Alberto Korda

Artes Visuales, Cuba

Alberto Korda (Alberto Díaz Gutiérrez, 1928-2001). Fotógrafo cubano, uno de los máximos exponentes de la llamada fotografía épica de la Revolución Cubana. Es autor de la más célebre foto de Ernesto Che Guevara, la cual ha devenido uno de los símbolos distintivos de la cultura política en la época contemporánea.

Nació en La Habana el 14 de septiembre de 1928. Provenía de un hogar de extracción humilde: trabajador ferroviario el padre y ama de casa la madre. Su enseñanza primaria transcurrió en un colegio protestante en calidad de pupilo. Solía pasar con el padre los fines de semana, en los que seguían generalmente el mismo itinerario: se iban en bicicletas a pescar, luego comían en una fonda china y terminaban viendo algún documental en el cine Rex. La pasión por el mar que aprendió de su padre lo llevaría a fundar varios años después el departamento de fotografía subacuática de la Academia de Ciencias de Cuba.

Realizó estudios comerciales en el Candler College de 1946 a 1947 y en la Havana Business Academy de 1947 a 1950, ambos en la capital cubana. Siempre mantuvo una actitud dinámica que lo llevó a asumir las más disímiles ocupaciones para ganarse la vida durante los primeros años de la década de los 50: investigador de mercado de una firma jabonera, ayudante de cajero en una fábrica de caramelos, vendedor ambulante de bisutería y baratijas, vendedor de máquinas de escribir o contadoras de la Remington Rand.

Desde muy joven había mostrado una atracción natural por la fotografía, especialmente le interesaban la moda y las modelos. Llevaba siempre consigo una cámara fotográfica que pudo comprar en una casa de empeños y comenzó a captar con el lente todo cuanto estimulaba su sensibilidad, por ejemplo, madres y niños que denotaban la trágica realidad social de los más pobres. Su formación fue en principio autodidacta, aunque tuvo la posibilidad de conocer al gran fotógrafo de niños Mario Naranjo, quien advirtió las aptitudes de Korda para el arte fotográfico y le permitió practicar en su estudio. Ambos fueron de los primeros en realizar foto-murales en Cuba.

Conoció además a Luis A. Peirce Vier, con quien entabló amistad y con quien decidió organizar su propio negocio fotográfico. De este modo, ambos fundaron en 1953 el estudio comercial y publicitario que denominaron Korda, designación que era el apellido de los cineastas húngaros Alexander y Zoltan Korda, y cuya semejanza fonética con la popular marca Kodac pretendía un certero efecto comercial. Inicialmente realizaban fotos publicitarias de diversos productos para revistas, con las que obtuvieron escasa notoriedad, a pesar de haber sido fundadores de esa modalidad en Cuba.

Dos años más tarde, el Estudio consiguió un considerable éxito gracias a los retratos de mujeres habaneras de suma belleza. Korda había entendido el potencial de la figura humana y el tratamiento de la luz natural en su trabajo. Contrajo nupcias con Norka (Natalia Menéndez), una de las modelos, mujer de extraordinaria pujanza expresiva que se convertiría en maniquí de las entonces muy famosas revistas de moda del país: VanidadesRomance, etc. El principal mérito de esta etapa creativa del artista fue haber sido el iniciador de la fotografía de modas en Cuba, con mujeres cubanas como modelos. Las imágenes eran publicadas fundamentalmente en un semanario que lo convirtió en aquellos años en el más célebre fotógrafo de esa especialidad en el país. Estudios Korda se mantuvo abierto hasta 1968.

A partir del triunfo de la Revolución y hasta 1969, se desempeñó como fotógrafo acompañante de Fidel Castro en sus innumerables viajes y recorridos por Cuba y otros países, así como en sus encuentros con numerosas personalidades internacionales como Ernest Hemingway, Jean-Paul Sartre y otros. La foto que inicia esta etapa, una de las más conocidas de Korda, es la de la entrada triunfante de Fidel Castro y Camilo Cienfuegos en La Habana. El artista también escribió para el periódico Revolución hasta 1962. De ambas labores saldrían algunos de sus más conocidos reportajes como "Fidel vuelve a la Sierra", "Siete días en Santiago con Fidel", "Fidel busca un tiburón", entre otros. En 1961 fue uno de los miembros fundadores de la Sección de Fotografía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

En 1968 pasó al Instituto de Oceanología de la Academia de Ciencias de Cuba, donde colaboró en el  Atlas de corales cubanos. Inició así la fotografía submarina en el país. Trabajó allí hasta 1980, año en que decidió trabajar nuevamente free lancecomo fotógrafo de publicidad y modas, aunque también fue director de fotografía de la revista Opina.

