las que se encuentran Tulipa (1967), dirigida por Manuel Octavio Gómez, en la que actuaron también Dalia Anreus, Daisy Granados, y Omar Valdés; Río Negro (1977), de Manuel Pérez Paredes, seleccionada entre los filmes más significativos del año por la crítica cubana y que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Moscú (URSS, 1977); Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega, protagonizada por Daysi Granados y Adolfo Llauradó, y que recibió numerosos premios en certámenes nacionales e internacionales; Guardafronteras (1981); El señor presidente (1983); El corazón sobre la tierra (1984); Otra mujer (1986); En tres y dos (1986); y Visa USA (1986) dirigida por Lisandro Duque Naranjo, una coproducción Colombia-Cuba.

El triunfo de enero de 1959 tuvo para él un gran significado y se sintió comprometido con el futuro del nuevo proceso social que se gestaba en el país. En la década del sesenta creó y dirigió la Escuela de Formación de Actores del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), con profesores como Alden Knight y Alfredo Perojo, y donde se formaron actores de la talla de Susana Pérez, Natacha Díaz, Yolanda Ruiz, Idelfonso Tamayo, e Irela Bravo, entre otros.

En 1960 interpretó “el hijo de Enzio”, personaje protagónico en la novela de Félix Pita Rodríguez, Sombras del pasado, que resultó elegida como el mejor programa dramatizado de continuidad del año. En 1961, con el personaje de “Perico Piedrafina”, actuó en Medea en el espejo, que fue catalogado por la crítica como el mejor programa de la televisión durante julio de ese año.

Siempre estuvo en disposición de compartir sus conocimientos con las nuevas generaciones; por ejemplo, en 1969 impartió talleres de actuación dramática en Radio Cadena Agramonte.

Son memorables sus actuaciones de “Lucas Fundora” en Tierra o sangre (retransmitida en 1976); “Mister Danger” en Doña Bárbara; “El Chino”, agente de seguridad en Para empezar a vivir; y sus personajes en otras series como Julito el pescador y La frontera del deber. En 1982 recibió la Medalla Alejo Carpentier en reconocimiento a los relevantes méritos alcanzados y a su papel en el enriquecimiento de la cultura nacional.

Alejandro Lugo murió en 1996 en plenitud de facultades. Esto constituyó una gran pérdida para las artes escénicas cubanas. La despedida del duelo estuvo a cargo de uno de sus amigos más cercanos, el destacado actor Alden Knight quien afirmó: “Nunca podremos olvidar a Lugo, como simplemente le agradaba que le dijesen, el Lugo que corre todas las mañanas, como uno más, a lo largo del malecón habanero; al que internamente conocemos, el que se preocupa por el bienestar de sus compañeros, el de la amplia sonrisa, el del merecido laurel de la jovialidad, autenticidad, generosidad”.

 

Bibliografía

Bracero, Josefa: Otros rostros que se escuchan, Letras Cubanas, La Habana, 2007