Entre sus imágenes de mayor connotación se podría mencionar El Quijote de la farola, tomada en la celebración del primer 26 de julio –fecha de la Rebeldía Nacional– tras el triunfo revolucionario, para la cual habían invitado a la capital a campesinos de todas las provincias. Uno de ellos se había subido a lo alto de una farola para presenciar el discurso fumando un cigarro, esto fue captado y traducido en un verdadero símbolo de la reivindicación del campesinado como uno de los puntales claves del nuevo momento histórico.

Otra foto digna de señalar es aquella en que se halla Fidel Castro en una montaña en el Alto de las Mercedes, vestido del emblemático verde olivo, con una mochila en la espalda y el fusil al hombro, mirando hacia la lejanía. Se trata de una foto posada que apareció en el periódico Hoy, luego de ser rechazada por el director de Revolución y por el propio artista, dada su supuesta falta de naturalidad. Poco después, la Unión de Jóvenes Comunistas la imprimió en un afiche con la expresión “Comandante en Jefe, ¡ordene!” y fue distribuida por toda la nación.

Sin dudas, la foto que inmortalizó definitivamente a Korda es aquella tomada el 5 de marzo de 1960 durante el acto del sepelio de las víctimas de la voladura del vapor La Coubre. Mientras Fidel Castro comentaba el dramático suceso ante el pueblo reunido en la calle 23, el Che permanecía en segundo plano, en una posición desde la cual no podía ser percibido por el fotógrafo. En un momento dado, el líder revolucionario se aproximó a la baranda de la tribuna durante medio minuto para observar atentamente el cortejo fúnebre. Fue el instante en que Korda, sorprendido por la expresividad de su mirada, aprovechó para tomarle varias fotos. Aunque entregó al periódico todas las imágenes del acto, la del Che no fue publicada y apenas se le dio importancia.

Pasados siete años, en 1967, Korda recibió en su estudio la visita de Giangiacomo Feltrinelli, recomendado por Haydée Santamaría. El conocido editor italiano buscaba una foto del Che que le gustara y precisamente aquella fue la elegida. No tuvo siquiera que pagar, pues el artista le obsequió dos copias. Cuando unos meses después murió en Bolivia el Guerrillero Heroico –a la postre título de la pieza– Feltrinelli ordenó imprimir la imagen en su casa editora de Milán para un póster, sin consignar el crédito de la autoría ni pagar los derechos correspondientes. De esta manera, la foto recorrió el mundo y alcanzó enorme celebridad.

En Cuba se hizo famosa en el acto solemne convocado para rendirle tributo a Ernesto Guevara, cuando fue reproducida al tamaño de la parte frontal del edificio donde radicaba el Ministerio de Industrias. Esto fue posible gracias a la elección de Celia Sánchez, quien había solicitado un conjunto de imágenes del Che para elegir la que serviría de valla al acto.

La instantánea no solo es el retrato físico de uno de los líderes revolucionarios más influyentes del siglo pasado, en ella se reflejan una serie de motivos asociados a los movimientos sociales del siglo XX: la intransigencia de determinados valores éticos, una actitud de permanente combate por la justicia social y la igualdad humana. Por la carga sociopolítica que transpira, se ha convertido en un icono de la lucha de los movimientos sociales, de numerosas manifestaciones obreras y estudiantiles del mundo, todo lo cual hace de esta estampa la más reproducida y una de las más famosas de la historia de la fotografía.

Con Alberto Korda y otros “fotógrafos de la Revolución” como Raúl Corrales y Osvaldo Salas, se abrió un nuevo periodo para la fotografía cubana, a la cual dotaron de un trasfondo histórico que fue más allá de la simple ilustración noticiosa.

Korda murió en París el 25 de mayo de 2001 cuando asistía a una de las innumerables exposiciones de su obra. Sus restos descansan en La Habana.

 

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